Los héroes también comen caramelos

Como un amigo esperado por años llegó Gerardo a la redacción de Juventud Rebelde. Durante más de tres horas volvió a recordarnos por qué es un héroe

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Fueron más de tres horas conversando. Luego los regalos telefónicos, los de aquellos que iban a su encuentro para que saludara a su abuelita o su mamá, los de quienes conservaban un libro y querían obsequiárselo, los de quienes estaban ansiosos por contarle esa vivencia pequeña que nunca se atreve a salir en público. Para todo tuvieron tiempo Gerardo y Adriana.

Porque este lunes Juventud Rebelde vio entrar por la puerta a uno de los invitados que más añoró recibir por años. Con la sonrisa de siempre, con los chistes bajo el brazo, con los sentimientos vibrando y los razonamientos atinados que lo caracterizan, Gerardo Hernández Nordelo, uno de nuestros Cinco Héroes, cumplió con la palabra que empeñó con el colectivo del dedeté, de llegarse hasta la redacción del diario. El Gera nuestro nos inundó la redacción, preguntó por casi todo, conversó con casi todos, y nos hizo reír con buena parte de sus ocurrencias.

Ante la cercanía física y espiritual que se dio, hasta los más tímidos soltaron sus preguntas. Que si dejó amigos en la cárcel, que si sospechó que iba a ser puesto en libertad unos días antes, que cómo le va con Gema, que cuáles son los planes para estos nuevos tiempos, que si se alteró con la derrota de Industriales, que cómo encontró a Cuba, que cómo fue la noche antes de la libertad… De todo hubo cuando Gerardo fue nuestro.

Casi al marcharse, volvió a revelar su esencia. Y lo vimos deleitarse con esas pastillitas saborizadas que los niños tanto persiguen. Y hasta guardarse en el bolsillo unas cuantas como chiquillo goloso. Porque los héroes también comen caramelos.

Si Gerardo nos hubiera dicho en lo que estaba…

Solo por un motivo protestaba Gerardo cuando se le atrasaba el correo: si se ponía pequeño el bulto de ejemplares de la prensa cubana, entre esta Juventud Rebelde. Pero esos detalles no los sabíamos cuando comenzamos a contarle sobre el diario de la juventud cubana.

De nuestros planes para hacer un periódico mejor, de cómo se combinan varias generaciones de periodistas en la redacción de JR… de todas esas historias lo llenamos. Como siempre, nos sorprendió al final. Me sé hasta los chismes, confesó. Y comenzó a contar vivencias que solo recordaría un adicto a las páginas de opinión de nuestro diario.

Porque Gerardo también quiso ser colaborador del dedeté. Aunque nunca le hicieron caso, según suele bromear. «Es que nunca nos habló claro, no nos dijo en lo que estaba, si no, le hubiéramos publicado», dijo el caricaturista matancero Manuel Hernández, al frente de la publicación humorística en ese entonces. Todos esos detalles de su ausencia fueron contados al héroe para hacerlo sonreír como se merece.

Una caricatura llevaba el tiempo en el que Gerardo contestaba al menos diez cartas, compartió. Por esa razón, y por la escasez de los materiales, trataba de dedicarse con mayor fidelidad a responder las letras del mundo que le llegaban, siempre en el orden de prioridad que le dictaba su sensibilidad, rendida a las historias de los solidarios.

Había ocasiones, reconoce, en las que no podía aguantar y se sentaba a crear con sus trazos e ingenio. «Si quieres, podemos ponernos de acuerdo», bromeó Adán, jefe del equipo del dedeté con la secreta esperanza de que el Gera dedique algunas ideas al diario. Y esta cuestión quedó sin concretar, pero el compromiso de crear un logo para el 50 aniversario del periódico ya es un hecho. Claro que será para cuando Gema dé un respiro. Porque por ahora, Gerardo se reconoce de nuevo «preso», esta vez de la belleza de su hija.

Recuerdos de la Prisión

Como buen cubano, y al igual que el resto de sus compañeros, el héroe dejó buenas relaciones en las prisiones en las que estuvo. Hasta él llegaban para avisarle sobre cualquier situación compleja, o simplemente para contarle que conocían a alguno de los Cinco, porque habían compartido en la misma instalación. El solo hecho de haber ido a juicio y de defender en este nuestra dignidad ya era un motivo para que el resto de los encarcelados tuvieran un sentimiento especial hacia nosotros, afirmó Gerardo. Aunque el ambiente alrededor seguía siendo tenso, sin que él pudiese compartir con Adriana ni un detalle que la angustiara. Así sobrevivieron todos estos años de amor en la distancia. Y así dice Gerardo que ahora está de vuelta para «darle mantenimiento» a ese edificio de bases sólidas que es su matrimonio.

