Un museo entre las nubes

El 16 de octubre de 1958 llegó al Escambray la Columna 8 Ciro Redondo, dirigida por el Che, y se constituyó el Frente de Las Villas. Desde 2003, uno de los lugares que le sirvió de refugio acoge al museo que atesora pasajes del accionar de esa fuerza

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

GAVILANES, Sancti Spíritus.— El Escambray impone respeto cuando se le mira desde sus estribaciones. Los trillos se cruzan y se pierden entre la tupida vegetación del lomerío ubicado en el municipio de Fomento, de tal modo que se antoja quimérico intentar domar esta sierra.

Así, se precisa de mucha entrega para adentrarse en busca de la historia que encierran esos parajes. Hasta allí llegó, hace 56 años, sin despojarse del polvo, el cansancio y las tensiones propias de la marcha en duras jornadas por el llano, perseguido por el ejército de Batista, un grupo de guerrilleros provenientes de la Sierra Maestra, que cambió la vida de los hombres y mujeres del lomerío villareño.

Todos iban dirigidos por Ernesto Guevara de la Serna, gran estratega militar, y de conjunto con quienes combatían desde febrero de 1958 en el Escambray, se constituyó el 16 de octubre de ese año el Frente de Las Villas, fuerza decisiva para la obtención de la victoria final sobre la tiranía.

A pesar del tiempo transcurrido, el poblado de Gavilanes mantiene vivo parte de ese pasado. Justo en una pequeña colina crece empinada una casa de tablas y tejas que un día cobijó a la tropa del Che y fue posta médica de las fuerzas que operaban en el lomerío. Allí se yergue actualmente el Museo del Frente de Las Villas.

La génesis

A finales de 1930, el matrimonio de Antonio González y Felipa Suárez se asentó en el humilde caserío de Gavilanes. Unas pocas casas dispersas y un trillo para salir hasta El Pedrero —la comunidad más cercana, distante a unos 15 kilómetros— se dibujaban entre el verdor del lomerío.

Él administraba una finca norteamericana, dueña de la mayoría de las tierras de esa zona, y ella era la típica mujer campesina, ama de casa. Ambos debieron sortear la precariedad de aquel momento histórico y, sin percatarse, aportaron con un gesto trascendental a la historia patria.

La noticia de la llegada de la Columna 8 Ciro Redondo al centro de la Isla, dirigida por el Che, corrió al ritmo de los arroyos de la serranía. Casi todos ofrecieron su colaboración. Hasta la humilde morada de Antonio y Felipa llegaron los guerrilleros. A partir de ahí su techo fue cobija segura.

El desgaste físico de los hombres, quienes recorrieron más de 600 kilómetros para traer la lucha armada y cumplieron su cometido pese a heridas de guerra y otras dificultades, motivó que se decidiera crear allí una posta médica, que ofrecería además sus servicios al resto de la comunidad.

Médicos y enfermeras sensibilizados con la gesta, como los doctores Vicente de la Hoz y Allan Rosell, se encargaron de curar y hasta se realizaron pequeñas operaciones en el austero local. Se compartieron, también, medicamentos, víveres, zapatos y ropas, gestos que dejaron ver las ideas de aquellos «intrusos» llegados desde Oriente.

De esa forma, el Che y su tropa comenzaron a ganarse la confianza de los serranos de Las Villas. Posteriormente el Comandante rebelde se trazó la misión de unificar a los diferentes grupos que operaban en la zona: el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, el II Frente Nacional del Escambray, el Partido Socialista Popular, pequeñas representaciones de la Organización Auténtica y el propio Movimiento 26 de Julio.

La estrategia definitoria

Pero el Che decidió no aguardar por la agrupación de todas las fuerzas —hecho concretado el 1ro. de diciembre de 1958, cuando integrantes del M-26-7 y del Directorio Revolucionario 13 de Marzo firmaron el conocido pacto de El Pedrero— para golpear al ejército batistiano en distintos puntos.

