Chávez multiplicado (+ fotos)

Inaugurado en la fortaleza de La Cabaña, un museo que honra a quien dignificó el ser latinoamericano y caribeño

Autor:

Nyliam Vázquez García

«Nadie piensa que se ha ido,

fue un momentico a la misa

Y va a volver con Sandino,

con el Che, Martí y Bolívar»

Raúl Torres

El niño de Sabaneta, el hombre que se convirtó en un gigante, se multiplica. No está allí donde indica la lógica, está repartido en lo entregado  y se eleva aun más, si eso es posible, en la consolidación del sueño de Bolívar con formas más precisas. Por eso, en La Habana, Cuba, un día después de conmemorar el 161 aniversario del nacimiento de José Martí, un museo quedó inaugurado para honrar la presencia de Hugo Chávez. Un  hombre que  no se fue, que dignificó el ser latinoamericano y caribeño.

Cuando se lee «Venezuela, tierra libre», uno puede entender que no solo el país sudamericano cambió desde que Chávez tomó las riendas de la historia de ese pueblo, sino que América Latina también se transformó lo suficiente. Que una treintena de jefes de Estado y de Gobierno y una presidenta electa hayan llegado a Cuba para dialogar en el marco de un mecanismo inédito y transformador, también da cuenta del legado del luchador incansable, del hermano de Cuba, del heredero de lucha de Fidel. Su partida es un recuerdo vago, un instante que pareciera no ocurrió; su vida late en su tierra querida pero, sobre todo, en la Patria Grande que lucha por la verdadera integración.

Por eso y por más, las máximas autoridades de los países latinoamericanos y caribeños despertaron más temprano el miércoles, después de una jornada intensa, para honrar a quien lo merece; por eso sus amigos estaban allí, a la entrada del museo. Por eso La Habana, Cuba, fue la ciudad adonde llegó Chávez multiplicado, después de la misa, con Sandino, el Che, Martí y Bolívar, como aseguró el cantautor.

Fue un tiempo para uno de esos hombres que aman y fundan, como dijo Rafael Correa. Cuando el himno de la tierra bolivariana se escuchó, ya él había llegado, ya estaba aquí. Cuando Nicolás Maduro lo recordó como «el gran guerrero, guerrero de la luz y de las ideas que alumbró los caminos que se habían perdido hace 200 años», ya él estaba allí, más que huella fresca, más que voz que retumba en llanos y montañas, se hizo presencia y esencia de una historia refundada y viva.

«La gran obra inconclusa de El Libertador hoy es más compleja», aseguró Maduro, a quien Chávez y su pueblo le encomendaron el futuro venezolano. Tiene razón Maduro, pero, como el guerrero rebelde quería, «seguiremos andando su camino de amor, de unión en la diversidad», y esa es la ruta marcada en la Cumbre de la Celac, en cada abrazo, en cada diálogo, en cada negociación por compleja que sea.

Chávez vio desde su altura la cinta tricolor que desenlazaron Maduro y Raúl, los fragmentos de su historia y su vida contenida en imágenes y textos guardados en el museo recién inaugurado en la fortaleza de La Cabaña. Vio los rostros de los convocados, su luz en cada uno de estos días en los que ni en un segundo ha estado ausente. No está el guerrero venezolano y latinoamericano donde la lógica lo indica, sino de regreso siempre, multiplicado, gigante.

 

 

 

 

 

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