Como era de esperarse, también escuchamos sobre el encuentro de los Cinco con Fidel, sobre sus nerviosismos iniciales ante la emoción única de conocer al líder histórico de la Revolución, el modo especial de lograr la química, la oportunidad de contarse algunas anécdotas que se debían, y la sensación de verlo en su rol de abuelo. Toda la magia de unas horas concentrada en unos minutos para poder compartirla con nosotros. Eso logró Gerardo con la mayor naturalidad y confianza, cual si fuéramos vecinos de confidencias.

¿Cómo ven a Cuba los Cinco? Es la pregunta que solemos hacernos constantemente con la ansiedad de conocer su visión de héroes. Gerardo la respondió para nosotros, aclarando que fuera de Cuba, ellos no estaban en una urna de cristal, pues se mantenían al tanto de la realidad por su lectura de la prensa y las conversaciones con amistades. Sin embargo, reconoció que no ha sido lo mismo poder ver de cerca el cambio en los colores y situaciones constructivas de algunas viviendas y el surgimiento de las nuevas formas de gestión.

Se refirió asimismo a estructuras que aún no funcionan como debían hacerlo y al espíritu de egoísmo que se puede apreciar en algunos. Pero estas realidades no deben preocuparnos, solo nos dan la certeza de lo mucho que tenemos por hacer, dijo.

Ni siquiera Pánfilo se salvó del diálogo. Porque hasta del humor actual se conversó y de esa tendencia de obtener ganancias al costo de ridiculizar a las personas o no actuar con el debido respeto y talento. Él, como humorista natural que no paró de hacernos reír, también emitió sus criterios sobre el modo de hacer humor en Cuba.

¿Se siente joven Gerardo todavía? Excepto por el hecho de haber perdido el pelo, bromeó, y de que le toque ser inmaduro por el humorismo que lo caracteriza, bromeó otra vez, el héroe ve las situaciones desde otra perspectiva, pero se siente como cuando venía al Poligráfico a traer sus caricaturas, y sigue disfrutando sentarse en short en un contén a conversar con los muchachos del barrio, con las mismas energías y espíritu de antes, cual si hubiese estado en hibernación, ilustró, «aunque ya los 50 están ahí».

Comentó que conoce los esfuerzos que se hacen para que cada vez exista mayor participación del pueblo en la toma de decisiones.

Existe la necesidad de que nuestra prensa llegue cada vez más al pueblo. Cuando se trata de empoderar, ustedes tienen un papel fundamental como creadores de opinión y canalizadores de soluciones, añadió.

Queda un largo camino por recorrer, pero cualquier opinión que dé no va a ser pesimista, a pesar de los grandes retos que se nos avecinan y de los que creen que no estamos preparados para eso. Pienso que vamos a ser capaces de demostrar que tenemos las condiciones, los instrumentos y la preparación para hacer frente a los tiempos que vienen, dijo. A medida que seamos capaces de empoderar más a la población, nosotros mismos podremos evitar el efecto que otros están planeando conseguir, avizoró, y agregó que aunque a algunos a veces les parezca que no se va a la velocidad que los problemas requieren, satisface saber que se va en la dirección correcta.

Nadie me pregunta por las vacaciones

Cuidando a Gema, fue la respuesta de Adriana cuando le preguntamos a Gerardo sobre sus futuras labores. Nadie me pregunta por las vacaciones, dijo jocosamente ante la pregunta tantas veces repetida.

Sin que sonara a frase gastada o consigna, Gerardo volvió a repetir que hará lo que el país necesite (aunque se «protegió» jocosamente de Adriana por reafirmar esa  disposición que lo hizo separarse de su hogar por tantos años). Pero la realidad que nos describió es la de su convicción de soldado que espera por la próxima orden, con la única preferencia de servir al país.

Mientras, sigue haciendo de las suyas. Dando su amor y su humor a cada quien que llega a su encuentro y le agradece. A ese trabajador de un restaurante que dice que solo le cobraría la comida si inventaran una nueva moneda, o a la muchacha de Secundaria Básica que le pide que le firme en la camisa del uniforme, o al señor que lo sobrepasa en varios centímetros y le pregunta en la calle si puede abrazarlo. Y Gerardo dice que sí. Y el cubano, con el corazón lleno de felicidad, llora en nombre de los otros 11 millones que sienten igual.

Adriana y Gerardo observan una muestra dedicada a los Cinco en nuestra galería Francisco Vázquez. Foto: Roberto Ruiz

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