Cruce de palabras con la «caballito»

JR conversa con Daimaris Batista Viera, agente de la policía motorizada en Guantánamo

Autor:

Lisván Lescaille Durand

GUANTÁNAMO.— Los neumáticos intentan aferrarse al pavimento en un tardío intento del conductor por detenerse ante la señal de PARE. A unos 30 metros del sitio de obligada calma, los ojos de una dama lo observan con agudeza.

—Buenos días, conductor. Sus documentos, por favor —dijo con amabilidad la oficial de la policía motorizada.

Enfrente, el chofer de marras tenía a una de las autoridades del tránsito en la vía: un «caballito», como se les nombra coloquialmente. Solo que esta vez se trataba de una mujer en cuerpo y alma, con la cordialidad y el respeto como carta de presentación.

—¿Pasó algo oficial? —balbuceó con aires de ingenuidad el motorista.

Una leve sonrisa dibujada en el rostro de la muchacha desmontó la escena con que el infractor intentaba enmascarar su error. «Usted violó el artículo… de la Ley de Vialidad y Tránsito», le argumentó la joven de 27 años Daimaris Batista Viera, única fémina en Guantánamo con este oficio. Ella expone sus argumentos con solidez cuando ejerce la autoridad encima de la motocicleta, «una potestad que no se gana únicamente con el uniforme, las insignias de oficial y la moto de servicio», enfatizó.

—¿Cómo llegaste a integrar la policía motorizada?

—Ingresé en la escuela del Minint en La Habana, en 2003 y, posteriormente hice un curso para chofer. Trabajé como conductora de carro patrullero hasta que, enamorada de un guantanamero, vine a vivir y a trabajar para acá.

«Aquí logré alcanzar mis grandes sueños. En lo profesional, estar en la motorizada, donde me convertí en la primera guantanamera en ejercer este oficio, y ya llevo siete años patrullando las calles de la ciudad que me acogió con cariño. Y en lo personal, tener un hijo, una bendición que llegó hace un año».

—¿Cómo es tu relación con los conductores y peatones?

—Prefiero que prevalezca el respeto en el trato a los conductores. No hay que llegar ante ellos toda melosa o sonriente, porque puede propiciar malos entendidos, pero tampoco abusar de la autoridad que debemos ejercer en ese momento con la mayor justicia posible.

«Lo esencial, a mi juicio, es actuar con profesionalidad y ética, cualidades que deben caracterizar a los oficiales de nuestra Policía Nacional Revolucionaria. Ese es el camino del buen actuar en este oficio que no siempre genera incomodidades y molestias».

—¿Por qué lo dices?

—Porque de las calles no solo vienes cargada de reportes, sino de muestras de comprensión y solidaridad con nuestro trabajo.

—Hablando de reportes, ¿aplicas muchos en un día?

—(Sonríe). Es difícil llegar sin ninguno a la unidad con la cantidad de violaciones que se cometen a diario.

—¿Es cierto que responden a un plan de multas diarias?

—No tenemos plan alguno. La cantidad de multas se corresponde con las arterias o el sector de vigilancia que te toca patrullar.

—Conductores de bicitaxis, motos, coches, camiones y camionetas se quejan de la hostilidad de la policía motorizada...

—Para nada. Aplicamos la ley lo mismo a un conductor estatal que privado. No se puede desconocer, en este caso, que algunos de los choferes de los medios de transporte de pasajeros no estatales transitan por las calles violando lo establecido: exceso de pasajeros, carencia de condiciones adecuadas de los vehículos, sin los documentos en regla, o a exceso de velocidad para competir por el pasaje, como hacen los mototaxistas…».

—Lo ideal es que encuentren menos infractores a quienes multar…

—Estoy de acuerdo con usted. Esa sería una aspiración suprema para nuestra institución y para el pueblo, porque la accidentalidad disminuiría y se salvarían cuantiosas vidas. Pero muchos conductores carecen de conciencia vial y manejan con cuidado solo cuando sienten la presión del agente motorizado, y no por la convicción de que sus errores acarrean consecuencias lamentables para todos.

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