Las tesis sobre las tesis

Una buena parte de las investigaciones se empolvan en los anaqueles de los centros de Educación Superior del país. Otras corren mejor suerte y se generalizan

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— Hace un par de cursos atrás, una conocida Universidad latinoamericana les aplicó a sus estudiantes una encuesta a partir de la siguiente pregunta: «¿Qué es para ti una tesis de grado?». Y, para simplificarles el ejercicio, les ofreció varias opciones a guisa de posibles respuestas.

Del total de consultados, el 7,6 por ciento consideró que una tesis de grado «es una excusa de la Universidad para retrasar al estudiante y demorarlo para que se gradúe». El 8,9 por ciento opinó que «es una oportunidad profesional y laboral para contribuir en diferentes campos al desarrollo de una nación».

Otro 8,9 por ciento refirió: «Es para que la Universidad avance el estado del arte de la carrera profesional». El 21,5 por ciento contestó a la inversa: «Es una pérdida de tiempo, dinero y oportunidades». El 29,1 por ciento fue más radical: «Es un documento que nadie lee, ni tiene en cuenta y solo acumula polvo».

Realidad que desconcierta

La elaboración de la tesis de grado es una de las etapas más importantes en el currículo académico de cualquier estudiante universitario. Este trabajo investigativo —exigente y riguroso— le pone punto final a una carrera. Por lo común, profundiza en un área del conocimiento, a la que aporta novedad o crítica con el empleo de métodos científicos.

Sus preparativos comienzan con la selección del tema y la asignación del tutor. Luego vendrán meses de precisión de objetivos, pesquisas diversas, revisión de bibliografía, entrevistas a expertos, encuestas especializadas, consultas periódicas, cotejo de datos, búsquedas en Internet...

«Y, cuando concluyes un capítulo y se lo entregas al tutor para que le dé el visto bueno, es posible que te diga: “Esta parte no es necesaria”. O si no: “Revisa la redacción, hay cierta oscuridad en las ideas”. O esto otro: “Los sondeos que aplicaste no son suficientes...”», recuerda la ingeniera Dalia Reyes, cinco almanaques después de recibir su título.

Cuando —¡por fin!— el trabajo recibe el beneplácito de su valedor, viene otra fase no menos estresante. Incluye, para algunos, buscar a alguien de confianza que teclee el texto en computadora con garantías de limpieza, ortografía y estilo. También conseguir hojas bonitas, una buena impresora y una carátula donde aparezcan los datos fundamentales...

La defensa de la tesis ante un tribunal deviene clímax. Hay que ceñirse al tiempo establecido, con una presentación en power point concisa y precisa. Luego llegan las preguntas del oponente, y los nervios disparados, y la parentela expectante, y la deliberación del jurado, y el anuncio de la calificación, y las lágrimas o las felicitaciones...

Seguramente, estos lances no les resultarán ajenos a la mayoría de las familias cubanas contemporáneas. Porque, ¿cuál de ellas no tiene un estudiante universitario en sus inmediaciones afectivas? ¿Cuál no ha sido testigo de sus esfuerzos por concebir un trabajo interesante, capaz de contribuir con «algo» a la solución de un problema?

Pero, de los cientos de tesis que cada año se discuten en el país en opción a títulos de licenciados, másteres y doctores, una buena parte, después de su minuto de gloria, es condenada a dormir el sueño de los justos en la oscuridad de una gaveta o en los clústeres de un disco duro.

El destino

A media mañana docente, la biblioteca de la Universidad Vladimir I. Lenin, de esta provincia, exhibe animación. Sus mesas están ocupadas por estudiantes que revisan bibliografía o por profesores en menesteres de autopreparación. Solo uno de sus departamentos está desierto: la sala de las tesis.

«Aquí nos visitan pocas personas, a pesar de que tenemos archivadas cientos de tesis de maestrías y doctorados de estudiantes que terminaron sus estudios —afirma Nilsa Estévez González, a cargo de la dependencia—. Los escasos consultantes son los muchachos que comienzan a diseñar sus temas de investigación. Vienen en busca de referentes».

Nilsa acota que los trabajos se conservan tanto en soporte de papel como digital. Los temas que tratan son disímiles. No pocos abordan problemas medulares del acontecer tunero y hasta proponen soluciones para resolverlos. Es triste que sus resultados no se generalicen por los encargados de hacerlo. Son el fruto del sacrificio de sus autores.

«La era digital ha originado que las búsquedas de información se realicen con mayor frecuencia en sitios de Internet y no en los trabajos impresos que se guardan en los centros de documentación, asegura el Doctor en Ciencias José A. González, vicerrector docente de la Universidad tunera.

