El privilegio de estar allí

A 60 años del histórico alegato de Fidel Castro durante el juicio a los moncadistas, dos mujeres santiagueras comparten con este diario anécdotas sobre aquel hecho, del cual fueron testigos excepcionales

Autor:

Eduardo Pinto Sánchez

SANTIAGO DE CUBA.— Hay acontecimientos que llenan los espacios físicos y temporales más allá de la historiografía, porque son resguardados por la memoria de los pueblos.

Tras seis décadas del alegato de autodefensa del líder revolucionario Fidel Castro en el juicio por los sucesos del Moncada, conocido como La Historia me absolverá, su impronta se aprecia en una obra colectiva que ya cuenta casi 55 años de triunfo.

¿Imaginarían los presentes en la pequeña aula de las enfermeras del Hospital Civil Saturnino Lora aquel 16 de octubre de 1953 que el discurso exaltado del joven abogado Fidel Castro Ruz se convertiría en puntal de un proyecto político y social que 60 años después sostiene aún a la Revolución Cubana?

La Doctora Pilar Seisdedos Rivas, graduada en la primera promoción de abogados de la Universidad de Oriente, y Clara Elena Pérez Frómeta, entonces estudiante de Enfermería en ese hospital, compartieron con JR sus vivencias de aquel suceso.

Impresiones inolvidables

Cuenta Pilar que «el juicio empezó en el Palacio de Justicia; fui allí, vi a Fidel y a los otros asaltantes del Moncada, pero en la próxima sesión él no apareció.

«El juicio contra Fidel en la Sala de Enfermeras del Hospital Saturnino Lora fue casi secreto; me enteré por el Decano del Colegio de Abogados. Vinieron muchos abogados, pero no los dejaban entrar. Yo estaba graduada desde el año anterior, y junto con un compañero de curso, Juan José Alvarado Mustelier, determinamos que si no podíamos entrar, permaneceríamos afuera hasta que sacaran a Fidel.

«Vimos a Chaviano, que era el jefe de la Plaza Militar, y mi compañero me convenció de que le hablara en mi condición de mujer para ver si podía persuadirlo de dejarnos entrar; le expliqué que éramos de los primeros graduados de Derecho de la Universidad de Oriente y queríamos presenciar aquel juicio. Aceptó la idea y mandó a un sargento a que nos pasara.

«Cuando entramos ya se había efectuado la prueba testifical y como dos minutos después le dieron la palabra a Fidel para la defensa. Yo estaba sentada casi a un metro de él, maravillada; no imaginé nunca que alguien tuviera una memoria tan prodigiosa como la que mostró en sus alegatos. Estuvo hablando casi dos horas sin interrupción, sin otro libro de consulta que un Código de Defensa Social de bolsillo.

«Él empezó diciendo que nunca un abogado se había visto en circunstancias tan difíciles para tener su defensa, habló de sus compañeros que habían sido asesinados y torturados, y en el discurso entero criticó y dijo la verdad de lo que sucedía en el país; sobre todo denunció los crímenes de la dictadura. Nadie lo interrumpió ni un momento, porque era firme y ameno en sus argumentos.

«Cuando terminó el juicio, los periodistas lo cercaron. Yo estaba con la toga y me acerqué un poco a los periodistas, entonces él en un momento dado me dijo: “Somos colegas”.

«Estaba impresionada por dos cosas. La primera: por el temor que tenía de que lo fueran a matar por todo lo que él estaba denunciando, porque aquello estaba lleno de soldados. Y la segunda: por su extraordinaria capacidad como abogado».

Confesiones de Clara Elena

Para la joven enfermera Clara Elena Pérez, las circunstancias para acercarse a aquel hecho fueron un golpe de suerte. Y, según sus propias palabras, la llevó allí la curiosidad.

«Las estudiantes de Enfermería, como es habitual, también prestábamos servicio en el hospital. En ese momento nos percatamos del bullicio y el movimiento de personas hacia la sala de estudio. Cuando trajeron a Fidel, los guardias estaban de aquí para allá como unos locos, y a nosotras no nos dejaban ni salir de nuestros puestos ni acercarnos al lugar. Pero la curiosidad es muy fuerte, y desde lejos pude ver cuando entró Fidel a la sala con un traje azul marino y una corbata roja, y con su actitud siempre altiva.

«Nosotras, que teníamos prohibido abandonar el servicio, nos fuimos por un portón de la parte de atrás del hospital y entramos al primer dormitorio de Enfermería, que es el que estaba al lado de la sala de estudio, y allí, en la pared, había una abertura cóncava, por la que nos rotamos para escuchar el juicio. En otro momento nos tiramos en el suelo para poder escuchar por debajo de la puerta, aunque lo único que podíamos ver eran sus pies.

«Como había varias muchachas en el dormitorio, escuchamos breves y dispersos fragmentos de su alegato, porque todas querían escuchar o verlo. Lo que sí recuerdo muy bien es que no había temblor en su voz y denunciaba todos los males de la sociedad que nadie se atrevía a mencionar en ese tiempo por el temor que tenía el pueblo».

La continuación de la Causa 37 de los tribunales de Urgencia de Santiago de Cuba se convirtió en escenario trascendental de tribuna revolucionaria.

Para las pocas personas presentes allí parecía una heroicidad que aquel joven de hablar apresurado, pero firme, estuviera tan informado de los problemas de la tierra, la industrialización, la vivienda, el desempleo, la educación y la salud del pueblo; denunciara el golpe de Estado, los crímenes contra sus compañeros y expusiera las líneas fundamentales de lo que luego sería el Programa de la Revolución en su preclaro discurso. Un discurso que traspasó las paredes de aquel reducido espacio con el sustento moral de quien se sabía, desde entonces, absuelto por la Historia.

Vigencia

SANTIAGO DE CUBA.— Juristas, historiadores, intelectuales y estudiantes universitarios participaron en el evento científico Aniversario 60 de La Historia me absolverá, que sesionó este martes en el Teatro Heredia.

Paneles, presentaciones de libros y el trabajo en comisiones marcaron los rumbos del evento, que profundizó en el contenido del alegato de Fidel desde el punto de vista ético, jurídico e histórico, precisó a la prensa Juana Randich Reyes, presidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba en Santiago de Cuba.

Este 16 de octubre, en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, se hará entrega del carné de miembros de la Unión Nacional de Juristas de Cuba a más de una treintena de jóvenes recién egresados de la facultad de Derecho de la Universidad de Oriente, y jueces y fiscales tomarán posesión de sus cargos, además de firmar el Código de Ética de la organización.

Otros momentos importantes de las jornadas de homenaje serán la gala artística Palabras del Corazón, en el Teatro Heredia, y la develación de una tarja conmemorativa en el inmueble donde se constituyó el Movimiento 26 de Julio, sito en Carnicería No. 315, entre San Germán y Trinidad, donde vivió la luchadora María Antonia Figueroa, primera tesorera de la organización clandestina en la Ciudad Heroína.

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