El día que salvaron el ojo de Nathalie

Un fragmento de bolígrafo penetró 5,5 centímetros en la cavidad ocular del ojo izquierdo de una niña de dos años y fue extraído por oftalmólogos matanceros

Autor:

Hugo García

MATANZAS.— Madre e hija viajaban en un ómnibus. En el momento de bajarse del vehículo, la niña de dos años jugaba con un bolígrafo y, al poner el pie en el último escalón, se escapó de las manos y cayó hacia delante. Cuando la cargaron vieron que tenía algo en el ojo, una cosa negra que imaginaron era parte del instrumento de escritura.

Así comenzaron horas trágicas para la pequeña y su madre, la doctora Leivys Prieto Fagundo, quien es subdirectora del hospital municipal Iluminado Rodríguez, de Jagüey Grande.

«No se le veía el ojo, solo notábamos entre los dos párpados aquel fragmento de plástico», narra Leivys aún con abatimiento.

Entre la desesperación y el pánico no perdieron tiempo, corrieron para el hospital municipal, donde la vieron el pediatra y el oftalmólogo, y se decidió remitirla para el hospital pediátrico provincial Eliseo Noel Camaño, en la ciudad de Matanzas, distante a más de 90 kilómetros de Jagüey.

«Salimos en una ambulancia, y sobre las 5:30 de la tarde ya estábamos en el pediátrico, donde la examinaron y se determinó que había que llevarla al quirófano para extraerle el cuerpo extraño. Todos estábamos alarmados al ver las condiciones en que estaba la niña, muy inflamada. Lo más impresionante era ver entre los dos párpados aquel plástico y que no se le veía el ojo», precisa Leivys.

Emergencia en el Pediátrico

La insólita historia había comenzado un sábado, sobre las cuatro de la tarde, en un carro de la base de ómnibus escolares de Jagüey Grande.

A partir de ese momento la Medicina cubana ponía a prueba nuevamente su talento y profesionalidad, cuando un equipo de tres especialistas de primer grado en Oftalmología decidió realizar una intervención quirúrgica en uno de los ojos de la niña Nathalie de la Caridad Rodríguez Prieto.

La joven Liudmila García Fariñas, especialista en MGI y de primer grado en Oftalmología, rememora que cuando Nathalie llegó desde Jagüey Grande, ya ella había salido de su guardia en el pediátrico.

«Me llamaron por teléfono y me dijeron que era una niña pequeña que había sufrido un trauma ocular con un bolígrafo. No tenía idea de la envergadura, si era solo una herida o un trauma más complicado. Estaba decaída, la tenían cargada y vomitaba. Cuando la vi de frente me impresionó, porque lo único que se podía ver a través de los párpados era una lágrima con sangre y el pedazo del bolígrafo. Llamé a mis compañeros de equipo y decidimos, de conjunto, realizar todas las pruebas pertinentes para saber hasta dónde había penetrado el objeto y las estructuras que había dañado».

Fueron momentos de mucha tensión, recuerda también la joven doctora Daymaris Sánchez Valdivia, especialista en MGI y de primer grado en Oftalmología, quien acudió con prontitud al llamado de emergencia.

«El objeto penetró por el ángulo interno del ojo izquierdo, bordeando todo el glóbulo ocular en dirección hacia la órbita. Cuando la vimos, pensamos que existía una perforación ocular y no se veía más ninguna estructura por el edema del párpado. Le indicamos rayos X de órbita y observamos la posición del objeto, y en la tomografía axial computadorizada (TAC) se precisó que no existía daño del glóbulo ocular».

Daymaris, también jefa de los servicios oftalmológicos del pediátrico provincial, refiere que ese pronóstico visual era favorable y que ya en el quirófano, luego de extraer el cuerpo extraño, apreciaron la puerta de entrada del objeto, que fue entre el ángulo interno del ojo izquierdo hacia abajo.

«Vimos el desgarre conjuntival, examinamos la conjuntiva y determinamos que estaba bien el músculo inferior, al observar que no existía ningún daño a las estructuras, por lo que se procedió a suturar».

Liudmila confiesa que todos estaban nerviosos, con mucho estrés, y que al final se dieron cuenta de que el objeto tomó el camino más fácil y no dañó el ojo.

«Normalmente un objeto punzante y grande como este siempre daña el ojo, pero esto fue increíble, pues penetró por debajo de la conjuntiva sin dañar ni siquiera el músculo que está tan cerca. Su evolución ha sido mucho más rápida de lo que imaginábamos, prácticamente no tuvo edema, y alrededor de los tres días ya ese ojo no parecía que había sufrido un trauma tan severo».

Foto: Cortesía de los médicos.

El experimentado médico Raúl Delgado García, especialista de primer grado en Oftalmología y vinculado a esa especialidad desde 1974, ha visto muchos casos extremos, algunos con evolución menos favorable que este y con consecuencias más severas como la pérdida del ojo.

