La recreación no se impone, pero puede educarse - Cuba

La recreación no se impone, pero puede educarse

Los problemas sobre el uso del tiempo libre en el país pueden disminuir, en tanto se descentralicen más las propuestas, la cultura del disfrute se potencie desde el hogar, la comunidad y la escuela, y se aprovechen mejor las opciones que emerjan en el escenario actual

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Si le preguntaran de qué manera le place aprovechar su tiempo libre y cómo concibe su recreación a partir de sus gustos y necesidades, ¿qué respondería? Ante esas interrogantes, muchos colocan entre sus primeras opciones la playa, la piscina, escuchar música, visitas a los amigos, los bailables y el disfrute de la programación televisiva.

Visitar los museos, deleitarse con la lectura o con una obra teatral, enriquecer los conocimientos mediante recorridos históricos, participar en juegos tradicionales e, incluso, regocijarse con actividades deportivas en áreas de la localidad o a través de un programa televisivo no son de las propuestas recreativas más mencionadas, aunque en muchos casos forman parte de la cotidianidad.

Son estos algunos de los resultados que se derivaron de espacios de intercambio desarrollados por nuestro diario y el sitio digital Soy Cuba, así como de investigaciones realizadas por el Centro de Estudios sobre Juventud (CESJ) y el Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, entre otras instituciones, desde las cuales se pretende indagar sobre las necesidades e insatisfacciones de los adolescentes y jóvenes, principalmente, para luego idear proyectos de recreación que puedan responder a esas demandas.

¿Por qué algunas actividades no son contempladas como opciones recreativas por este segmento poblacional? Ante un escenario cambiante, en el que las tecnologías de la información y las comunicaciones ganan protagonismo, ¿cuánto es necesario que se «oxigenen» esas ideas para coexistir y marchar a la par?

Construir los gustos desde la comunidad, la escuela y la familia

Con certeza usted ha escuchado o ha dicho en algún momento que no tiene nada que hacer en sus ratos de ocio, que escasean las opciones de recreación y que los precios «están por las nubes». Sin embargo, habría que detenerse unos segundos a pensar, ¿qué entiende usted por recreación?

Keyla Estévez García y Rolando Rensoli Medina, investigadores del CESJ, consideraron en diálogo con JR que no todos se percatan de que el cambio de actividad en el tiempo libre, sea cual sea esta, ya es una forma de recreación.

Pensar que salir de noche o los fines de semana, bailar en una discoteca y pasarse unos días en el campismo son las únicas fórmulas para divertirse es una visión muy limitada, que deja fuera otras propuestas, explicó Rensoli Medina. «Está claro que la recreación no puede imponerse o administrarse, pues depende de la libre elección del individuo, pero sí puede educarse», insistió.

Apuntó que en cada municipio del país deben atemperarse las propuesta en correspondencia con las tradiciones, costumbres y potencialidades del lugar. «Lo ideal es que en ese nivel se generen más iniciativas, más propuestas creativas a partir de talleres y proyectos locales, y que se logre que el sentido de las propuestas sea desde allí, y no al revés, como puede suceder ahora».

Entre las opiniones asociadas a las ofertas recreativas, investigaciones revelan como las más señaladas la carencia de estas y la necesidad de una mayor diversificación para los diferentes grupos poblacionales, los precios, la repetición de los programas en la televisión y las dificultades con el transporte, acotó Rensoli Medina. «¡Qué distinto sería todo si en cada Consejo Popular pulularan las opciones de disfrute del tiempo libre! Se aprovecharían los terrenos deportivos, las áreas al aire libre o los locales de determinadas instituciones. Sin ir muy lejos y sin tener que usar mucho dinero, disfrutaríamos de diversas propuestas en consonancia con nuestras necesidades, como lo era el disfrute de las comparsas, que hoy casi no son conocidas fuera de las competiciones de los carnavales».

La escuela y la familia son espacios vitales, en los que se construye no solo la personalidad del individuo, sino también sus valoraciones en torno a lo que puede ser la recreación, afirmó Estévez García, quien es también la presidenta de la sección de Juego y Sociedad de la Asociación de Pedagogos de Cuba.

«La escuela debe asumirse como el principal espacio cultural de la comunidad, en tanto la población puede hacer uso de las salas de computación, de la biblioteca, de los terrenos deportivos y de iniciativas que se tejan en el entorno, al aprovechar las potencialidades del inmueble y del instructor de arte que allí labora, por ejemplo.

«No en todos los municipios del país podemos encontrar casas de cultura o un Palacio Central de Computación, como el que tenemos en la capital. Por ello, las localidades deben hacer un mejor uso de la escuela y de las ideas que puedan materializarse en ella», aseveró la especialista.

Es importante destacar que, aunque en La Habana se concentre la mayor cantidad de opciones recreativas, el habanero no puede ser el referente de nuestras investigaciones, acotó Rensoli Medina. «Hay que acercarse a la población rural, de las montañas, de los pueblos de provincias y potenciar otras opciones para que no sea el paseo en la calle y en el parque principal la única que se disfrute. Experiencias como Lecturas en la Montaña, realizadas luego de cada Feria Internacional del Libro, demuestran que a esas zonas hay que dedicarles especial atención».

En el seno familiar aprendemos también que la recreación puede disfrutarse desde la butaca de un teatro, y no solo cuando se trata de un espectáculo humorístico; que en los museos se combina el conocimiento y el disfrute, y que asistir a una Noche de los Libros o al Parque Lenin no es exclusivamente para degustar ofertas gastronómicas y comprar golosinas, alertó Estévez García.

«Las generaciones actuales crecen sin saber jugar, y eso también se aprende desde el hogar. Los juegos tradicionales cedieron ante los videojuegos, y la falta de tiempo y de espacio pretende justificar lo que en otras épocas era una práctica común. No en balde, ludotecas preciosas y bien equipadas como las que existen en Guantánamo, Sancti Spíritus, Granma y en el Centro Histórico de La Habana Vieja permanecen vacías la mayor parte del tiempo».

En no pocas ocasiones escuchamos a un padre decir que no tiene adónde llevar a su hijo, reflexionó Rensoli Medina. «Se olvidan del Teatro Guiñol e ignoran las posibilidades imaginativas que ofrecen las pijamadas que organizan nuestros hijos en estos tiempos, o las emociones de una carrera en saco o de un juego a las escondidas».

Coincidieron los investigadores del CESJ que la estrategia de recreación es perfectible y que su implementación en los diferentes territorios determinará, en gran medida, su mejor calidad. «Quienes tienen que ver con ella deberán aterrizar más en la realidad que nos toca en esta época y conectarse más con las demandas, no solo de los adolescentes y jóvenes», añadió Rensoli Medina.

En una Cuba donde coexistimos con el sector por cuenta propia y otras formas de gestión no estatal, estas variables deben ser mejor aprovechadas en cuanto a la recreación de la que debemos disponer, puntualizó Estévez García. «Los mecanismos de control pueden perfeccionarse y atemperarse, y la supervisión de la consonancia entre los códigos que defiende el país y los que los cuentapropistas desarrollan debe ser una prioridad, pero sus iniciativas e ingenio pueden ser tomados en cuenta mucho más. Todo lo que contribuya a una mejor recreación del pueblo debe ser valorado».

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