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Hornos en el frío

Estudiantes y profesores de la Academia de las Artes Vicentina de la Torre esperan desde septiembre de 2013 por el autorizo del consumo de energía para que sus hornos eléctricos puedan funcionar

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— En septiembre de 2013, los 17 estudiantes de Artes Plásticas de la escuela de Arte de Morón, en Ciego de Ávila, fueron trasladados a la Academia Vicentina de la Torre, en Camagüey.

«Junto con ellos llegaron hasta la tierra de los tinajones mesas de dibujo, tórculos, hornos eléctricos y toda la tecnología que garantiza la enseñanza», comentó a JR María Mercedes García Vegas, directora del plantel.

«La decisión —agregó— se adoptó a partir de la reconfiguración del sistema de la enseñanza artística y profesional en Cuba, pues en este curso escolar que terminó abrieron sus puertas 37 de las 45 instituciones con las que contaba esta enseñanza».

Esta reestructuración está en correspondencia con el ahorro que se le pide al sector, para alcanzar un mejor aprovechamiento de los recursos humanos y materiales y garantizar la calidad del proceso docente-educativo.

Sin embargo, lo que parecía una decisión objetiva y coherente, como parte de las nuevas estrategias introducidas en el Ministerio de Cultura, se ha convertido aquí en un problema. «Los hornos eléctricos para “cocinar” las piezas de cerámica de los estudiantes no se contemplaron en el plan energético, acorde con lo que consumían durante años en la escuela homóloga en Morón: 32 KiloWatt por hora (KW/h) para el horno grande y otros 16 KW/h para el más pequeño.

«Desde entonces iniciamos un proceso de solicitud de energía eléctrica, apoyados por la Dirección de Cultura en el territorio, pero aún no hay una respuesta, a pesar de las gestiones», reconoció García Vegas.

Alegría que duró poco

La Academia de las Artes Vicentina de la Torre se erige en una de las edificaciones más importantes de la ciudad de Camagüey, un inmueble colonial de gran belleza neoclásica, que data de 1849. Este centro formador de artistas ha aportado valiosas figuras a la cultura nacional e internacional, durante 35 años ininterrumpidos.

En 2002 el edificio recibió una restauración capital, lo que lo privó de sus vetustos hornos de leña, «porque las nuevas paredes y techos de poliespuma demandaban de una tecnología que no representara peligro de incendio», informó Osmany Varona, subdirector de Artes Plásticas.

Recordó el también profesor de esta especialidad que al conocerse del traslado de los hornos eléctricos, «nos alegramos, por lo que ello significaba para la calidad integral de la enseñanza. Pero la realidad ha demostrado todo lo contrario. Desde septiembre hemos querido echarlos a andar y no se ha podido».

Valoró el Subdirector que de funcionar los aparatos eléctricos —costosa tecnología importada— se podría conservar la labor artística de los estudiantes y desarrollar proyectos culturales que luego puedan ser donados a las comunidades e instituciones. «Pero esto no es posible», refirió el especialista.

Este profesor no es el único que espera por una solución a tanta demora. Estudiantes como Ernesto Esquijarosa Sánchez, de segundo año en Artes Plásticas, tiene la misma preocupación.

«Para los alumnos será un sueño realizado que los hornos funcionen, porque no solo preservaríamos las obras que actualmente son archivadas en fotos, sino que podríamos competir en eventos y exhibirlas en diferentes muestras, para ampliar nuestro currículo».

Mas, una preocupante ronda a este joven de 18 años de edad y al resto de sus compañeros: «¿funcionarán los hornos cuando se conecten a la corriente, después de estar apagados por casi un año?».

Al permanente reclamo de la Vicentina de la Torre se suma Ernesto Escobar, presidente del Consejo Provincial de las Artes Plásticas en Camagüey, quien afirmó: «Es casi ilógico lo que ocurre con estos medios, pues ellos tenían un consumo establecido en la Escuela de Morón, que nunca se tuvo en cuenta para su traslado a Camagüey.

«Ciertamente hubo falta de previsión, comunicación y de seguimiento al problema, pero, ¿por qué no se ha rectificado a tiempo? ¿Cuánto significa, para quienes tienen que decidir, firmar el documento que autorice el traslado del consumo de energía de los hornos eléctricos?».

A bolina las cartas

Un largo proceso de trámites ha experimentado no solo la dirección de la Academia Vicentina de la Torre, sino también el sectorial de Cultura en este territorio, el cual se ha desgastado en averiguaciones y peticiones a todos los niveles administrativos.

El pasado 16 de abril Irma Horta Mesa, directora provincial de Cultura, escribió una carta a la dirección de su Ministerio, en la que afirmaba:

«Con la instalación del equipamiento, fundamentalmente los hornos de cerámica, el consumo eléctrico eleva los gastos y sobrepasa las asignaciones del centro, por lo que se evaluó con el CAP —Consejo de Administración Provincial— se solicitara a través de la Dirección Provincial de Cultura, y por su intermedio al Ministro de Economía y Planificación, la distribución de la cifra que cubra estos gastos de la asignación de Ciego de Ávila para Camagüey». Insistió, además, en su carta: «La escuela de Morón no tiene los equipos y sí la asignación, y nosotros —la Academia Vicentina de la Torre— tenemos los equipos y no cubrimos la necesidad de energía».

Luego de dos meses de esta petición y de trámites permanentes, la respuesta aún sigue sin una concreción objetiva en este centro de enseñanza camagüeyano.

Las palabras de Camilo Duque Estrada, especialista principal de la Subdirección de Energía, en la Dirección Provincial de Economía y Planificación en Camagüey, revelan que hubo irresponsabilidad desde el inicio del traslado de los recursos hacia la Vicentina de la Torre.

«La transferencia de equipos entre provincias —apuntó Duque Estrada— debe efectuarse también con los planes de electricidad, combustible… que poseen esos medios, independientemente de la provincia que los recepcionará».

Aseguró el especialista que en cuanto esa autorización del Ministerio de Cultura llegue a la Dirección de Economía y Planificación en Camagüey, se efectuará la desagregación de energía mensualmente.

Al ver cómo se dilata este asunto, muchos se preguntan: ¿Por qué continúa el embotamiento si al parecer la  situación puede resultar fácil, ágil y sin complicaciones administrativas?

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