La invasión estaba condenada

Flashazos en las últimas horas de los mercenarios

Autor:

Luis Hernández Serrano

En Playa Girón la última resistencia de los mercenarios la realizaron con dos de sus tanques de guerra, pero al darse cuenta de que se habían quedado sin mando, se rindieron. A esas alturas ya lo que quedaba combatiendo de los invasores era una tropa informada de que en total se les habían tumbado 12 de los 16 bombarderos B-26.

El mismo día 19 de abril, el Centro de la CIA envió desde Washington uno de los mensajes más ridículos de su historia: Tratar la invasión como si hubiese sido una misión de abastecimiento logístico a los alzados en las montañas del Escambray y que ¡había sido un rotundo éxito!

Un invasor, por las cámaras de la Televisión Cubana, expresó: «Al otro día por la mañana pasó un jeep diciendo: “¡Ríndanse!” Y tirando tiros. Salimos y nos entregamos enseguida. Pero lo más lindo del caso era que dentro del jeep venía Fidel Castro y yo le dije a uno de los miembros de mi pelotón: “Por eso nosotros perdimos, porque Fidel está con ellos aquí, no dando órdenes desde La Habana”».

Cómo capturan un tanque invasor

Un grupo de milicianos vio venir un tanque que disparó contra ellos. Por inexperiencia, habían ido a su encuentro creyendo que se trataba de revolucionarios confundidos. El asombrado mercenario cesó de tirar y así, fácilmente, fue capturado el tanque con su dotación. No se sabe si lo que obró en el ánimo de los invasores fue el insólito hecho, la propaganda de que los milicianos se pasarían al bando agresor tan pronto desembarcaran o la certidumbre de que estaban perdidos.

Los responsables del fracaso, al final, comenzaron a culparse mutuamente, y el 23 de abril de 1961 el entonces presidente John F. Kennedy, en conferencia de prensa, declaró: «Dice un viejo aforismo que la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana». Y en declaración escrita, publicada el 24 de abril, asumió toda la responsabilidad de la invasión.

Años después, Clark Clifford, asesor consejero de Kennedy, recordó cuando el Presidente norteamericano dijo: «Fueron malas mis decisiones en lo de Bahía de Cochinos. Tomé decisiones malas, porque tenía mala información. Mi información era mala porque nuestro espionaje no servía. Algo muy malo ocurre dentro de la CIA y quiero saber qué es».

Caen los mercenarios

«Yo sobrevaloré —afirmó José Ramón Fernández en una declaración a la prensa— el ímpetu combativo del enemigo en ese momento (…) Se hizo fuego sobre los botes y otras embarcaciones, con todos los medios disponibles (…) no así contra los destructores norteamericanos (…) Durante ese fuego, en el que participó la Fuerza Aérea, los destructores pusieron proa a alta mar y se alejaron sin rescatar, hasta donde conocemos, a los tripulantes de ninguno de los botes.

«Deben imaginar cuán difícil decisión: impedir que nuestras fuerzas hicieran fuego contra los verdaderos invasores. Pero estaba consciente de que, aunque pareciera un acto de debilidad frente a mis subordinados, era lo que correspondía hacer, lo que convenía a la Revolución. Disparar a los barcos podría haber generado un ataque de Estados Unidos».

Aclaró Fernández que en ese momento estaba solo, preocupado de que su decisión (sin nadie con quien compartirla) pudiera originar un daño irreparable a la Revolución y a la Patria.

Según esa narración, la Brigada mercenaria 2506 tenía 16 aviones B-26; seis C-46; ocho C-54; dos PBY (Catalinas, capaces de aterrizar y amarizar)... La proporción de pilotos era de seis a uno con respecto a nosotros. Tenían tres veces más aviones de combate que nosotros. «Caído Girón, todo el esfuerzo se concentró en rodear la zona completamente y capturar la dispersa brigada mercenaria».

