Un apellido bien puesto

No solo es un diálogo, además es abierto. Así se define una iniciativa de la UJC que tiende otro puente de participación y construcción colectiva con los jóvenes, sean o no militantes, como parte de su X Congreso

Autores:

Yahily Hernández Porto
Osviel Castro Medel
Hugo García
Yuniel Labacena Romero
Dorelys Canivell Canal

Han hecho bien en nombrarlo diálogo, con el apellido «abierto». Porque si algo caracteriza el proceso de debate previo a la plenaria de las asambleas municipales del X Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) es la anchura en los temas y en las intervenciones de jóvenes —militantes y no— en ese espacio.

En el territorio granmense de Yara, por ejemplo, se habían planeado tres tópicos fundamentales, pero la discusión abarcó muchos más. En tres escenarios distintos más de 150 jóvenes, en un «ajiaco de ideas», hablaron del uso de las nuevas tecnologías, la defensa de la patria, el estudio de la historia, las relaciones Cuba-Estados Unidos, la formación vocacional...

Allí Adolfo Tamayo, un campesino con las pilas bien puestas, abogó por emplear más las Brigadas Técnicas Juveniles en la generalización de adelantos tecnológicos que hagan parir mejor a la campiña. Y Rafael García, presidente del Movimiento Juvenil Martiano, comentó que es preciso seguir buscando caminos para que los más nuevos viajen al Apóstol, algo en lo que influyen no solo los educadores.

El novel campesino se refirió a la «seducción» que ha de lograrse con los niños para que opten por carreras técnicas. A raíz de su intervención, se propuso que los ocho comités de base del sector agropecuario y campesino apadrinen a igual cantidad de centros estudiantiles del territorio, para enamorar a los más nuevos con las labores del campo.

Es que A diálogo abierto, una iniciativa de la Juventud Comunista, trasciende al heterogéneo universo juvenil, por tratar las preocupaciones de quienes están comprendidos en esas edades, para llegar hasta múltiples sectores de la población.

Esta propuesta ha sentado pautas para el quehacer de la organización y para exigir a las instituciones responsables soluciones y respuestas a cada planteamiento y preocupación emitidos.

Así lo demostraba la bailarina Arelys Hernández, integrante de la compañía Danza Contemporánea de Cuba, quien se refirió a A diálogo abierto como una oportunidad para compartir y saber qué es lo que está pensando nuestra juventud. «Esta iniciativa puede lograr que se afiance la UJC como una organización pertinente, necesaria y confiable».

A unos cien kilómetros de la capital, Yaneisis Fuentes, primera secretaria de la UJC en el municipio de Matanzas, coincide con esos argumentos, y agrega que lo más importante es que los diálogos abordan temas que no son dirigidos, y eso «le ofrece a la nueva generación la posibilidad de tratar sus intereses y preocupaciones, y muchos dan continuidad a las inquietudes emanadas a nivel de base».

Vale apuntar que de este gran debate —desarrollado en casi todos los municipios del país— han emergido asuntos como el uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones; el protagonismo de la vanguardia comunista en el sector no estatal; la atención a los desvinculados del estudio y el trabajo; el consumo cultural, así como el enfrentamiento a la subversión ideológica y las indisciplinas sociales.

Debate en 39 grados

«Caliente» es el adjetivo más apropiado para la réplica de ese espacio en el municipio de Camagüey, donde se abordó en toda su profundidad la realidad social cubana, y como parte de esta la de los más jóvenes, y las implicaciones de la actualización del modelo económico.

Una de las intervenciones que marcó 39 grados de temperatura en el termómetro del intercambio fue la del militante Frank García, del Centro de Meteorología del territorio, quien insistió en seguir revisando al detalle la planificación y contratación que desarrollan las empresas e instituciones del Ministerio de la Agricultura.

«Duele ver cómo se pierden productos por procesos tan deficientes como esos, y después quién responde por las pérdidas», se cuestionó el joven; mientras que Aliet Docampo, secretaria del comité de base de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz, reflexionó: «Cómo van a querer los jóvenes ser agricultores si los esfuerzos de algunos de los que trabajan se pudren en el surco».

El trabajador por cuenta propia Julio Rubio, quien labora en la guarapera El Castillito, manifestó que ante las barreras que dañan el trabajo de un joven, su sacrificio o salario, «tiene que existir un comité de base que no descanse mientras no haya una solución para el problema que perjudica a sus miembros o a cualquier obrero de su entorno».

Los pinareños aludieron, por su parte, a la necesidad de los más nuevos de prepararse, con argumentos sólidos y la verdad del día a día, para los retos presentes y futuros. «¿Qué pasa si escuchamos todos los cantos de sirena? ¿Quién continúa esta obra? Hay que recordar que esos hombres que hicieron historia también tuvieron nuestra edad», reflexionó Norisley Cruz, durante el diálogo en el municipio de La Palma.

Varios especialistas y directivos acompañaron el debate en ese municipio vueltabajero, para aclarar dudas y conocer sobre todo las inquietudes de quienes viven en su territorio.

Yosbel Martínez se interesó por las condiciones reales que tienen para mantenerse como una zona superaviaria, mientras Nairobis Miranda, trabajadora de un centro mixto, intervino sobre la necesidad de que las empresas agropecuarias tengan resultados satisfactorios, para promover también un sentimiento de pertenencia en sus alumnos de la enseñanza técnico profesional.

Sin formalismo ni etiquetas

Lo mejor de cuanto ha acontecido en esos encuentros es que cada una de las ideas expuestas nacieron sin formalismos ni etiquetas; y la juventud, ajustada a su época, necesita desarroparse de convencionalismos. No cabe duda de que espacios como estos deben perdurar luego de esta edición del cónclave juvenil.

Claro que no basta con diálogo, pues hace falta transformar con acciones concretas, como afirmó la primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, Yuniasky Crespo Baquero, en el municipio de Yara, en Granma. Pero este cauce para que fluyan los pensamientos, criterios e ideas es el primer paso, que no puede terminar en simple catarsis.

Se trata, como dijo Albert Panton, especialista del Ministerio de Relaciones Exteriores, de fomentar espacios como estos, «pues en ellos hablamos de temas de gran relevancia para el país y sus jóvenes, y los discutimos entre nosotros mismos, de una forma muy amena y más allá del espacio formal que puede ser una asamblea del comité de base, aunque este debe ser un sitio también esencial donde ocurran estos análisis.

«En A diálogo abierto relatamos anécdotas y vivencias que nos ocurren y vemos cómo ha ido cambiando la mentalidad en la juventud. Deberían impulsarse en otros sectores para entender muchas de nuestras inquietudes, pues discutir fortalece a la Revolución. Todo ello implica retos para la UJC, en su forma de llegarles a los jóvenes, de explicarles, de intercambiar experiencias y entender sus preocupaciones».

Con esas valoraciones coincide Alejandro Gumá, especialista del Centro de Investigación Cultural Juan Marinello, para quien este proyecto juvenil constituye un espacio extraordinario. «Quisiera que ese diálogo abierto fuera permanente en la organización, no solo a lo interno, sino entre la UJC y todos los jóvenes y los espacios institucionales de la sociedad.

«Ha sido una experiencia muy útil. Un dialogo horizontal, punzante, apostador y comprometido, características que lo hacen ser crítico y militante. Hoy más que nunca es esencial debatir, y que ese debate se asuma como un intercambio de ideas que no tienen necesariamente que coincidir; que sea una expresión honesta de diferentes puntos de vista, incluso contradicciones, porque esa es la única manera de generar consensos, y de construir juntos acciones efectivas para la transformación social».

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