Entre verticales y horizontales

El crucigrama cumplió cien años. Con tal motivo, JR reproduce una entrevista realizada a Enrique Cantera Alberdi, ya fallecido, quien en la década de los 80 de la pasada centuria rubricaba la autoría de muchos de los crucigramas aparecidos en la prensa cubana

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— Los crucigramas son los pasatiempos más extendidos y carismáticos de la época contemporánea. A ellos no solo les reservan espacio en sus páginas las revistas y los periódicos, sino que hasta se publican libros dedicados por entero al tema. El primero de todos salió a la luz el 21 de diciembre de 1913 en el suplemento dominical del diario New York World.

El autor de aquel «rompecabezas» primigenio fue el periodista Arthur Wynne. Su estructura tenía forma de diamante y 31 referencias para resolver. Debutante al fin, exhibía a un costado esta elemental instrucción: «llene los pequeños cuadrados con términos que se adecuen a estas definiciones». Tuvo tal éxito que el World lo convirtió en sección fija.

En el municipio tunero de Manatí residió durante casi ocho décadas un referente en tan curioso asunto: Enrique Cantera Alberdi. Allá por la década de los 80 de la pasada centuria, este peninsular nacido en Santander rubricaba la autoría de muchos de los crucigramas aparecidos en la prensa nacional.

Cantera falleció el 17 de agosto de 2006, a punto de cumplir 96 años de edad. De entre las múltiples pláticas que sostuve con él —entre revistas y diccionarios— reproduzco esta, relacionada con el universo de las verticales y las horizontales.

Debut y secretos entre casillas

—¿Cómo llegó a los crucigramas y cuándo comenzó a publicarlos?

—Siempre me gustaron. Antes de 1959, perseguía los de la revista Carteles. Eran muy difíciles, pero los resolvía. Cierta mañana de 1980 me dio por crear uno. Me motivó la tentación de exprimir a fondo mis neuronas. Y como los retos intelectuales me encantan, me senté a la mesa con lápiz, papel y regla, hice una cuadrícula de 15 por 15, busqué mi viejo diccionario Larousse, comencé a llenar espacios con palabras diversas y, luego de un montón de traspiés... ¡nació mi primer crucigrama!

«Después me embullé y vinieron otros. Me atreví a remitir algunos a la revista Bohemia, que por entonces era semanal, con más páginas y mayor tamaño. Al poco tiempo tuve la sorpresa de ver uno publicado, gracias a la confianza depositada en mí por el humorista y gran amigo Ramón Guerra —conocido por Mongo P.—, quien atendía por entonces en la revista la gustada sección En pocas palabras, anfitriona de ese tipo de entretenimientos.

«A partir de ahí colaboré con Bohemia por espacio de casi diez años. Todos los meses me publicaban dos y hasta tres. Pero mi producción desbordaba la demanda. Decidí proponerles también algunos a Verde Olivo y a Opina, dos publicaciones de la época, así como a la revista Logros, de la ANIR. ¡Y también me los publicaron! En total soy autor de casi 800 crucigramas, muchos de los cuales aún se encuentran inéditos en sus álbumes».

—¿Se proponía algún divertimento al idearlos individualmente?

—En algunos de mis crucigramas, lo admito, mi propósito era crear aprietos, hacer rabiar a los solucionistas, enredarlos en mis laberintos de casillas bloqueadas, confundirlos con paronimias diversas, en fin... Deliberadamente les complicaba la perspectiva semántica en las cuadrículas para obligarlos a consultar un diccionario especializado en busca de un sinónimo, un antónimo o una definición cualquiera que, de no ser así, se hubiera negado de plano a revelarles su significado.

«En otras de mis producciones —y también lo reconozco— salía en busca de diversión gramatical, de regodeo idiomático. Muchas de ellas, incluso, podían hasta reflejar mi estado de ánimo en el momento de su elaboración. De eso pueden dar fe quienes compartieron y sufrieron de alguna manera conmigo en el portal de mi casa aquellos extenuantes ejercicios de creación.

«Opino que no existen dos crucigramas idénticos. ¡Ni siquiera parecidos! Eso sí, cada uno lleva el sello personalísimo de su autor, razón por la cual los solucionistas habituales suelen identificarlos al primer golpe de vista. Eso ocurría siempre con los míos, aunque no llevaran estampado mi crédito».

