Siento cómo me gano el respeto de la gente - Cuba

Siento cómo me gano el respeto de la gente

Juventud Rebelde conversa con Karina Rodríguez Martínez, la líder comunitaria de 17 años de la finca La Paila, en Bacuranao, poblado periférico del municipio capitalino de Guanabacoa,  enamorada de la Federación de Mujeres Cubanas

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

«Para aquí, esta debe ser la calle», dijo el fotógrafo luego de tanto andar buscando la finca La Paila, en Bacuranao, poblado periférico del municipio capitalino de Guanabacoa.

«Vamos a preguntar a aquella niña», decidió el chofer, pero al acercarnos una sospecha se volvió certeza: los ojos de la pequeña decían a las claras que nos estaba esperando porque ella era Karina Rodríguez Martínez, la líder comunitaria de 17 años enamorada de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

Pronto nos desarmó la seguridad que emana de su menuda figura, el ardor de sus expresiones y la rapidez y coherencia de sus respuestas.

«Siempre he aparentado menos edad de la que tengo... Para serles sincera me gusta, porque siento cómo me voy ganando el respeto de la gente. Me asustó un poco enfrentar los retos de la FMC en estos tiempos. Conocía poco de su historia, sus objetivos, pero las que tienen muchos años en esta labor vieron posibilidades en mí y acepté.

«Siempre tuve cargos en los Pioneros, soy militante de la UJC y ahora dirijo la FEEM en el preuniversitario Víctor Marante, en Santa Fe. Eso influyó en que me dieran tanta responsabilidad.

«Hablo con los jóvenes como joven que soy. Sé cuándo tengo que atemperarme, comportarme con respeto y ganarme un lugar con quienes tienen experiencia.

«Las mujeres de esta zona por lo general son modestas, hogareñas y no tratan de sobresalir con la moda. Más bien tratan de ayudarse unas a otras, y como me he criado en ese clima sé que puede ser una fortaleza», resume.

Nuestra entrevistada es hija única, inquieta, creativa, espontánea, cuidadosa de su apariencia pero sin exagerar. «No soporto perder el tiempo ni cogiendo fresco en el portal; busco cosas que hacer y trato de organizarme para llevar todo a la par».

A diferencia de algunas coetáneas, puede hablar del futuro que sueña para sí. «Periodista: quiero ser periodista deportiva porque hay pocas mujeres en esa función. También seguiré trabajando con la FMC porque siento que hace mucha falta. Yo no sabía casi nada hasta que arribé a los 14 años y no quiero que les pase lo mismo a otras adolescentes».

Esa es la preocupación que llevó como delegada en el pasado Congreso de la FMC. Cree firmemente que la organización puede renovarse, aprovechar a las jóvenes que la integran y rescatar su labor más atractiva en los bloques, donde más falta hace hoy el activismo femenino.

Le preguntamos si no siente que con los CDR se duplica el trabajo en la comunidad, o si no le han dicho alguna vez que las mujeres cubanas ya lo han conquistado todo.

Responde con una sonrisa: «Como cederistas asumimos otras tareas, pero ser mujer es especial. Tenemos el don de tocar corazones, podemos dialogar sobre las intimidades y ayudar a las familias.

«En Cuba es normal hace mucho tiempo que las mujeres tomen las decisiones sobre sus cuerpos, el trabajo, la pareja o cuándo tener hijos. Las jóvenes nacimos con todos esos derechos y ni los vemos como conquistas de las mujeres organizadas. Nos parecen naturales, pero otros países están muy lejos de lograrlo.

«Tal vez hablar de condones ya está superado. Hoy las pláticas no son las de hace 20 años, pero hay problemas nuevos y otros urgentes: droga, prostitución, adolescentes que faltan a sus escuelas,     autocuidado de la salud…

«Casi todo está dicho por diversas vías. A nosotras nos toca convencer y demostrar, por ejemplo, que un ambiente violento es perjudicial para la crianza de los hijos y a la larga afecta a la sociedad, y hablamos de una violencia que no siempre se ve, pero hace mucho daño.

«Mi barrio no es problemático, pero a otros hay que ir con más tacto, con opciones de cursos que despierten la vocación de jóvenes que no estudian ni trabajan y se meten en problemas. Siempre podemos ayudar a que los hijos descubran otras vías para resolver conflictos.

«Cuando la FMC se encarga de eso se hace más humana y eso es todo lo que necesita para mantener su prestigio. Nosotras somos el enlace entre la comunidad y los consejos de escuelas, la FEEM y la FEU. Mientras la FMC pueda ayudar a formar mejores personas y corregir hábitos y conductas dañinas, va a tener sentido la organización. A nuestra manera, vamos a ser útiles y a hacer historia, para que las nuevas se identifiquen más y las fundadoras vean que no se ha perdido nada».

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