Cuando se «abren» los fuegos

Las afectaciones por los incendios forestales registrados en Cuba en 2014 ascendieron a 16 millones de pesos. El 99 por ciento de los incidentes se debió fundamentalmente a acciones humanas negligentes

Autor:

Yuniel Labacena Romero

Aún palpitan en la memoria los días intensos durante el incendio en la Meseta de San Felipe, en Camagüey, provocado por una negligencia: el tránsito de un vehículo sin matachispas. Solo la entereza de unos 200 combatientes del Cuerpo de Bomberos de Cuba (CBC) impidió que las llamas penetraran a las más de 5 000 hectáreas de plantación en el macizo boscoso de la mencionada meseta.

Quizá por ello cuando el año recién comienza se sigue en alarma, pues con él también llega la etapa crítica de incendios forestales en el país, un período de cinco meses en el que se concentran la mayoría de los siniestros del año en áreas boscosas, vegetación baja, potreros, herbazales de ciénaga...

El especialista Raúl González Rodríguez, jefe del Departamento del Manejo del Fuego de la Jefatura nacional del CGB, comentó a JR que enero no era un mes con alta incidencia de incendios forestales, pero ante el peso de las estadísticas y las evidencias científicas de las últimas décadas, la percepción cambió, y la etapa crítica se inicia con el primer mes del año.

«Se observa una tendencia creciente al aumento del peligro de incendio hacia la categoría de “alto” en casi todo el país, por lo que se les recomienda a todas las provincias extremar las medidas con vistas a disminuir la ocurrencia y afectaciones por incendios forestales».

Un 2015 de alerta

Desde el comienzo de 2015 hasta la fecha han ocurrido 61 incendios forestales, que han afectado a más de 250 hectáreas, pertenecientes a casi todas las provincias del país, excepto a Camagüey, Ciego de Ávila y Artemisa.

Según datos adelantados por el CGB para este año, a partir del cálculo del índice de frecuencia, se estima un rango de ocurrencia entre 381 y 453 incendios forestales; de ellos, 331 para el período crítico, pues es cuando históricamente ocurre el 87 por ciento de estos siniestros, con una afectación aproximada de entre 2 800 y 4 300 hectáreas.

«De acuerdo con el cálculo del índice de causalidad se prevé que la principal causa de ocurrencia de incendios estará dada por negligencias frecuentes, asociadas a quemas para diferentes fines, al tránsito de vehículos sin matachispas, pescadores-cazadores furtivos, fumadores irresponsables y transeúntes», refirió el especialista.

Los cambios climáticos, las altas temperaturas y la sequía agrícola agudizan cada vez más la etapa crítica de estos lamentables hechos.

Asociado con las perspectivas climáticas señaló que la mayoría de los modelos de predicción indican la posibilidad de que un nuevo evento ENOS se desarrolle en el presente otoño y perdure hasta la primavera del 2015. Sin embargo, ahora son más los modelos que pronostican que las condiciones neutrales prevalecerán.

«Se prevé que durante este período se registren temperaturas medias, cercanas o por debajo de lo habitual en esta época del año, en las regiones occidental y central, así como cercanas a lo habitual en la región oriental. Por tanto se espera que el presente invierno no sea tan cálido como otros».

El especialista indicó que en cuanto a las perspectivas agrometeorológicas, Cuba finalizó diciembre con un estado de su vegetación en la categoría de ligeramente seca a muy seca en casi todo el país, excepto en La Habana, el municipio especial de Isla de la Juventud y algunas zonas puntuales de Mayabeque. Todo ello —insistió— favorece el desarrollo de los incendios forestales.

Señaló González Rodríguez que, a pesar de que el Cuerpo de Guardabosques cuenta con el equipamiento necesario y las herramientas manuales en las brigadas profesionales, las especializadas y las voluntarias, para el enfrentamiento de los incendios forestales, esto no garantiza en un ciento por ciento que no haya afectaciones.

«Algo que también afecta es el estado de la red de caminos, pues más del 50 por ciento de los caminos del territorio nacional se encuentran en mal estado o prácticamente intransitables, lo que imposibilita el acceso de las fuerzas y medios a las áreas forestales en el momento de la extinción de incendio.

