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Con los grandes de América

La comitiva cubana en su primera jornada en tierra quiteña rindió tributo a José Martí y al libertador Eloy Alfaro.En ambos sitios fueron colocadas sendas ofrendas florales

Autores:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández
Mayte María Jiménez

QUITO, Ecuador.— El monumento al más universal de los cubanos se erige imponente en la zona norte de esta urbe, una de las más altas de América, esa por la que próceres como José Martí y Eloy Alfaro unieron voluntades y abrazos desde el pensamiento visionario, la hermandad entre los pueblos y la independencia para la verdadera emancipación del hombre.

Hasta este lugar, en el que se alza la imagen del Maestro llegó la comitiva cubana en su primera jornada de actividades oficiales en tierra quiteña. Y poco más tarde, en el parque El Ejido, frente a la estatua del libertador Eloy Alfaro, se evocó la obra de este hombre, que por más de 30 años se opuso al conservadurismo ecuatoriano y abogó por un proyecto de integración que librara a la realidad americana de las ambiciones imperiales.

En ambos sitios fueron colocadas sendas ofrendas florales por el señor José Rodríguez, embajador de Cuba en la República del Ecuador y la jefa oficial de nuestra delegación, Yuniasky Crespo Baquero, primera secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Estuvieron presentes, además, Julio César Rodríguez, funcionario del Comité Central del Partido; Ana Teresita González, viceministra de Relaciones Exteriores y Alicia Corredera, vicepresidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

El tributo se hizo acompañar del arte. Los versos sencillos de Martí, en la voz y la armonía de Eduardo Sosa, junto a la música de Adrián Berazaín.

Con palabras emotivas, Yusuam Palacios Ortega, presidente del Movimiento Juvenil Martiano, trajo a la memoria de todos al inmortal líder venezolano Hugo Rafael Chávez Frías, unas de las figuras históricas a las que se dedica la mayor cita de las juventudes progresistas del orbe.

Y si de líderes amigos se habló, no podía faltar la remembranza del luchador sudafricano Nelson Mandela, a pocas horas de su deceso, como tampoco dejó de aludirse, a la hombradía de Antonio Maceo, a 117 años de su caída en combate.

Hay un deber generacional de salvar la América nuestra. Y eso pasa por rescatar nuestra historia, por preservar nuestra identidad, salvar nuestra esencia como pueblos. Estos líderes están en el vórtice de las luchas y las reivindicaciones políticas y sociales del continente, las cuales han tenido una continuidad histórica, de ahí el hecho de que estemos aquí, señaló.

Palacios Ortega explicó cómo se conocieron Martí y Alfaro, en 1890, gracias a un encargo de Bartolomé Mitre, director del diario La Nación, de Argentina, para que el ecuatoriano le llevara el pago de unas colaboraciones al héroe cubano. Si bien la relación de estos libertadores fue muy singular, sobre todo porque se basó en encuentros esporádicos, incluso protocolares, ese vínculo trascendió por el sentimiento de amor a nuestro país y a su independencia que caracterizó a Alfaro, que lo había llevado con anterioridad a identificarse con el accionar de hombres como Maceo y Máximo Gómez.

Se cuenta que por la época en que se conocieron, Alfaro pasaba por momentos muy difíciles, sobre todo por los fracasos que había tenido en su gestión de lucha por transformar el Ecuador. Y en una carta que escribiera en 1902 dejaba constancia de lo que significó para él conocer a nuestro Héroe Nacional. «Recuerdo que la fortuna premió mis desdichas cuando conocí a Martí».

Ambas figuras abogaban por la unidad latinoamericana como objetivo estratégico para el progreso de la región, así como para liberarla de otras influencias. De ahí el carácter antiimperialista de estas personalidades.

Siguiendo los hilos invisibles entre esos dos grandes, aunque en contextos y realidades diferentes, se alzarán las voces juveniles en esta cita quiteña. El respeto a la identidad de los pueblos los defendió con mucha fuerza el prócer ecuatoriano en sus períodos como presidente de su país natal, de 1897 a 1901, y de 1906 a 1911.

Los encuentros de Alfaro con Martí —explicó Yusuam— se sucedieron, hasta donde se conoce hoy, en Costa Rica y Nueva York. Aun cuando Martí nunca visitó Ecuador, tuvo una proximidad con ese país y en especial con la historia de su lucha contra el colonialismo español. Se acercó al Ecuador por la propia cultura ecuatoriana, y llegó a tener relación con intelectuales y artistas de la región.

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