Trinidad, leyenda y tradición - Cuba

Trinidad, leyenda y tradición

La tercera villa de Cuba, fundada en el mes de enero de 1514, se distingue por ser uno de los centros históricos mejor conservados de América Latina y el Caribe

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

Trinidad, Sancti Spíritus.— Despojada de catedrales monumentales e imponentes fortalezas militares, esta legendaria villa deslumbra a todos los amantes de nuestro pasado. Fiel espejo de la arquitectura colonial —con casas de alto puntal, grandes ventanas con rejas, portones de madera preciosa, tejas rojas, calles de piedra…—, la ciudad enamora a quienes prefieren estar cerca de las raíces cubanas.

La villa de la Santísima Trinidad guarda más de un secreto. Única en mantenerse con sus valores arquitectónicos a semejanza de sus primeros años, por estos días se viste de lujo para celebrar con más luces que sombras su aniversario 500.

Historia

Trinidad fue fundada a principios de 1514 en un punto cercano al río Arimao, hoy perteneciente a la provincia de Cienfuegos. Mas, se decidió su traslado a un punto cercano al mar, próximo a la aldea aborigen de Manzanilla, cabecera del cacicazgo. A mediados de 1515 ya se encontraba la tercera villa de Cuba en su actual emplazamiento. Por estos antecedentes, se celebra su cumpleaños en la primera quincena del mes de enero.

El macizo de Guamuhaya y el mar Caribe son las fronteras naturales de una excepcional población que, primeramente, se nutrió del oro recogido y luego del cultivo del tabaco y el azúcar. A fines del siglo XVIII, Trinidad era la ciudad más importante del centro del país.

El esplendor económico vivido en esos años propició la modernización de sus edificaciones. Construcciones que han vencido los infortunios del tiempo, como los llamados palacios de Cantero, de Bécquer y de Iznaga, se levantaron gracias al dinero recolectado por las grandes y distinguidas familias trinitarias.

La urbe creció en el siglo XIX. Se instaló primero el alumbrado de aceite y luego el de gas. Surgieron los bellos espacios públicos como la Plaza de Carrillo, la Calzada de la Ermita de la Popa, la Beneficencia, la Alameda de Concha y la Plaza de Serrano. Se empedraron sus calles y se comenzaron a pavimentar sus aceras. Mas, el esplendor económico, poco a poco, perdió su brillo, lo que trajo un detenimiento en el desarrollo de la localidad.

Ya para el año 1840, las posibilidades de explotación del valle se encontraban agotadas cuando se buscaban tierras disponibles para la extensión y aumento del cultivo de la caña. Esa lamentable situación provocó el éxodo de capitales y de población hacia otras regiones, en busca de mejores condiciones económicas.

También la Guerra de los Diez Años influyó en la fractura económica de la ciudad de Trinidad, debido a la destrucción de los cafetales y cañaverales. En 1889, la producción de azúcar se redujo a 3 000 bocoyes (barriles) en los ocho ingenios que aún se encontraban laborando.

El último cuarto del siglo XIX fue terrible para la tercera villa de Cuba. Entre otras calamidades, se paralizó el tráfico comercial del puerto de Casilda, cesó el ferrocarril y quebró la Compañía de Alumbrado Público.

Sin duda, Trinidad dio la bienvenida al siglo XX suspendida en el tiempo.

Fue, entonces, una especie de feudo para los dictadores de la Isla, como sucedió con los gobiernos de Mario García Menocal, Gerardo Machado y Fulgencio Batista.

Las viejas estructuras económicas y sociales coloniales resurgieron en la región, marcadas por las huellas de la desigualdad y la explotación de la República neocolonial. Se retomó la actividad azucarera como base de la economía local, mientras que la actividad ganadera también tomó fuerza, con el apoyo de las autoridades durante la ocupación norteamericana y la importación de ganado de calidad.

Tras la llegada de Batista al poder, comenzó en Trinidad la etapa de las grandes manifestaciones políticas contra la dictadura: la más significativa fue la de 1955, por el pago del diferencial azucarero.