El 26 de octubre fue el bautismo de fuego en el Escambray. Güinía de Miranda se convirtió en el escenario escogido. La victoria demostró que el lomerío estaba listo para expulsar de allí a la tiranía.

A partir de ese momento, esta fuerza combatiente fortaleció sus posiciones en vías de acceso a la serranía, construyó refugios antiaéreos, colocó minas y creó reservas. Y hasta se constituyó la Escuela de Reclutas Ñico López, fundada en Caballete de Casa con el fin de preparar una matrícula de 200 jóvenes rebeldes recién incorporados a la tropa.

Los miembros del Frente de Las Villas se defendieron en forma escalonada y desgastaron al enemigo. Contraatacaron y maniobraron con sus fuerzas, medios y reservas cuando las acciones les fueron favorables.

Poco a poco, se tomaron los diferentes poblados de la zona hasta que partieron victoriosos a expulsar al enemigo de la ciudad de Santa Clara.

Tocado por la historia

Muchos de los pasajes de las jornadas vividas en el Escambray durante octubre y diciembre de 1958 son rememorados en libros o se conocen gracias a los testimonios de protagonistas y testigos de esos hechos. Pero fragmentos de esa historia también son resguardados con sumo celo en el Museo del Frente de Las Villas, ubicado muy cerca del corazón de la mayor serranía del centro de la Isla.

La vivienda que le sirve de sede, antaño habitada por el matrimonio de Antonio y Felipa, tuvo diversos usos en los años posteriores al triunfo de la Revolución: campamento de las Milicias en la lucha contra bandidos, comedor obrero y círculo social hasta 1988, cuando se reparó para convertirla en sala adjunta del Museo Municipal de Fomento, con el objetivo de recibir a quienes participaban en las caminatas a Caballete de Casa.

A juicio de Carlos Itusis León, director de la institución, su inauguración el 16 de octubre de 2003 como museo independiente permitió ofrecer una panorámica más abarcadora de las acciones del Ejército Rebelde, la Columna 8 y la vida del Che.

Entre las piezas más importantes que prestigian al centro se encuentra, disecado, el mulo que transportó a Ernesto Guevara.

«El animal sufrió en Pinar del Río una cortadura en la pata trasera derecha y se infectó con tétanos. Decidieron entonces sacrificarlo y hacerle la taxidermia en la década de los 70. Primero se exhibió en el Museo de la Revolución y luego en el Municipal de Fomento, hasta que llegó aquí en el 2003», explica Itusis León.

Otro de los atractivos de la institución, visitada por más de mil personas anualmente, es una escopeta calibre 16, con su cañón recortado para disparar una granada, así como una réplica del periódico El Miliciano, impreso en Caballete de Casa en una edición única del 1ro. de diciembre de 1958, y fragmentos de armamentos disparados por la aviación y que impactaron la casa.

Aunque no ocupa grandes dimensiones, el museo se divisa desde la llegada a Gavilanes, poblado ubicado a 235 metros sobre el nivel del mar. Da la bienvenida al visitante una escultura de hormigón y acero —un gavilán de piedra, alegórico al nombre de la zona y en cuyo centro está la silueta del Che—, que fue realizada por el desaparecido escultor José Delarra.

«La figura del Guerrillero Heroico en contraste con la vegetación da la sensación de que el Che va vestido de verde olivo, como si aún caminara por estas lomas», añade.

Afortunadamente, el tortuoso camino que permite el ascenso al Museo del Frente de Las Villas no ha limitado a quienes desean tropezar con parte de nuestro pasado. Junto a Caballete de Casa, donde se ubicó la Comandancia del Che en el Escambray, la instalación ha sido testigo fiel de quienes desafían el cansancio y la fatiga de las caminatas que permiten adentrarse en el corazón de esta sierra.

Como en el año 1958, el lomerío hoy es «asaltado», mayormente, por la juventud rebelde, que transita por los trillos para acercarse a la última etapa de la gesta de liberación.

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