«Este es un caso impresionante hasta para quien inventó la Oftalmología, pues no se veía el ojo, solo un pedazo de plástico circular de casi un centímetro de diámetro, sin saber el largo del objeto, por lo cual siempre se piensa en lo peor. No obstante, lo discutimos en grupo, porque los ojos se caracterizan por ser estructuras que están sujetas por músculos en una cavidad mucho más grande, que al recibir un impacto que no sea penetrante ni a mucha velocidad, tiene la posibilidad de huirle, al tener los ojos una forma con un ángulo de desvío».

Dura prueba para todos

«Nunca pensamos en perspectivas tan buenas como fue el resultado. Los médicos se reunieron. Todos nos consolaban, porque fueron unas horas difíciles de nuestras vidas. Entre todos se decidió una radiografía, en la que se observó que era necesario la valoración con neurocirugía. Se le realizó a la niña una tomografía, y el diagnóstico del neurocirujano fue que el ojo estaba íntegro, y que solo el cuerpo extraño estaba ahí, que no era tan pequeño, porque era de aproximadamente cinco centímetros de largo», nos dice aliviada la mamá.

«Sobre las nueve de la noche entregamos la niña a los tres oftalmólogos, la anestesióloga y todo el personal del salón de operaciones, y afortunadamente extrajeron el cuerpo extraño. La intervención fue un éxito y la evolución maravillosa. Comenzamos con el tratamiento de gotas cada una hora, noche y día, y realmente la evolución fue favorable. Esto es un milagro, porque la ciencia no explica cómo un pedazo de bolígrafo de ese tamaño no dañó la estructura del ojo. Todavía faltan pruebas para definir visión, aunque a grandes rasgos ve bien por ese ojo y, desde el punto de vista físico, está perfectamente bien; ahora nadie sabe en qué ojo sufrió el accidente», explica.

Manuel Rodríguez Cartaya, el papá de Nathalie, se muestra muy agradecido de los médicos y de la forma en que funcionó el sistema de salud. Su familia se siente feliz de que la operación fuera un éxito.

«Fue un momento duro. Los oftalmólogos fueron muy profesionales», resume emocionado Manuel, quien pensó que el mundo se le venía encima al ocurrirle una desgracia semejante a su niña.

Tanto la abuela materna, Leticia Fagundo Rodríguez —quien diariamente cuida a Nathalie—, como el abuelo Vicente Prieto Morejón, aseguran que es una niña cariñosa, pero a la vez inquieta e hiperactiva.

Hecho increíble

La doctora Daymaris explica que la penetración del bolígrafo pudo causar daños a las estructuras oculares por perforación del glóbulo ocular, pérdida de la estructura del órgano, y hasta pudo llevar consigo la enucleación del ojo.

«¡Es algo increíble!, afortunadamente el objeto bordeó el glóbulo ocular», exclama la joven doctora. «Al penetrar la punta del bolígrafo, partirse y quedarse clavado estático, la paciente llegó al cuerpo de guardia con el objeto dentro del ojo. Casi siempre ocurre que el objeto puede ser un alambre, un lápiz u otra cosa punzante, y siempre la familia o allegados se lo retiran. En este caso la niña llegó con él. Se aconseja en estos casos que no se extraiga y que el encargado de diagnosticar y retirarlo sea un especialista».

Liudmila imaginaba que era una porción más pequeña del bolígrafo la que había penetrado. «Cuando lo extrajimos quedamos impresionados, pues era casi la mitad del bolígrafo lo que había penetrado. En Jagüey Grande adoptaron una sabia decisión, porque a la vez que tratas de extraerlo sin tener idea de por dónde andaba, habría sido bien probable que se hubiera dañado el ojo».

El oftalmólogo Raúl Delgado sostiene que fue un diagnóstico discutido por el grupo de especialistas: «La niña se durmió dentro del salón de operaciones, y después buscamos la mejor vía para extraer el cuerpo extraño, que a todos nos pareció enorme.

«Fue la decisión correcta, lo demostró la realidad, pues no abrimos por otro lugar para extraer el cuerpo extraño, sino que se decidió usar la misma vía de penetración, teniendo en cuenta que no era un anzuelo de pesca, que hace más daño al salir que al entrar, y que la punta del bolígrafo iba de una estructura mayor a menor, en forma cónica. Ya el camino estaba recorrido de forma más traumática de lo que nosotros lo íbamos a sacar y se protegió el ojo, las vías lagrimales, se dio el ángulo que se necesitaba y con seis manos sacamos el objeto sin lamentar males mayores».

Foto: Cortesía de los médicos.

Los especialistas coinciden en que el ojo de la niña ha evolucionado favorablemente, sin ningún daño. Sin embargo, en la reciente consulta en el pediátrico, se indicó que hay que brindarle seguimiento especializado durante uno o dos años, para seguir de cerca cómo evoluciona su visión.

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