Dos años después, se produjeron los primeros alzamientos de jóvenes de la ciudad, mientras en las montañas se fortalecía la presencia de núcleos guerrilleros como los del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, el II Frente Nacional del Escambray y el Movimiento 26 de Julio.

En 1958, arribó a las alturas de la cordillera de Guamuhaya la columna guerrillera del Comandante Ernesto Guevara. En la región también se firmó el Pacto de El Pedrero entre las fuerzas del M-26-7 y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, mediante el cual se garantizó la unidad de la lucha revolucionaria allí. Definitivamente, el 28 de diciembre de 1958 entraron las tropas revolucionarias a la capital de la zona: la villa de Trinidad.

Después del triunfo

A partir de ese momento, la Ciudad Museo del Caribe, como territorio estratégico por poseer muy cerca el mar y las montañas, fue escenario de intentos para desestabilizar a la Revolución triunfante.

Intensas jornadas, tristes recuerdos, lamentables muertes y dignas victorias son rememorados en varios de los parajes de Trinidad, como la frustración de aquel propósito del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, quien financió un desembarco aéreo que fue derrotado por las fuerzas al mando del Comandante en Jefe Fidel Castro. Tampoco se olvida cuando se derrotó la introducción de los llamados bandidos en la cordillera del Escambray con el objetivo de establecer en esa zona un denominado gobierno en armas. El artero accionar de las bandas contra revolucionarias dejó decenas de asesinatos de campesinos, alfabetizadores y milicianos como Manuel Ascunce, Pedro Lantigua y Alberto Delgado.

Una vez erradicadas las bandas de la sierra, la Revolución potenció diversos proyectos de desarrollo rural. Se construyeron nuevas carreteras, se materializó aquí la Reforma Agraria, se inauguraron escuelas, hospitales, tiendas. Trinidad siguió siendo la capital del Regional Escambray, zona administrativa creada desde la última etapa del gobierno colonial y que se mantuvo hasta 1976.

En ese año, como parte del proceso de institucionalización, pasó a ser un municipio de la provincia de Sancti Spíritus, y se integraron a él muchos de los asentamientos poblacionales urbanos y semiurbanos cercanos a la ciudad cabecera.

Como una de esas grandes paradojas que nos depara muchas veces el destino, lo que un día pareció antiguo y detenido en el tiempo, desde la década de los 80 se convirtió en la fuente fundamental de la vida económica de los trinitarios: el centro histórico, que ha sido un escenario de atracción para que cada día aumente la afluencia de turistas a la villa.

El 8 de diciembre de 1988 se decidió de manera unánime en Brasilia, durante un encuentro de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), reconocer los valores de la ciudad como ejemplo eminente de un conjunto arquitectónico que ilustra un período histórico y un espacio tradicional representativo de una cultura. Desde esa fecha, el Centro Histórico de Trinidad y su Valle de los Ingenios se mantienen en la lista del Patrimonio Mundial.

La Trinidad del siglo XXI

El paso del tiempo ha dejado algunas huellas en la tierra del pintor Benito Ortiz. La necesidad de mantener su arquitectura despojada de elementos modernos con fines principalmente económicos, ha sido una de las divisas fundamentales de varias generaciones de trinitarios. El futuro de la urbe depende de cada uno de sus habitantes.

«Somos muy cuidadosos con la arquitectura de la urbe y el paisaje natural del valle. Enfrentamos cualquier violación o indisciplina que empañe la tradición e historia de Trinidad. No podemos cerrar las puertas a los tiempos contemporáneos, pero hay que asimilarlos con medida y coherencia, sin contaminarnos. Por ello las acciones de restauración que exhibimos en este aniversario 500, como las de la Casa Malibrán o la hacienda Guáimaro, poseen el trabajo minucioso que requieren», aseveró Norberto Carpio Calzada, director de la Oficina del Conservador de la ciudad de Trinidad y su Valle de los Ingenios.

La tercera villa de Cuba seduce y enamora con sus aires de dama antigua. Recorrer sus callejuelas es encontrar nuestro pasado. En su  aniversario 500, Trinidad es leyenda y tradición.

Fuente utilizada: Colectivo de autores. Síntesis histórica provincial de Sancti Spíritus, Editora Historia, La Habana, 2011.

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