Artemisa, historias dentro de la Historia - Cuba

Artemisa, historias dentro de la Historia

Juventud Rebelde publica algunos de los artículos enviados por nuestros lectores sobre esta joven provincia, donde este sábado se celebra el Día de la Rebeldía Nacional

Autor:

Juventud Rebelde

Una experiencia de un delegado del Poder Popular, la historia personalísima de una mujer que se considera artemiseña, el homenaje a los héroes que hoy reposan en el Mausoleo del 26 de julio, las anécdotas de una maestra de varias generaciones evocada por un joven y el agradecimiento de un estudiante de medicina chileno son algunas de las historias enviadas por nuestros lectores en torno a Artemisa.

Y así como lo anunciamos, en este Día de la Rebeldía Nacional todos confluyen en un espacio común para historias del día a día, historias dentro de la Historia de un territorio vibrante de ideas y patriotismo.

A continuación compartimos los artículos enviados a Juventud Rebelde por nuestros lectores.

Algo que llegó para quedarse

por Yhosnel Hidalgo Arencibia

La experiencia con la aplicación en la separación de funciones de los Consejos de Administración y de las Asambleas Provinciales y Municipales del Poder Popular es algo que a mi entender llegó para quedarse. Solo falta que se pueda consolidar y que la mentalidad de nuestros dirigentes a nivel de provincia y municipio cambie de filosofía.

Las asambleas conformadas por los delegados electos por el pueblo tienen como nunca antes la responsabilidad de exigirle a las direcciones administrativas el cumplimiento de sus funciones sin llegar a ser juez y parte, como sucedía en la estructura anterior. Es por ello que el papel principal se concentra en darle respuesta a los planteamientos de la población y exigir porque sea ágil y abarcador.

La experiencia mía como delegado de base y como delegado a la Asamblea Provincial de la antigua provincia de La Habana así lo demuestra y les cuento:

Las asambleas que tuvieran en su orden del día la rendición de cuenta del Consejo de la Administración ya sea Municipal o Provincial eran para no tomarlas en serio por el simple hecho que el presidente o presidenta se levantaba de su asiento y se colocaba en el podio para leer el informe que él como jefe de la administración redactaba. ¿Conclusiones? Informes superficiales carentes de objetividad porque él mismo era el responsable de todo lo que no se había cumplido y eso por lógica no funcionaba.

Hoy es diferente. El presidente de la asamblea no administra sino que exige por el cumplimiento de los planes aprobados en su mandato y tiene mucho más tiempo para dedicarle a sus electores y canalizar sus necesidades y darle el seguimiento que merecen los planteamiento de los electores en su asamblea y en las rendiciones de cuenta del delegado a sus electores.

Esta experiencia debe extenderse al resto del país.

¡Hay sangre de Artemisa brillando en la bandera!

por Eneida Morejón Pando y Marta Zahylí Troncoso Hernández

Entre los monumentos nacionales declarados de la actual provincia Artemisa, destaca uno que por su significación ha trascendido los marcos del espacio que ocupa. El Mausoleo a los Mártires de Artemisa, que fue inaugurado el 16 de julio de 1977, dedicado a la memoria de aquellos jóvenes artemiseños de la Generación del Centenario participantes en el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953.

Artemisa aportó el 20 por ciento de los hombres a la gesta moncadista. Preparados y entrenados en los alrededores de la entonces provincia Pinar del Río, y organizados por José Suárez Blanco entregaron a la historia una cuota de heroísmo joven y desinteresado, de patriotas convencidos en una causa combativa heredera del fervor revolucionario de los patriotas del siglo XIX.

El monumento destaca por su imagen visual que se adecua al entorno en que fue localizado, en el barrio La Matilde, donde vivieron casi todos los jóvenes. Su lápida blanca y el Cubo de la Victoria atraen al transeúnte por la fuerza expresiva de sus figuras y colores e incitan al visitante a entrar en su interior a través de la rampa que da acceso a la parte soterrada en el que se halla el Túnel, cuyas paredes están cubiertas de un mural realizado en barro cristalizado y que expresan escenas de la historia cubana y artemiseña; la Sala Mortuoria donde descansan los restos de los jóvenes participantes en el asalto y la Sala Museo que expone objetos pertenecientes tanto a los mártires como a los héroes que en el año 2000 solicitaron descansar junto a sus compañeros caídos en combate y para los cuales se realizó una ampliación que se complementa con la concepción original del mismo.

Dotado de un equipo de especialistas experimentadas ofrece sus servicios al público todos los días de martes a domingo a través de visitas dirigidas que ilustrarán al visitante de un conocimiento amplio y profundo de la historia nacional. Así como Martí con el polvo del camino se detuvo al pie del monumento de Bolívar, todo visitante que llega a Artemisa se detiene en el Monumento Mausoleo a los Mártires.

