Prólogo para una epopeya

El 15 de abril de 1961 los mercenarios intentarían menguar las fuerzas del país para arrasar con todo en Playa Girón

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Todas las historias tienen su prólogo. Y aunque la de Girón se comenzó a escribir siglos atrás, en todos los planes norteamericanos que el paso del tiempo ha revelado de marcada intención anticubana, el preludio más inmediato de este ataque mercenario tuvo lugar el 15 de abril. Y lleva sangre cubana.

Nacía la mañana de ese día y ya los ocho bombarderos B-26 habían salido desde Nicaragua para hacer sus «labores», pagadas por el Gobierno de Estados Unidos, en los cielos de Cuba. San Antonio de los Baños (en la actual provincia de Artemisa), Ciudad Libertad (en La Habana) y el Aeropuerto Internacional Antonio Maceo (ubicado en Santiago de Cuba) eran tres objetivos para intentar dañar las fuerzas aéreas del país.

Sería la supuesta garantía de la victoria para quienes intentaban desmoronar la soberanía de la Isla caribeña. Pero se convirtió en una suma de acciones de marcado carácter militar que no pudieron impedir la gran derrota que sobrevendría días después para Estados Unidos a manos del pueblo cubano.

Puma, Linda y Gorila fueron las tres escuadrillas que se disfrazaron de fuerzas cubanas para llegar posteriormente hasta a aterrizar en Miami, en aras de simular deserción. Todo se había combinado para llevar al mundo la más «creíble» versión de lo increíble. ¿Cuba derrotada? ¿Cuba vulnerable?

El 16 de abril, Fidel se encargaría de desmentir cualquier versión ajena a los hechos. Ante el pueblo reunido en 23 y 12, durante el sepelio de las víctimas por el bombardeo a los mencionados aeropuertos, leería cables de agencias de prensa extranjeras que manipulaban la historia de cobardía. A estas las incitó a mostrar los rostros de la agresión.

Pero las máscaras tiradas al suelo no acabaron ahí. Desde la Asamblea General de la ONU, Raúl Roa, nuestro Canciller de la Dignidad, aprovechó su derecho de palabra para denunciar al mundo las violaciones de Estados Unidos. Adlai Stevenson, representante de Estados Unidos, esgrimió como argumentos los burdos rumores construidos por su Gobierno. Pero la fuerza del cubano pudo más.

Otra palabra quedó para la historia. Fue escrita en una pared, con sangre como tinta, y salió del amor por Cuba del joven miliciano Eduardo García Delgado. Junto a los héroes que desde su puesto de combate lograron derribar un avión mercenario, junto a los que perdieron su vida o resultaron heridos a manos del fuego enemigo, este vocablo llena de símbolos la historia del 15 de abril. «FIDEL», estampó el muchacho poco antes de morir.

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