Cuba es un combate táctico

El general de división Efigenio Ameijeiras escribió:

«Hay combates tácticos que no se deben perder nunca. Cuba es un combate táctico permanente, un Girón que ha evitado mil batallas (…) Todo buen militar anda apurado, y si no duerme, mejor todavía, como hizo Fidel en Girón, no dándole tiempo al Presidente Kennedy a pensar mucho. Lograr una victoria fulminante, para no darle la posibilidad ni siquiera de rescatarlos (…) Un buen jefe táctico debe ser rápido y agresivo y querer lo mejor (…) Los buenos jefes tácticos son envolventes y de una agresividad aniquiladora.

«El caso es que por intuición o por lógica, no sé, Fidel lo hizo en la Sierra Maestra y lo repitió en Girón, donde golpeó principalmente los puntos neurálgicos: sus barcos y aviones. Si esto no es arte, que me perdonen los militares académicos. (…) No dejamos un solo minuto de tirarles con todo: infantería, artillería y aviación (…) nos armamos sobre la marcha de los acontecimientos, casi no nos dio tiempo a estudiar el empleo táctico-técnico del armamento, pero ellos no lo sabían, les tiramos cañonazos de todos los colores y avanzamos (…) ¡Candela! Se aterrorizaron».

«(…) No estaban preparados para tamaño sacrificio, no eran los defensores de la fortaleza de Brest, ni posteriormente los hombres de Cangamba. Venían a reconquistar los latifundios, las fábricas y los centrales azucareros de sus amos».

De la derrota a la retirada

«Estoy destruyendo todos los equipos y las comunicaciones. Hay tanques a la vista. Ya no tengo con qué luchar. Huyo hacia el monte. No puedo esperar por ustedes». Este fue el mensaje del Jefe de la Brigada mercenaria 2506, José Antonio Pérez San Román, el 19 de abril de 1961 por la tarde. Se ponía fin a las comunicaciones directas de la CIA y su flamante fuerza paramilitar.

San Román rechazó la propuesta de sus oficiales de agrupar las fuerzas y retirarse hacia El Escambray por el camino de Cienfuegos. De Playa Larga avanzaba una ofensiva que ganaba terreno poco a poco. Los mensajes que llegaban de allí, informaban que muchos milicianos morían, pero que era imposible detener a los vivos. José San Román vio a sus hombres huir sin que les importara nada.

La invasión condenada

Según las fuentes consultadas se esperaba que se suscitara un levantamiento… la operación debía ofrecer la apariencia de que en Cuba se producía una resistencia interna… La CIA carecía de pruebas suficientes de que los cubanos podían unirse a los invasores en gran número. Había armas y equipos disponibles para pertrechar a «30 000 disidentes» que se esperaba se unieran a la fuerza invasora… En una base situada en Annistons, Alabama (…) había abastecimiento para 150 000 hombres. La Agencia seguía adelante sin saber precisamente hacia dónde iba. No consiguió mantener informado al Gobierno del país so- bre las condiciones esenciales de éxito… Muchos de los oficiales nunca habían estado en Cuba, no hablaban español y juzgaban a los cubanos con muy poco conocimiento, consideraban que eran indignos de confianza, tontos, cobardes. Y los oficiales navales los subestimaron. El éxito de las fuerzas de Seguridad de Cuba, el aumento del poderío militar, habían convertido en obsoleto el plan original de actividades encubiertas.

El actual general de división Samuel Rodiles Planas, del batallón de la Policía Nacional Revolucionaria durante Girón, narró sobre los hechos: «Recuerdo perfectamente que cogió una linterna y empezó a hacer señas a los buques y me respondió: “Para ver si creen que somos mercenarios, nos vienen a recoger y poderles caer a cañonazos”. Yo me dije: “¡Le zumba el mango! Aún Fidel tiene ánimo para seguir combatiendo”».

Fuentes: Diario de Girón, Gabriel Molina, Editora Política, 1983. La firme y certera dirección de Fidel determinó la victoria, Granma, 19 de abril 2003. Artículo de Efigenio Ameijeiras sobre Girón, Granma Internacional, 19 de abril 2001. Informe de Lyman Kirkpatrick, en Bay of Pigs, de Peter Kornbluh. De nuevo Cuba no miente, Nicanor León Cotayo, 25-3-1998.

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