Recuerdos y vivencias de Artemisa

por Adelaida Macías Saínz

Guardo muy gratos recuerdos y vivencias de Artemisa de la época de mi niñez. Tengo ahora 68 años, así que remontándonos unos cuantos años atrás me viene a la mente mi niñez cuando yo, centrohabanera del Barrio Chino de la capital, iba cada año a pasar mis vacaciones en casa de mis padrinos.

Aunque mi mamá vino a trabajar muy jovencita para La Habana con mi abuela, mientras mi abuelo, que era maestro rural de los de verdad, se mantenía trabajando en sus escuelitas de aquella época en la zona pinareña, toda su familia era artemiseña, incluidos unos tíos abuelos míos –Nena y Mangolo- que me bautizaron y que como solo tenían hijos varones, yo era su niña preferida.

Acostumbrada a vivir en un apartamento en altos en Centro Habana, todos los años añoraba que llegaran las vacaciones, porque al otro día de acabarse las clases mi padrino me venía a buscar y en una ruta 35 partíamos hacia Artemisa, donde yo me pasaba los casi tres meses de vacaciones que había antes en las escuelas.

Me encantaba aquella casona en la calle Maceo, bodega por medio con el famoso Cedro del Líbano, uno de los mejores lugares en Cuba donde se podía comer un sándwich, cuyos dueños eran unos moros (había una importante comunidad a la que la gente le llamaba los moros pero que supongo deben haber sido libaneses fundamentalmente); ellos —si mal no recuerdo— se llamaban José y Juan y allí trabajaba uno de mis primos.

Del otro lado vivían los Villar. El padre, Tata, un hombre muy educado, decían que era poeta, creo que trabajaba en el banco y ella, la madre, se llamaba Nina y tenían una numerosa familia. Eran como seis varones que se caracterizaban por tener apodos muy simpáticos como Chongo, Funche, Jalisco, Terremoto (ya para aquella época los mayores se habían casado y solo quedaban en la casa los más jovencitos pero igual todos pasaban por allí); las dos muchachas eran muy bonitas, Celia y Margot, una rubia y la otra trigueña, a las que yo quería parecerme cuando fuera grande.

Yo disfrutaba mucho pasar mis meses de vacaciones allí, sentarme en los típicos sillones de madera en el portal a mecerme y ver pasar y saludar a los vecinos por la ancha acera, jugar en el amplio patio cementado de la casa con mis fantasías infantiles en que yo me creía que estaba en un palacio, comer ciruelas y guayabas del traspatio, que era de tierra, admirar las plantas que sembraba mi otro tío abuelo Mario, que tenía manos de oro para eso.

Los sábados y domingos, con algunas muchachas de la familia o vecinas iba a dar el paseo por el parque, o al cine, que quedaban allí también los dos que recuerdo, tomábamos «frozen» en el Hotel Campoamor, o buscábamos pan de una panadería que lo sacaban del horno calientico y directico al cartucho. También recuerdo el Hotel Sevilla, siempre muy animado, en la esquina de Maceo y República, enfrente la Terminal de Ómnibus, punto obligado de nuestros «ires y venires» artemiseños.

Recuerdo perfectamente las tiendas en la calle República (La Colosal, La Complaciente), el Casino Español, muy cerquita de la casa, donde montábamos hamacas y botecitos por las tardes. Allí todos los años religiosamente mis padres iban a esperar el nuevo año desde La Habana, porque se reunía prácticamente toda la familia de mi mamá y el 1 de enero era el cumpleaños de mi padrino –Manuel Quintana- todo un personaje, fecha de celebración obligatoria con mesa en el patio y todo.

Otras fechas estaban asociadas a nuestros viajes a Artemisa el resto del año, una de ellas la celebración del día del patrón del pueblo, San Marcos Evangelista me parece que era, donde había bailes para los mayores y muchas cosas para celebrarlo y la vísperas de la Caridad del Cobre, de la cual mi padrino era muy devoto y tenía un altar en la sala de la casa. Él decía que ella había hecho el milagro de salvarlo de un infarto y a eso debo yo el llevar el «de la Caridad» en mi nombre. Para esa ocasión se hacía una fiesta la víspera para esperar el día de la virgen y venía mucha gente también a celebrar.

Como esas eran fechas religiosas, también había procesión que le daba la vuelta al pueblo, ferias y demás.

Desde chiquita recuerdo la defensa que le hacía a Artemisa cuando la comparaban con otros pueblos cercanos, porque siempre la encontré activa, bonita, con mucho movimiento y alegría y también supe después que muy patriota y revolucionaria, valga solo mencionar los mártires del Moncada como ejemplo.

