Queremos Patria y vida

Diez mil jóvenes de unos cien países se reunirán en Quito para concertar estrategias en la lucha contra el imperialismo. Un espaldarazo a la Revolución Ciudadana y a la integración regional, el motor esencial de la lucha de la nueva América Latina por su plena independencia

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

Dentro de unos días, los ojos del movimiento estudiantil y juvenil mundial estarán puestos en la Revolución Ciudadana de Ecuador, un proyecto político que irradia sus ideales de justicia social y dignidad humana en el continente nuestro americano, que ya no es el mismo desde que gobiernos progresistas, nacidos de la voluntad popular, mandan para los pueblos.

Los jóvenes asiáticos, árabes, africanos, americanos y europeos que se reunirán en Quito para participar en el XVIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, conocerán un Ecuador renovado que transita hacia el cambio profundo y radical del sistema político, económico y social que defiende el presidente Rafael Correa. Y en esta lucha por la dignidad humana, la equidad social, el bienestar económico y el destierro de las nefastas políticas neoliberales que tanto enfermaron a la región, han tenido los jóvenes un protagonismo esencial.

Así lo patentiza Luisa Noemí Pazmino Miranda, presidenta del Comité Nacional Preparatorio, quien asegura que los jóvenes ecuatorianos están en el centro de los procesos de cambios que impulsa Correa. Así ocurre con particular fuerza y total legitimidad desde que en 2008, la Carta Magna reconociera a los jóvenes «como actores estratégicos del cambio y del desarrollo» de la nación, comenta Pazmino a JR.

«Actualmente, el movimiento juvenil y estudiantil ecuatoriano crece y se fortalece; es sector activo en este proceso revolucionario. En las últimas elecciones, el voto duro se encontró en el sector juvenil, y al triunfar nuevamente el proyecto de la Revolución Ciudadana, los jóvenes creemos y trabajamos por su radicalización. También hoy la juventud se encuentra en espacios de poder y de toma de decisiones, lo que demuestra el reconocimiento de nuestro compromiso con el país».

A menos de una semana del arranque del XVIII Festival, se ultiman detalles organizativos del evento, que tendrá uno de sus escenarios en el parque Bicentenario, de la capital.

La líder estudiantil explica que las organizaciones juveniles han realizado «actividades de socialización y formación política», para lo cual se crearon 24 Comités Provinciales Preparatorios, de modo que se pudiera tocar hasta el último rincón de la nación andina, y que se implicara toda la juventud ecuatoriana.

Pero este proceso ha trascendido las fronteras del país. En cada rincón del planeta, la juventud ha realizado un trabajo de movilización muy intenso, de manera que Quito espera recibir a 10 000 delegados de alrededor de cien países, según comentó a JR, Dimitris Palmirys, presidente de la Federación de Juventudes Democráticas (FMJD).

El regreso de latinoamérica

El Festival regresa ahora a nuestro continente —La Habana (1978 y 1997), Caracas (2005), fueron las citas anteriores—, y encontrará un escenario nuevo y esperanzador, no solo para la región sino para el mundo entero. Se construye la Patria Grande latinoamericana que soñaron Bolívar y Martí, que va materializándose en proyectos de integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Mecanismos asociativos que buscan desterrar el neoliberalismo, ese parásito inoculado desde el Norte que enfermó a la región, y que sigue causando estragos en África, y hasta en la desarrollada Europa.

Para Palmirys este regreso demuestra que el movimiento de la juventud en nuestro continente «es cada vez más fuerte y mayor», y resalta como factor esencial los procesos progresistas que tienen lugar en países como Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, que despiertan el interés y el apoyo del movimiento antiimperialista internacional, por ser «pioneros de la lucha regional».

En ese sentido, la ecuatoriana Pazmino Miranda considera a la unidad como una de las armas más eficaces para lograr el desarrollo y la defensa de los intereses regionales; para continuar materializando el «cambio de época» signado por la emergencia de gobiernos «interesados y comprometidos con devolver la dignidad a sus pueblos,  a más de 500 años de lucha».

«En el caso concreto de Ecuador, que el Festival venga a nuestro país significa un reconocimiento enorme de la juventud del mundo a esta pequeña nación que ha dado pasos agigantados de cambio, que ha recuperado su dignidad, su felicidad y las ganas de vivir. Esto genera un compromiso fuerte en la juventud ecuatoriana por trabajar y militar en este proceso no solo nacional sino regional».