«Ello puede propiciar la propagación de estos siniestros, aumentando las afectaciones, y por ende las pérdidas tanto económicas, sociales, así como ambientales», detalló el especialista, quien además expresó que existen otras consecuencias que inciden en la ocurrencia de los incendios.

«Los usufructuarios, por ejemplo, no siempre respetan el horario establecido para las quemas que deben realizar con el fin de preparar el terreno para la siembra, ni solicitan el permiso requerido, y numerosas personas estimulan la caza y la pesca furtiva, para lo cual en no pocas ocasiones se hace un uso irracional del fuego», añadió.

Atajar el incendio

Una revisión del comportamiento en cuanto a ocurrencia y afectaciones de los incendios forestales del año que terminó indican que ocurrieron 238 siniestros en el período crítico que afectaron 1 971,49 hectáreas. Igualmente se reportaron 245 incendios no forestales que afectaron 1 567 hectáreas de vegetación.

El Jefe del Departamento del Manejo del Fuego de la Jefatura nacional del CGB dijo que en comparación con el año 2013 se logra reducir los incendios, ya que en ese período ocurrieron 342, que afectaron 3 895,10 hectáreas. Además se logra mantener en un rango permisible la ocurrencia y las afectaciones.

Señaló que los meses de mayor ocurrencia fueron marzo y abril, con el 64 por ciento de los incendios reportados durante el período crítico, lo que no difiere de lo acontecido históricamente. Asimismo, apuntó que también existieron 47 incendios en las cuencas hidrográficas de interés nacional: Ariguanabo, Ciénaga de Zapata, Cauto (la más afectada) y Guantánamo-Guaso, que llevaron a 85 317,43 (CUP) las pérdidas económicas totales.

Al ahondar en las causas que dieron origen a los siniestros, González Rodríguez señaló que el 99 por ciento obedecen a acciones humanas.

«Se ratificó lo apreciado al inicio del período crítico, cuando en general las causas estuvieron motivadas por las negligencias, principalmente quemas para diferentes fines, la circulación de vehículos sin matachispa, pescadores y cazadores furtivos y, en menor por ciento, los transeúntes y fumadores irresponsables.

«Del total de incendios reportados a solo siete se le determinó su autor, los que correspondió en su mayoría a campesinos, usufructuarios y tenentes que hacen uso del fuego sin la debida autorización o que incumplen las medidas preventivas».

Si se tiene en cuenta que todo ello llevó a que las pérdidas económicas para el año 2014 ascendieron a más de 16 millones de pesos (CUP), como manifestó el especialista, también es necesario reconocer que necesitan medidas legales más efectivas para enfrentar las indisciplinas sociales y las ilegalidades en el bosque, que puedan conducir a los nefastos incendios.

Divulgación necesaria

El patrimonio forestal del archipiélago cubano se vuelve cada día más vulnerable, por ello cuando andamos en el bosque debemos tener responsabilidad. La divulgación de cuanto se debe hacer ha de ser fundamental en este camino para evitar que una «chispa» destruya cuanto tenemos.

En tal sentido, el pasado año se realizaron 72 463 acciones de divulgación a nivel provincial durante la campaña, 21 440 acciones más si lo comparamos con el 2013. Sin embargo, como apuntó González Rodríguez, aún es insuficiente la labor educativa y divulgativa para evitar los incendios forestales.

«Las acciones incluyeron a los medios de comunicación masiva, charlas, talleres, conferencias, propaganda gráfica, entre otros. Igualmente se desarrollaron reuniones con las cooperativas, actividades con los círculos de interés, concursos sobre la protección del bosque, profilaxis sobre el uso del fuego y actividades en campamentos de pioneros exploradores», destacó.

El especialista significó que lo más importante es la labor preventiva y de educación, para sensibilizar a la población y a las instituciones de cuán importante es cumplir las medidas de protección contra los incendios forestales, agrícolas y rurales.

«Los administradores y propietarios del patrimonio forestal son los responsables de sus tierras, en las cuales deben mantener una adecuada actividad silvicultural, así como los vecinos y personal colindante, quienes también son responsables de cuidar los bosques.

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