Una gallina de «balcones tomar»

El balcón de un apartamento en segunda planta fue el escenario de este curioso suceso, acaecido en la ciudad de Holguín y cuyo protagonista es una gallina clueca

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

HOLGUÍN.— Se las ingenió una y mil veces para burlar el «cuerpo de vigilancia y protección» que conforman los integrantes del núcleo familiar, sobre todo cuando el sol comenzaba a declinar y la impetuosa forastera con alas persistía con su mejor cloqueo de batalla en el intento por «conquistar» nada menos que el sitio preferido del apartamento en días calurosos: el balcón.

De nada sirvieron amagos de escoba, ininteligibles reprimendas y hasta el cerrar bajo mil candados la puerta principal que da acceso a las escaleras, por donde la «pipiripinta» aprovechaba hasta el menor «filo» para colarse.

«Desplegué en vano todo mi potencial defensivo. Temía que me estropeara mi mata, hasta que por fin comprendí que era una gallina de “balcones tomar”», aseguró a JR Lianné Fonseca Diéguez, testigo principal de esta plumífera historia en la que trasciende una vez más el profundo instinto maternal de los animales.

Desde su «allanado domicilio» en el reparto Pedro Díaz Coello de la ciudad de Holguín, esta asombrada vecina nos narró que hubo un día en que la pinta subió hasta la cuarta planta buscando nido. «Como la espanté tanto, puso un huevo en el alero de en frente y este cayó. Tal vez me haya quedado algún cargo de conciencia», se confesó a este reportero.

«Al final, tomó volando el apartamento por la fuerza y lanzó unas diez “granadas”, que comenzaron a explotar. Que una gallina trate de “poner” no es noticia, pero, ¡que una que no es tuya suba a segunda planta cada día y te llene toda una maceta de huevos, no se puede ignorar¡», formuló jocosamente la también colega del periódico provincial ¡Ahora!

Lo cierto es que con el decursar del tiempo, y más resignada que vencida, esta generosa familia descubrió una mañana cuatro nuevos inquilinos dentro de la maceta ponedero.

«Están por llegar más, pero no me quejo. Son bellos. Después de todo son un regalo que me “cayó” del suelo», concluyó sonriente Fonseca Diéguez, aunque la pregunta de los millones le siga dando vueltas en su cabeza: ¿Quiénes serán los dueños de esta amorosa y mediática gallina?

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