Cuando me fui a alfabetizar en 1961, y después me bequé, ya no fui más a esas largas estancias. Mi padrino murió estando yo en la Campaña y posteriormente mis primos vinieron a cumplir tareas de la Revolución a La Habana y trajeron a mi madrina. Otros familiares también se dispersaron, pero entre los más gratos y entrañables recuerdos de mi infancia siempre tendré a Artemisa presente.

Cuando en épocas más recientes me ha tocado por mi trabajo tener contacto con esta provincia siempre me identifico como si yo fuera artemiseña, aunque no hubiera nacido allí. Creo que eso es sentirme artemiseña de corazón, que es más importante todavía.

«Cusa» la maestra

por Sadiel David Duque Rodríguez

Soy un joven bloguero y periodista, digamos por cuenta propia. He visto su anuncio y quería sumarme a dicho tema pues creo que es importante que se sepa parte de la vida de una revolucionaria que aun hoy con 93 años de edad sirve a la patria de Martí.

Su nombre es Anisia Menendez Dias, pero quizás muy poco la conozcan en Güira de Melena, municipio de Artemisa, donde vive.

Decía que quizás muy poco la conozcan por ese nombre, pero si decimos «Cusa» entonces se escucharían las exclamaciones y los que responderían «Cusa la maestra».

Resulta que esta maravillosa mujer nació en el año 1921 en Güira de Melena, entonces La Habana, en el seno de una familia humilde, hija de padre asturiano y madre negra, hija de esclavos. Era la menor de 16 hermanos y desde joven se inclinó por la educación, tarea que aun hoy realiza.

En los años 50 era ya famosa en este municipio y junto a gran parte de sus hermanos realizaban la hermosa tarea de educar. Tanto es así que tal orgullo se convirtió en tradición familiar donde hoy la gran mayoría son educandos.

Corría ya el año 1958 cuando se vio necesario un cambio de política hacia el país y ella dio su paso al frente apoyando al joven Fidel Castro. Muchas veces arriesgó su vida pues los esbirros de Batista la tenían fichada, los mismos personajes que años antes habían recibido de ella el don de escribir.

Después del triunfo de la Revolución ocupa grandes cargos y liderazgos dentro del municipio. Alfabetiza ella sola a más de 100 personas dentro y fuera de los límites del pueblo, funda como presidenta la FMC, funda los CDR y fue presidenta por más de 40 años de la mesa electoral de su Comité. Ha enseñado a más de 20 generaciones de personas. Cuando el país crea la universidad del adulto mayor ella fue la encargada de unir personal para su materialización y fue la primera presidenta de la misma en Güira de Melena.

Mujer cumplidora, ayudó a la causa del 26 de julio donando comida y ropa a muchos de los jóvenes que se ocultaron en la finca donde vivía en aquel entonces. Apoyó junto a otras mujeres a los clandestinos muchos de los cuales no pudieron luchar el 26 físicamente pero aportaron ayuda material al hecho.

Esta mujer no tuvo la dicha de ser madre biológica pero crió y educó de miles de maneras a personas que hoy son de bien y sobre todo revolucionarios, militantes del partido, médicos internacionalistas, y muchos han llegado a formar parte del Consejo de Estado.

Creo que es meritorio que los artemiseños y Cuba en general sepan que esta mujer aún vive y sirve a la patria, y más aún que su provincia es sede del 26 de julio, hecho aquel que ayudó anónimamente a que se realizara.

De Artemisa no conocía nada

por José Darío Joffre Cavieres

Creo que cuando llegué por primera vez a Cuba sobrevolé lo que en unos años más se convertiría en la actual provincia de Artemisa y hoy es mi hogar. Soy un estudiante chileno de la carrera de medicina, actualmente estoy en quinto año y de Artemisa nunca había escuchado nada, y eso que vivía a escasos kilómetros en la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Hoy junto a compañeros de Argentina, Honduras, Brasil y Bahamas, conformamos la brigada número 3 en el hospital Ciro Redondo, y desde que llegamos he visto como la provincia ha crecido, y nosotros junto a ella.

Le doy gracias a Fidel por habernos permitido ser los primeros estudiantes descentralizados de la ELAM en venir a un maravilloso lugar.

Acá hemos conocido amor y entrega por los habitantes de la provincia que nos acogió con las manos abiertas. Aunque no soy de mucho escribir, en nombre de todos los estudiantes de la ELAM le damos las gracias por seguir forjando nuestro futuro y nosotros de nuestra parte daremos todo lo nuestro para ser parte del ejército de batas blancas de Fidel.

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