La misión fue una escuela, me cambió la vida

Experiencias del joven espirituano Duniesky Contreras Madrigal, instructor de arte, quien cumplió en tres ocasiones la Misión Cultura corazón adentro

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.- Aún sin despojarse del polvo del viaje y en su periodo de vacaciones, a Duniesky Contreras Madrigal se le ve con sistematicidad en el Centro de Superación para la Cultura de esta provincia. Este yayabero poco entiende de ocio y descanso. Desde muy joven conoce bien la magnitud de las palabras responsabilidad, sacrifico y entrega.

No sólo lo descubrió al cursar la especialidad de artes plásticas en la Escuela de Instructores de Arte Vladislav Volkov de Sancti Spíritus, sino cuando al graduarse fungió como profesor de la escuela especial Abel Santamaría Cuadrado de la ciudad del Yayabo y al ser el primer presidente provincial de la Brigada de Instructores de Arte José Martí. Luego transitó por el otrora Instituto superior pedagógico Capitán Silverio Blanco Núñez del territorio y más tarde se enfrentó a laborar en la capital del país como profesor en un politécnico, ubicado en la Habana vieja y formó parte de la dirección nacional de la brigada.

«Creo que pude lograr todos esos retos por mi capacidad de aceptar todo lo que signifique cambio y superación. Fue una etapa donde aprendí a escuchar a los más experimentados y me exigió mucha preparación y acompañamiento de otras personas», explica quien a su regreso a Sancti Spíritus desde La Habana laboró en el Centro Provincial de Casas de Cultura y luego en el de Superación para la cultural.

Pero entre una responsabilidad y otra, llegaron otros retos que implicaron cruzar los océanos. Venezuela marcó el destino de cuatro de sus viajes. Mas, en Bolivia como representante de un proyecto nombrado embajadores del ALBA y en Argentina como asistente a la III Cumbre de los Pueblos, el espirituano Duniesky Contreras Madrigal ha enarbolado el vocablo Cuba, palabra que siempre le estremece, según confiesa al inicio de este encuentro con JR.

—¿Cómo fue el primer acercamiento de Duniesky con la cultura venezolana?

—Llegué a Venezuela el 22 de abril de 2008 por lo que soy fundador de la misión Cultura corazón adentro. Por suerte había estado tres años antes como parte de la delegación cubana en el Festival Mundial de la Juventud y los estudiantes y ese país no me era totalmente ajeno. Como siempre me preparé y atemperé al nuevo escenario para cumplir con el objetivo de consolidar la política cultural de esa nación latinoamericana, basada en los preceptos de revolución y progreso. Sin dudas, la misión fue una escuela y me cambió la vida.

—¿Cómo fue acogida la misión cubana?

—En un principio hubo mucho recelo. Quizá porque pensaron que se les iba a invadir y allá la cultura está muy arraigada. Por ello el primer reto fue demostrar la importancia de nuestra presencia, y luego lograr la participación de los líderes de cada comunidad para que fungieran como los principales protagonistas y así poder trabajar en calidad de asesores.

—Cuando recogiste las maletas en el 2008, ¿qué sabor te dejó Venezuela?

—Que había mucho que hacer todavía. Los que regresábamos sabíamos que todo lo que hicimos apenas era la punta del iceberg de las cosas que se querían. Por suerte la misión se ha consolidado y ha habido muchos logros, aunque aún restan muchísimos desafíos.

—La Revolución Bolivariana se tradujo para esa propia nación y el mundo en la figura del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías ¿Cómo lo recuerdas?

—Como una persona de pueblo. Él es de esos líderes que aparece uno cada 100 años tal y como nuestro eterno Comandante en Jefe Fidel Castro.

—Luego de tus viajes por diferentes países de Latinoamérica, ¿qué es Cuba para esta región del orbe?

—Es ejemplo en términos de lucha y posición ideológica. Cuando se llega a otro país y dices que eres cubano no son pocos los que te abren las puertas y te dan un abrazo para sentir el calor de una nación que ha resistido, una palabra que es sinónimo de sueño para muchos latinoamericanos.

—¿Cuál fue la Venezuela que te recibió en la segunda y tercera ocasión en que cumpliste misión?

—Para mi suerte en los tres momentos pude desempeñarme en varias funciones: como instructor; en el segundo momento como metodólogo de artes plástica en el estado de Barinas, y por último como profesor en el distrito capital. Eso me permitió ver y comprender la realidad desde diferentes miradas porque Venezuela es un entorno políticamente cambiante de un día para otro y eso te obliga a atemperarte para estar atento a cualquier cambio en la subjetividad de sus pobladores.

—¿Cómo ha sido la trascendencia de la misión Cultura corazón adentro cuando se camina por los Cerros?

—El venezolano revolucionario, que por suerte es la mayoría, asume nuestro trabajo como modelo para ser sustentable su proceso social. Apuesta por multiplicar nuestras experiencias y ha fortalecido su política cultural.

—Pero siempre están los opositores, ¿cómo respondiste ante su rechazo para con tu trabajo?

—La mejor respuesta de cualquier cubano que esté en una misión social es la de trabajar y hacerlo bien. Nosotros no podemos entrar en confrontaciones políticas abiertas; sino actuar con excelencia, de acuerdo a los diagnósticos de las debilidades y necesidades de esa nación.

—Si hoy te tocan a la puerta para que alistes nuevamente las maletas…

—Mi máxima es que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber. Mi responsabilidad es trabajar donde la Revolución entienda que soy necesario. Si en este momento me dicen que debo regresar, ¡estoy listo!

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