Los primeros del millón

La provincia de Ciego de Ávila cuenta con el primer pelotón millonario de esta zafra. Una parte importante del éxito estuvo en manos de cuatro jóvenes

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

BARAGUÁ, Ciego de Ávila.— Los jóvenes Raúl Delgado Borges, Yoandry Carvajal Navarro, Yurisley García Sifonte y Ernesto Machado son los primeros en llegar al millón de arrobas de caña cortadas en Ciego de Ávila con las modernas combinadas Case.

Con ellos también existe otra coincidencia. Pertenecen al mismo pelotón: el Case-8000, de la unidad Atención al Productor Agropecuario, que tributa la gramínea al central Ecuador, en el municipio de Baraguá. Es decir, esa es la primera agrupación millonaria en la provincia.

Porque detrás de ese resultado —aunque huela a teque, pero hay que decirlo— se encuentra el trabajo de los 34 hombres y mujeres que, en pleno campo, con frío, el sereno pegajoso de las madrugadas o las pica-pica, aseguran que las combinadas mantengan su ritmo de trabajo. Sin eso es casi imposible llegar al millón en menos de un mes. Y ellos lo hicieron.

¿Dormir? ¡Usted está loco!

«Capturar» a los primeros millonarios es una misión que a ratos parece imposible y muy parecida a la persecución de la Muerte detrás de Francisca, en el cuento de Onelio Jorge Cardoso. Preguntas y preguntas, a ciencia cierta nadie sabe, aunque te indiquen la zona en específico.

Pero es que cuando llegas, el campo es tan grande que no divisas a nadie. Solo caña. Entonces sigues el consejo de los viejos y «arrancas» para el Acopio y allí te lo dan con pelos y señales: «Tumbe por esta carretera pa’bajo y como a cuatro kilómetros de aquí los va a encontrar». Y ahí están, aunque a Ernesto no se le puede entrevistar. «Entra mañana», explican.

De cerca, la Case parece una nave espacial. No ruge, ni siquiera vocifera. Más bien lo que sale de sus entrañas es un silbido, que se vuelve intenso cuando se pega al surco, baja las cuchillas y empieza a devorar caña sin gran esfuerzo.

En una pausa, Yoandry se baja en dos saltos. Al mirar la cabina, sentir el aire acondicionado, detallar la computadora, el timón —dos palanquitas— y los dispositivos del piloto automático, la primera pregunta es: «Compadre, ¿de noche usted no se queda dormido allá arriba?». Yoandry estira el cuello. «¿Dormido?, pregunta. ¡Usted está loco!».

«¿Ni cuando trabajas por la noche?», se insiste. Respuesta enfática: «Ni por la noche. El descanso por el día es para dormir. El jolgorio es para después de la zafra. Estos son meses de trabajo y hay que sacrificarse».

Conoce tu máquina

La respuesta de Yoandry es casi exacta a la de Raúl. Quizá por ahí se comprenda una de las razones por las que ellos fueron los primeros de la provincia en llegar al millón de arrobas de caña cortadas; cuando otros no lo hacen en el mismo tiempo, pese a operar una Case y tener el respaldo de colectivos igualmente trabajadores.

Yurisley García (izquierda) y Raulito Delgado, dos millonarios que guapean en el mismo turno.

Para que se tenga una idea. De acuerdo con las pautas del movimiento, como nos explican Pedro Luis López Gálvez y Elvis Gómez Calderín, jefes de turno del pelotón, al millón se debía llegar en 35 días trabajados. Los interruptos por alguna rotura no cuentan. Sin embargo, Raúl lo hizo en 20, Yoandry en 21, mientras que Yurisley y Ernesto cumplieron en 27, argumentan.

Cierto que los dos primeros son veteranos y el año pasado estuvieron a punto de llegar a los cinco millones de arrobas. No obstante, la razón es otra. «Conoce tu máquina, estúdiala bien y cuídala —dice Raúl—. Si logras todo eso, podrás mantener el ritmo. Lo importante es no parar. Pero si el equipo no está ajustado, olvídate, por muy trabajador y disciplinado que seas, te quedas embarcado».

Por ahí le entra el «agua al coco», como se dice popularmente. Como a ellos les gusta la mecánica y la computación, se han estudiado los manuales de la máquina y con los técnicos la ha revisado de arriba a abajo. Saben cómo llevarlas para que ellas no se «reviren». Al recibirlas, estuvieron un mes entero antes de iniciar la zafra probándolas para saber cómo se comportaban.

«El problema es que están automatizadas por completo y cuando las apuras, ellas mismas se aguantan», manifiestan. Al entrarle al campo, cualquiera diría que van recto por el surco. Y no es así. Primero observan cómo el viento ladeó la caña y le entran por el lado más favorable para las cuchillas. Súmele una cuenta: le toman la «puntería» al camión para que no caiga caña afuera.

Con trabajadores así es que Ciego de Ávila actualmente envía el 67 por ciento de la caña cortada directo al central, lo que asegura materia prima fresca, con abundante jugo para sacarle azúcar y que, a la vez, deriva en las 13 000 toneladas que al momento de redactar estas líneas el territorio exhibe por encima de su plan de azúcar.

Si San Pedro no se enfada y abre la llave a fondo, la provincia avileña podrá tener una zafra estable. Quizá también, cuando termine, junto con los resultados, los primeros cuatro millonarios abran las manos en una señal: los cinco millones de arrobas cortadas en las más de cien jornadas de zafra que tendrá Ciego con sus días y sus noches. El viento, como en los barcos, sopla a su favor.

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