No hay adiós para el compañero de la FEU

En pequeños grupos, en silencio, transcurrió la guardia de honor al eterno combatiente Juan Nuiry

Autor:

Margarita Barrios

Hoy he vuelto al encuentro con Juan, y no niego que fue el más difícil. Esta vez me esperó en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Allí estaban sus muchachos, los de la FEU y de otros momentos. Esos que él siempre acompañó, generación tras generación, y de los que nunca dejó de sentirse compañero.

Acompañando a su familia se encontraban los camaradas de lucha, las autoridades universitarias, de las cuales formó parte como Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana, y sus amigos, que eran muchos.

Entre ellos estaba Julio García Oliveras, uno de los asaltantes a Radio Reloj, quien en conversación con esta reportera afirmó: «Juan estuvo activo siempre, a favor de la Revolución. Fue un político revolucionario, un legítimo representante de la tradición de lucha de la FEU».

Junto a la pequeña urna que contenía sus cenizas, cubierta por nuestra enseña nacional, estaban sus múltiples condecoraciones y las flores que le enviaron Fidel y Raúl.

En pequeños grupos, en silencio, transcurrió la guardia de honor. Entre quienes le rindieron póstumo homenaje se encontraban Rodolfo Alarcón, ministro de Educación Superior; la general de brigada Teté Puebla, el luchador antiterrorista René González; el Secretariado Nacional de la FEU, autoridades y profesores universitarios.

Mis encuentros con Juan comenzaron hace algunos años. Él me llamaba siempre con «la buena», como aseguraba, y me proponía un tema o era yo la que, preocupada por una fecha, un acontecimiento, acudía por su ayuda.

Me decía: «Ven, vamos a conspirar», y me soltaba esa gran carcajada que lo caracterizaba, porque a pesar de ser una persona de carácter fuerte, era afable y, sobre todo, muy amable.

Ya en su casa, entre libros, fotos, revistas y todo tipo de documentos, pasábamos horas. Yo encendía la grabadora y la olvidaba escuchando sus anécdotas. Así, y gracias a su facilidad para describir los hechos con tanta nitidez que parecían imágenes de una película, lo acompañé muchas veces Escalinata abajo, en aquellas marchas de protesta contra la dictadura batistiana.

Sentí que lo acompañaba aquel domingo en que se lanzó, junto a un grupo de jóvenes, al terreno del Estadio Latinoamericano para denunciar los atropellos del tirano Fulgencio Batista, y ser ellos mismos víctimas de una golpiza que fue transmitida por la Televisión nacional.

Entre las múltiples anécdotas que me contó, me dijo que una vez coincidió en una sala del Hospital de Emergencias con Camilo Cienfuegos, ambos heridos luego de una marcha contra la dictadura; y de su amistad con José Antonio Echeverría, con quien compartió responsabilidades en la FEU en los momentos en que asumió la presidencia de la organización.

Y el asalto a Radio Reloj, y la llegada a la Sierra Maestra, el combate de Guisa y la entrada a La Habana, junto a Fidel, quien le otorgó el honor de ser el primer orador, en representación de la FEU, aquel 8 de enero de 1959 en el antiguo Campamento de Columbia, hoy Ciudad Escolar Libertad.

Son tantas y tantas las historias, los momentos trascendentes para nuestro país en los que Nuiry estuvo presente, que no alcanzarían estas cuartillas para escribirlos. De manera especial recuerdo que me contó que, cuando entró a la capital junto a Fidel, en las inmediaciones del hotel Habana Libre vio a su mamá, y luego de años pudo abrazarla allí, rápidamente, en medio de la multitud.

Entonces me dijo: «Mira, no te miento, aquí está la foto». Y es que la prensa de la época captó el momento en que «el barbudo» se fundía en un abrazo con aquella «señora desconocida», y se publicó en un periódico de la época.

Porque tuvo siempre la preocupación de guardar todo lo que un día pudiera tener algún valor histórico, y llevarles toda esa información a los jóvenes. Así fundó la Cátedra José Antonio Echeverría, y era frecuente verlo en actividades junto a los muchachos de la FEU, porque nunca permitió que los años fueran una carga para su espíritu siempre joven.

Alguna vez Nuiry me dijo sentirse afortunado por poder ver el triunfo de la Revolución, privilegio que no tuvieron muchos de sus compañeros de lucha.

Sin embargo, escuchando hoy a Yosvani Montano, actual presidente de la FEU, en la despedida de duelo: «El profe no se ha marchado, continuará aquí en cada joven rebelde de su Universidad, en cada bandera de la FEU que ondee… vivirá siempre en cada palpitar del corazón de los que de su mano aprendimos a quererle y respetarle», pensé que la suerte la tuvo Cuba por tener en primera fila a un eterno combatiente.

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