Y pone como ejemplo la biblioteca digital con visibilidad nacional con la que cuenta la institución, además de un portal en la Intranet donde los interesados pueden consultar las tesis de doctorados y de maestrías defendidas en los últimos años por especialistas tuneros, e incluso, algunas de alumnos graduados en la casa de altos estudios.

«La generalización de los resultados de los trabajos es un problema que todavía no hemos podido resolver —admite—. Nuestros muchachos llegan a las entidades estatales a hacer sus prácticas, diagnostican los problemas, seleccionan uno y comienzan a investigar en torno a sus causas. Luego las administraciones aplican el saldo de sus pesquisas. Solo que, cuando el estudiante se retira, esos centros regresan a la situación anterior. Es decir, no hay continuidad en la generalización».

El Doctor González especifica que, por fortuna, la mala práctica no está generalizada, pues instituciones como Duralmet, la ANAP y la Empresa Porcina exhiben un buen trabajo al respecto, tanto en la selección de temas para investigar como en la generalización de sus resultados. En todos los casos, aplican consecuentemente lo que se investiga, tanto en las licenciaturas como en las maestrías y los doctorados.

En las ciencias médicas

«El caso de las tesis en el sector de la salud es diferente al de otras instituciones de Educación Superior, asegura Zahilí Rojas, metodóloga de investigación en la Universidad de Ciencias Médicas tunera. Aquí los estudiantes de pregrado no hacen trabajos de diploma, sino pruebas estatales.

«En otros niveles académicos sí tenemos varios tipos de tesis: residentes, maestrías, doctorados y trabajos de investigación. Las más numerosas son las de los residentes. Ellos las elaboran al concluir sus etapas para hacerse especialistas. Pero no son trabajos para engavetar. Como se basan, obligatoriamente, en problemas de salud concretos, tienen que realizar aportes y proponer soluciones».

Pero antes de discutirse formalmente ante un tribunal, la tesis del residente debe ser presentada en el servicio respectivo. Es decir, si es de Cirugía, todos los cirujanos de la institución deben aprobarla a priori. A partir de ahí, se le confiere luz verde para exponerse. Según Sahili, esos trabajos se publican luego en los medios de la institución para que otras comunidades con problemas parecidos las tomen como referentes y eviten repetir luego la misma investigación.

La institución tunera dispone de opciones para generalizar resultados. Cuenta con un repositorio digital donde los interesados pueden consultar sobre los más variopintos temas comunitarios: embarazo en la adolescencia, enfermedades de transmisión sexual, tabaquismo… En ese banco el residente confirma si lo que le interesa estudiar está aún virgen o si ya ha sido investigado. También tiene una revista digital, en cuyas páginas se publican trabajos de especialistas tuneros sobre problemas de salud del territorio.

«Nuestros logros tienen que ver con la socialización de los resultados —asegura la Doctora en Ciencias Mirna León Acebo, directora de Ciencia y Técnica e Innovación Tecnológica de la Universidad—. Aquí los saldos científicos se generalizan en talleres, jornadas, conferencias y eventos especializados. Las investigaciones no se guardan, porque rápidamente viene otra sobre el mismo tema y la supera».

Una experiencia provechosa

La comunidad periodística tunera cuenta con un excelente mecanismo para la generalización de las tesis de sus estudiantes y las investigaciones de sus profesionales. Adalys Ray, presidenta de la delegación provincial de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Las Tunas, ofrece detalles:

«Desde nuestra organización apoyamos lo que el gremio genere en materia investigativa. Así nacieron los talleres de socialización, un espacio mensual donde los tuneros que estudian Periodismo en la Universidad de Camagüey pueden exponer los resultados de sus trabajos de pregrado. Muchos de ellos han abordado problemas de los medios de difusión provinciales, y estas presentaciones se hacen ante sus periodistas y directivos. Por lo común, se trata de tesis de gran valor y con mirada joven, cuyas aplicaciones resolverían mucho».

A manera de conclusiones

Si del aprovechamiento consecuente de las tesis de grado se habla, habría para escribir toda una tesis. La síntesis de la mía es que el tema es polisémico. ¿Son susceptibles de generalizarse todas? Por supuesto que no, pues muchas carecen del rigor necesario. ¿Se socializan las que tienen trigo suficiente? Evidentemente, tampoco, a pesar de los recursos empleados y de los magníficos saldos de sus pesquisas.

Nada justifica confinar tras los barrotes del olvido, sin derecho a un hábeas corpus,  una investigación que propicie mejorar nuestro contexto social. Solo así nuestros estudiantes, a diferencia de los de la referida Universidad latinoamericana, no apreciarán en las tesis de grado «un documento que nadie lee, ni tiene en cuenta y solo acumula polvo», sino un ejercicio académico que los engrandece.

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