—¿Existe alguna técnica para estructurar un buen crucigrama?

—La técnica es personal y se aprende luego de muchas horas de persistencia y de búsqueda sobre los diccionarios. Se comienza por el papel cuadriculado con un número de casillas sombreadas con toda intención, no solo para dificultar el completamiento de la obra, sino también para dotarla de un diseño simétrico y visualmente atractivo. Acto seguido, se distribuyen poco a poco las palabras dentro de la plantilla, para que las posiciones que ocupen —horizontales o verticales— no alteren sus significados como resultado del inevitable entrecruzamiento.

«En tales circunstancias, cada casilla vencida le trae nuevos obstáculos y desafíos al creador, porque se trata de un verdadero torrente de vocablos aceptados o rechazados, ya por su extensión, ya por su definición. Así es como se llega a la última letra y se le coloca el punto final a la aventura. Créeme, uno termina con el cerebro en estado de ebullición.

«En mi caso, siempre procuré evitar las palabras invertidas, aunque, en ocasiones, no me quedaba otro remedio que ponerlas. Tampoco me gustaba apelar a siglas inventadas ni a neologismos forzados. Sí incluía nombres de países, de personalidades, de montañas, de ciudades, de ríos... Algunos eran extrañísimos y apenas conocidos, y eso hacía exasperarse a mucha gente.

«Es que a mí me parece que lo fácil no enseña tanto como lo difícil. Si usted consigna para una horizontal: 1- Blanco y ovalado, que lo ponen las gallinas, enseguida le escribirán: huevo. Sin embargo, establezca para una vertical: 24- Nombre del padre de Cristóbal Colón, y verá cómo se suda la gota gorda para saber que se llamaba Doménico. Un crucigrama es también una antología de cultura general en pequeño formato».

—¿Sabía que muchos lectores no completaban sus crucigramas?

—Sí, cómo no. ¡Y lo disfrutaba! Cuando terminaba de crear uno tenía la certeza de que alguien no lo podría resolver, ya fuera por ignorancia o por torpeza. Eso provocó más de una catarsis en mi contra a través de cartas, con gruesos calificativos dirigidos a mi árbol genealógico. Pero nunca me reconocí culpable. Más bien me divertía con esas simpáticas reacciones.

«Claro, otro grupo sí conseguía terminarlos, y también me lo hacía saber epistolarmente, entre triunfante y burlón. Se trataba de personas que preferían “vivir” mis crucigramas con sus incógnitas llenas de situaciones para pensar, discurrir y apelar al Larousse en busca de ayuda. Esos nunca aguardaban por la Bohemia siguiente para comprobar sus aciertos».

—¿Llegó a tener preferencias por alguno de sus crucigramas?

—Desde luego. En cierta oportunidad la creación de uno de ellos me resultó tan ardua que la obsesión por terminarlo casi me quitó el sueño. Tal vez por eso se convirtió en mi favorito. Todavía lo desempolvo alguna que otra vez de su álbum y le paso revista a sus casillas bloqueadas y rellenadas con nombres inauditos y acepciones fuera de uso, extraídos de mi vetusto, gastado, exhausto y siempre fiel diccionario Larousse.

«Otro que recuerdo siempre con agrado es el que contiene en su estructura los nombres de todas las provincias cubanas y del municipio especial de Isla de la Juventud, combinados con términos de uso cotidiano. Lo significativo de ese crucigrama es que lo diseñé con solo 37 casillas bloqueadas. Yo creo que es imposible hacerlo con menos. Si alguien opina diferente y quiere probarme lo contrario, pues... ¡manos a la obra!».

—¿Qué le proporcionaron a su existencia los crucigramas?

—Mucho. Me pusieron a prueba ante las casillas en blanco y aumentaron mi cultura general. También me granjearon popularidad, tanto positiva como negativa. Porque —debo decirlo— tuve apologistas, pero también detractores. Además, me propiciaron llevar una vida vertical para exhibirla cuando la horizontalidad me reclame. ¿No le parece que es bastante?

Fotos Relacionadas:

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.