El apasionante ritual de los sueños - Cuba

El apasionante ritual de los sueños

El ritual de cada Primero de Mayo, como el de este viernes, siempre es motivo de comentarios y conversaciones públicas y entre «la gente del trabajo»

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Hay rituales que se repiten por la historia que llevan, por la sensación especial que provocan, por lo que cada vez convoca y llama; rituales que nos hacen acudir, movidos por la imparable fuerza de las mayorías, más allá de las dificultades diarias y los impedimentos de última hora. Son rituales consagrados, elevados al éter de lo eterno y constante gracias a la tradición sin dimensiones de practicar lo nuestro.

El ritual de cada Primero de Mayo, como el de este viernes —a partir de las siete de la mañana, en la capitalina Plaza de la Revolución y en otras citas también en horas muy tempranas— siempre es motivo de comentarios y conversaciones públicas y entre «la gente del trabajo». Que si la marcha apretada y enérgica del país hace temblar la tierra, que si vamos a defender nuestras conquistas, que si tenemos lo único, lo incomparable, lo cubano; que si se levanta el archipiélago personalizado en las diferentes profesiones, que si tenemos motivos de sobra para desfilar con alegría y emoción extra. Y en todo hay verdad. Y en todo ponemos la vida.

Y por todo nos desvelamos constantemente con tal de encumbrarlo hasta ese sueño al que nunca renunciamos, ni renunciaremos, porque nos gustan los rituales, y el nuestro es el de la pelea, la batalla imparable por parecernos al hombre y la mujer nuevos, por hacer del mundo un sitio mejor con la práctica apasionada de nuestros profesionales de la salud, la educación, el arte, la ciencia (la de verdad y reconocida por la academia, y la cotidiana de innovar y crecerse)… Todo lo apostamos al futuro, y llenamos el desfile de esperanzas y felicidades, de sueños.

Nos enorgullecemos de un sindicato que no cree en intereses, si no son de los obreros, y lo damos todo en cada reflexión de cómo poner el salario a la altura de lo que exige el bolsillo; admiramos con tino el florecimiento de las formas de gestión, estatales y no estatales al amparo de nuestro socialismo y nuestra democracia, y nos cuestionamos cuánta atención debe velar para que nada se desvíe de su intención primigenia. Todo a la vez, el abrazo y la sacudida, como las realidades: imperfectas pero solo subordinadas a lo que seamos capaces de ponerle con la inteligencia y el sudor de nuestra acción.

Este año, como empuje extra, como toque adicional de sentido, el ritual se nos renueva en estrenados pasos libres. Pasos que anduvieron lejos durante 16 años y hoy vuelven para caminar junto a nosotros, la juventud del 2015, y de paso sacudirnos ante su grandeza, y dotarnos de nuevas fuerzas, y seguir creyendo en los héroes de este siglo. Andares revitalizados que vienen a recordarnos el apasionante ritual de la pelea que nos pone a marchar por las victorias y los retos, y a soñar, que de eso sabemos bien.

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