Reafirmación de cubanía

El pueblo pinero celebra el aniversario 90 de la ratificación de la otrora Isla de Pinos como parte de Cuba, culminación de un largo proceso en el que jóvenes intelectuales apoyaron y defendieron la integridad del territorio nacional

Autor:

Roberto Díaz Martorell

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud.— Por estos días el repique de tambores y campanas en este territorio, que acompañan las congas y comparsas de las Fiestas Pineras 2015, tienen un profundo eco de cubanía. Están dedicadas al aniversario 90 de la ratificación del Tratado Hay-Quesada, documento con el que se reconoció la soberanía de Cuba sobre la otrora Isla de Pinos, derecho que EE.UU. demoró 21 años en admitir.

Estas festividades han mutado. Sus orígenes fueron las verbenas, pasaron por los Festivales de la Toronja, debido a que ese rubro exportable identificó al Municipio Especial por años, y ahora se disfrutan como Fiestas Populares Pineras, un merecido descanso por los logros económicos y sociales alcanzados en 2014.

Hoy, a 90 años de la ratificación de la cubanía de la Isla de la Juventud, los residentes en ella junto a aquellos que llegan a estas costas de casi todas las provincias cubanas, disfrutan de artistas y agrupaciones de la música popular bailable local y nacional. Y la celebración alberga raíces históricas, razones de fondo que deben conocer las nuevas generaciones.

Así lo cuentan

Según recoge el texto Monografía pinera, entre los objetivos principales de la política expansionista de Estados Unidos hacia el Caribe y Sudamérica figuraba —y figura— dominar el archipiélago cubano por su posición geográfica estratégica en el Golfo de México.

Una vez ocupada Cuba, tras intervenir en la guerra contra España, pasaron a intentar apropiarse de la Isla de Pinos. Ya a principios de 1899 la Oficina Central de Tierras de la Secretaría del Interior de los EE.UU. editó un mapa donde esta pequeña ínsula formaba parte del territorio norteño.

Esa ambición se reflejó en febrero de 1901, cuando aparece la famosa Enmienda Platt, que en su artículo VI expresa: «Que la Isla de Pinos será omitida de los límites de Cuba propuestos por la Constitución, dejándose para un futuro arreglo por Tratado la propiedad de la misma».

Uno de los motivos por los que los norteamericanos apostaban por usurpar la tierra pinera era el de establecer aquí una o varias bases navales de importancia estratégica.

La posesión de este suelo promovió la migración de colonos estadounidenses hacia la ínsula y, a partir de entonces, en los Estados Unidos se estimuló la anexión de este territorio. Pero tal maniobra chocó contra la vergüenza de los cubanos que lo habitaban, y la respuesta no se hizo esperar.

El primer alcalde local, Juan Manuel Sánchez Amat, envió una misiva al recién electo presidente de Cuba, Tomás Estrada Palma, con la firma de 200 personas, en la que expresaba el desacuerdo con el propósito de excluir a los pineros de la República de Cuba.

«Qué leyes, ni qué causas, pueden existir, para así desconocer lo que la historia y el derecho de dominio tiene sancionado», preguntaba Amat en la carta, citada en Monografía pinera.

Se inició así una gran lucha entre los cubanos nacidos en Isla de Pinos, a los que se unieron los nacidos en otros lugares de Cuba contra las pretensiones del Gobierno de Estados Unidos y los colonos estadounidenses asentados en este lugar, que duró 21 años.

El Tratado Hay-Quesada

La respuesta de Julio Antonio Mella no podía ser otra que denunciar la hipocresía del presidente Alfredo Zayas (1921–1925), cuando agradeció al Gobierno de EE.UU. por ratificar el Tratado Hay-Quesada el 13 de marzo de 1925, después de 21 años de firmado.

«Darnos Isla de Pinos es un acto natural, siempre fue nuestra. Solo los que nunca han hecho justicia, como nuestro gobierno, pueden asombrarse servilmente por este acto de hipócrita justicia», expresó entonces Mella, quien junto a los intelectuales Emilio Roig de Leuchsenring y Fernando Ortiz, defendió el derecho de Cuba sobre Isla de Pinos.

Para la sociedad pinera de la época la ratificación del Tratado Hay-Quesada fue el resultado de una larga lucha de enfrentamiento a los intereses estadounidenses y al menosprecio a la soberanía nacional, en la que los habitantes de esta Isla demostraron patriotismo y orgullo de ser cubanos.

Gonzalo de Quesada y Aróstegui, primer embajador de Cuba en Estados Unidos, fue quien inició las gestiones diplomáticas para que Isla de Pinos continuara siendo cubana. El 2 de julio de 1903 logró que se firmara el primer Tratado, en el que se reconocía la condición cubana de la ínsula,  aprobado por el Senado cubano el 16 de ese mismo mes. Pero el Senado de Estados Unidos no lo hizo, y caducó al transcurrir el tiempo establecido de siete meses para la ratificación.