Por su parte, Palmirys entiende que «los procesos positivos aquí en América Latina están ayudando a los jóvenes en sus demandas», y considera que la juventud, en alianza con el movimiento obrero, puede contribuir a radicalizar este tipo de proyectos políticos, a los que el Festival también dará su apoyo.

Tres grandes de nuestros pueblos

Con la mira en la defensa de la integración regional ante los intentos de Estados Unidos y de otros desde afuera y de adentro, por minar la construcción de la Patria Grande, el XVIII Festival estará dedicado a tres hombres que dedicaron su vida a la integración y la independencia, cada uno en su contexto: el ecuatoriano Eloy Alfaro, el ghanés Kwame Nkrumah y el líder bolivariano Hugo Chávez.

Alfaro fue amigo de José Martí y otros patriotas de las luchas por la independencia de nuestro país, proceso con el que se comprometió. La savia bolivariana que llevaba en su pensamiento le permitió soñar y luchar por la América Grande para todos los americanos.

Considerado el pilar del Estado moderno de Ecuador, defendió la posibilidad de crear una Confederación de Estados Sudamericanos. Siempre soñó con la reconformación de la Gran Colombia e incluso convocó a un Congreso Continental en 1896 para promover la anhelada integración.

Nkrumah, uno de los próceres de la independencia africana, fue un convencido de la necesidad de llevar a cabo una profunda revolución y preconizó la idea de la unión de todos los países africanos, lo que en 1960 materializó con la creación de la Organización de la Unidad Africana —predecesora de la Unión Africana—, acompañado de otros líderes del continente.

Se trata de uno de los mayores exponentes del pensamiento antiimperialista africano, que en tiempos tan tempranos para Ghana y el resto de los países de esa región como los años de 1960, encontró en el socialismo el camino para transformar su realidad, signada por los males del colonialismo, y conducir a esas naciones hacia la búsqueda de la dignidad.

Muchos años después, a finales del siglo XX, descuella Hugo Chávez, quien 200 años después del proceso independentista de América Latina rescató la idea de la unidad continental, un legado de Bolívar y San Martín enterrado por el colonialismo, y cuya materialización  él emprendió.

Fue un defensor del socialismo, sin esquematismos ni recetas ajenas, modelo que va convirtiendo a América Latina —hace unos años una de las regiones más desiguales del planeta—, en un terreno de sueños y aspiraciones que se logran.

En la Cumbre de Mar de La Plata, realizada en 2005, y con el apoyo de otros gobernantes como Lula y Kirchner, logró enterrar el proyecto para el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el esquema  de dominación política y económica más ambicioso de Washington para la región.

«Si queremos patria y vida, vámonos por la vía socialista. La vía capitalista nos lleva directos a la muerte de la Patria, a la muerte de la esperanza, a la muerte de la dignidad, a la muerte de la especie humana incluso», alertó.

Espacio de Solidaridad

Como movimiento histórico, Dimitris Palmirys considera que el Festival continuará siendo «un espacio de solidaridad internacional y de la lucha antiimperialista».

Las organizaciones progresistas del mundo que se reunirán en Quito, extenderán su solidaridad al movimiento estudiantil y popular chileno, que más allá de las demandas tradicionales de eliminar el sistema de educación neoliberal, exige barrer con un sistema político con raíces pinochetistas, deslegitimado.

Tampoco faltarán viejas demandas como el derecho del pueblo saharaui a su independencia y soberanía. La denuncia al genocidio que comete el Gobierno sionista de Israel contra el pueblo palestino es otra de las causas que  estará presente en la cita ecuatoriana.

También será un espacio de debate sobre las necesidades contemporáneas del movimiento y las nuevas formas de lucha contra el imperialismo. Palmirys considera que a 68 años del movimiento del Festival, esta es una línea política que «debe reforzarse, porque el enemigo principal de la juventud y de los pueblos, el imperialismo, sigue siendo el mismo a pesar de las diferenciaciones en sus métodos».

«Por tanto, las prioridades del XVIII Festival serán una vez más la paz, la soberanía y la autodeterminación; contra las guerras imperialistas, ocupaciones, agresiones, bloqueos y otras formas de amenazas imperialistas.

«También vamos a prestar mucha atención en el tema de la crisis, que muestra los callejones sin salida del capitalismo, y lleva a los jóvenes al desempleo y la precariedad», enfatiza el Presidente de la FMJD, sin dejar de mencionar asuntos como «la lucha por la educación pública gratuita y democrática para todos», y «la igualdad de género», entre otras prioridades que atraviesan la vida social, política y económica de los jóvenes.

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