Senderos de Cuba adentro - Cuba

Senderos de Cuba adentro

El contacto con la naturaleza única de la Sierra Maestra y la posibilidad de ascender a la elevación más alta de la Isla son ofertas de la Empresa de Campismo Popular en Santiago de Cuba con salida desde La Mula, la más antigua de sus instalaciones

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

LA MULA, Guamá, Santiago de Cuba.— Después de recorrer 126 kilómetros de una carretera zigzagueante en la que el mar intenta seducir a la montaña y la historia embriaga tus sentidos con el desfile vívido de leyendas, hechos, personajes y lugares se llega a La Mula, la instalación de la Empresa de Campismo Popular más antigua de esta provincia.

Alojamiento confortable, una gastronomía variada en CUP y CUC, el baño en las cristalinas aguas del río Turquino —que atraviesa sus áreas—, y diversas actividades deportivas, espectáculos de animación, música y baile, incluyendo la tradicional fogata, dan cuerpo a la oferta de esa base, inaugurada el 2 de agosto de 1982.

Sin embargo, son el senderismo, las excursiones a sitios de interés histórico y de altos valores naturales y el contacto con su entorno mágico las ofertas más atrayentes de esta instalación, ubicada al pie de la Sierra Maestra, y que sigue renovándose a pesar del tiempo y los obstáculos, con la misma tozudez del animal que le da nombre: una mula que intentó cruzar el río crecido fue arrastrada al mar y después de tres horas de batalla tenaz sobrevivió ilesa.

Con singularidades como la de ser probablemente el único centro de su tipo en el país que alberga en su perímetro un cementerio: hiriente testimonio del pasado de abandono que sufría el campesinado de la zona antes de 1959, La Mula es también la instalación de campismo santiaguera  desde la cual se pueden divisar y acceder a las tres alturas más importantes de nuestro país: los picos Cuba, Suecia y Turquino.

Pero sobre todo esta instalación ofrece la posibilidad de cambiar el bullicio de las ciudades por la mejor lección de historia y de disfrute con conocimientos que se pueda imaginar.

Aventuras serranas

Río arriba, seis o siete veces sobre las mismas aguas, entre piedras de todos los tamaños, con la brisa más limpia acariciándole el rostro y el trinar de las aves oxigenando los oídos, avanza la caravana.

Los afortunados, que alcanzaron a montar alguno de los pocos burros o caballos disponibles, se debaten entre el balanceo de la inexperiencia y el miedo a lo escabroso e irregular del camino.

Las más, a pie, se beben el trayecto entre bromas, risas, el auxilio a aquella que cayó sentada en el río, las explicaciones sobre el entorno y la pregunta anhelante y recurrente: ¿Cuánto falta para llegar…? La misma que hace al lugareño de paso menear la cabeza y replicar desde la obviedad de lo cotidiano: «Tanto lío por una poza…».

Así, después de más de cuatro kilómetros y medio de aventuras se llega a la poza Los Morones, un verdadero paraíso de aguas cristalinas, cascadas y piedras gigantes en medio del verdor de la montaña que invita al baño, al romance, las canciones desde la orilla…

Departir con los campesinos de la zona y degustar un café de la loma pila’o, y cola’o en empina’o, y un almuerzo campestre se cuentan igualmente entre los atractivos de la expedición a Los Morones, tan demandada hoy entre las que ofrece la instalación de campismo, como el sendero al pico Turquino, aunque esta última se ve limitada por la falta de un transporte propio que les permita ofrecer el servicio completo.

Y es que todas las potencialidades de su entorno y la historia que le circunda son aprovechadas por el grupo de animación para el diseño de los recorridos, según explicó Emérido Hechavarría Sosa, uno de sus técnicos de recreación, hiperactivo, locuaz y con gran conocimiento de la historia local, lo que lo convierte en el alma de la recreación en La Mula.

Además de la excursión hasta la poza Los Morones tienen diseñadas expediciones hasta sitos como la cueva La Uvita, reino de estalactitas y estalagmitas, y hasta la playa Bella Pluma,  a seis kilómetros del centro.

Los recorridos por el Museo Combate de La Plata, en la zona del I Frente; por la comunidad de Mar Verde del Turquino, donde cayera Ciro Redondo, y hasta las cercanías del pecio del Colón, barco de la flota del almirante Cervera hundido a 20 kilómetros de profundidad durante la denominada guerra hispano-cubano-norteamericana, en 1898, completan las ofertas de excursiones.

Con 21 años de entrega a la animación de La Mula, Emérido es un convencido de que cuando el programa se monta bien, no hay tiempo para el aburrimiento en una instalación de campismo. La pasión y entrega del colectivo de trabajadores de La Mula así lo refrenda.

Por eso es lamentable que la falta de un transporte propio para asegurar excursiones como ir hasta la base del Turquino,  y el exiguo número de animales para la monta (solo cinco burros y cinco caballos) limiten que la instalación explote todas sus potencialidades e impida el acceso de mayor número de clientes, sobre todo de la provincia santiaguera, que deben llegar hasta el centro por medios propios.

De cara al futuro

A pesar de los escollos en La Mula hay unión y deseos de hacer. Damaris Méndez, su directora hace unos cuatro meses, así lo refrenda: «Trabajamos muy duro para brindar un producto de calidad, donde los visitantes se sientan como en casa.

«Estamos enfrascados en varias acciones constructivas para dotar de mayor confort a las 26 cabañas que ofertamos a turistas nacionales y extranjeros: levantamos el muro perimetral, terminamos la parrillada, remozamos las cabañas, algunas de las cuales cuentan con ventiladores y agua potable, entre otras acciones.

«Los suministros de alimentos son estables y variados, de manera que permiten una oferta gastronómica diferente cada día.»

Con 32 años de bregar junto a su entorno, La Mula es una de las instalaciones de este territorio más visitadas por clientes de todo el país, principalmente de La Habana, Las Tunas y Camagüey. Acceder a ella es posible desde cualquier oficina de reservaciones del Campismo en provincias y municipios.

En ello va la posibilidad del disfrute sano y enriquecedor, al contacto cercano con la realidad de Cuba por dentro.

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