Ese mismo año se firmó en La Habana un Tratado entre el embajador de Estados Unidos en La Habana, Herbert E. Squiers, y el secretario de Estado interino de Cuba, Doctor Jorge García Montes, en el cual se estableció la renuncia a favor de la República de Cuba, a toda reclamación de título sobre Isla de Pinos.

Poco después, Gonzalo de Quesada recibió instrucciones de comenzar las negociaciones nuevamente para suscribir otro tratado sobre la soberanía de la ínsula, el cual fue rubricado el 2 de marzo de 1904. Por parte de Estados Unidos lo firmó el secretario de Estado norteamericano, John Hay, y por la parte cubana el mismo Quesada.

Este documento pasó a la historia con el nombre de Tratado Hay-Quesada, y fue reconocido por el Senado cubano el 8 de junio de 1904.

Proceso de 21 años de lucha

Durante el tiempo transcurrido entre el 8 de junio de 1904 y el 13 de marzo de 1925, pineros y colonos estadounidenses asentados en Isla de Pinos se enfrentaron en conatos con el objetivo, los primeros, de rescatar la soberanía y, los segundos, de anexionar la Isla a EE.UU.

Tan fuerte fue la campaña yanqui que los estadounidenses residentes ya veían a este territorio como parte de su país y consideraban a las autoridades locales como un gobierno «de facto».

Entre las acciones más significativas por parte de los usurpadores, registrados en Monografía pinera, aparece que en 1905 los colonos estadounidenses convocaron a un mitin en el Hotel Pearcy, de Nueva Gerona, donde realizaron un llamamiento para ocupar la sede de Gobierno y destituir a las autoridades cubanas.

Tenían entonces la pretensión de dividir la Isla de Pinos en tres distritos: Nueva Gerona, Santa Fe y Columbia; nombrar un Gobierno formado por David B. Wall, para alguacil mayor; T.B. Anderson, para secretario de Estado; James M. Steere, tesorero; Tries, como jefe de Justicia, y a Eduard P. Ryan como delegado al Congreso de Washington para gestionar el reconocimiento de las autoridades por ellos elegidas.

Así las cosas, el Gobierno de turno de Cuba solicitó al de los EE.UU. la expulsión de los cabecillas del frustrado levantamiento, y se recibió como respuesta que los colonos no serían respaldados. Todo era pura mentira, porque se continuaba pidiendo el retiro de las autoridades de Isla de Pinos, al tiempo que se solicitaba el envío de una nave de guerra.

El embajador Squiers, quien fue luego expulsado del territorio nacional, declaró al periódico The Havana Daily Telegraph que «sería mejor que los EE.UU. ejerciesen el control sobre Isla de Pinos, hasta la ratificación del Tratado», y a los complotados se les abrió una causa ante el juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Isla de Pinos, por el delito «contra la forma de Gobierno».

En todo ese tiempo no cesaron de insistir, y en septiembre de 1906 prepararon un nuevo levantamiento armado con Charles Raymond, secretario de la Federación Americana, a la cabeza. Pero una vez más la intentona se frustró gracias a la acción firme de Sánchez Amat. Igual suerte corrieron las pretensiones de «plantar» la bandera de Estados Unidos en la Isla, entre otras descabelladas ideas.

Esta campaña anexionista incluyó a la prensa norteña y la cubana de la época, cuyas publicaciones contribuyeron al retraso en la ratificación del Tratado Hay-Quesada, hecho que aumentó la presión del movimiento obrero y estudiantil cubano sobre Alfredo Zayas, quien en una hábil maniobra diplomática, en 1922, dio instrucciones precisas a su embajador en los EE.UU., Carlos Manuel de Céspedes, y a Gonzalo de Quesada, para que reiniciara las gestiones para la ratificación del Tratado, firmado en 1904.

Los pineros no se cruzaron de brazos. Crearon, el 22 de noviembre de 1923, la Columna de Defensa Nacional en Isla de Pinos, integrada por diversas asociaciones pineras y dirigida por Enrique Bayo Soto, Ramón Llorca Soto, Antonio Vignier y Riera y Sergio Montané Soto.

A ello se sumó el periodista y pedagogo Doctor Osvaldo Valdés de la Paz, quien desde el Comité Pro Isla de Pinos ofreció conferencias sobre el tema y, mediante el periódico El Heraldo, recorrió el país en apoyo a la causa Por Isla de Pinos cubana. Realizó también mítines y discursos a lo largo del camino, como reedición de la ruta seguida por los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo durante la invasión de Oriente a Occidente, pero en esta ocasión en sentido inverso. El 13 de marzo de 1925 EE.UU. ratificó el Tratado Hay-Quesada.

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