Humanismo sin desierto - Cuba

Humanismo sin desierto

Para los especialistas que regresaron de Chile, tras prestar ayuda médica y humanitaria a los afectados por las lluvias, no hay palabras que describan el dolor que presenciaron: viviendas devastadas y personas que lo perdieron todo o casi todo. Les consuela el cariño y el respeto que merecieron a cada paso

Autor:

Juventud Rebelde

«Uno nunca espera ver condiciones tan precarias en familias enteras, donde hay niños, adolescentes, ancianos». La impresión es del doctor Viamir Quiñones Ponze, especialista en Medicina General Integral, para quien cada día que prestó servicios médicos y humanitarios en la región chilena de Atacama le trajo una experiencia impactante.

Desde esa geografía, un lugar desértico de la nación andina, regresó en la madrugada de este miércoles el galeno, como parte de un equipo de 15 colaboradores de la salud que durante dos meses afrontó complejas experiencias de vida, en las que el sentir humanitario, la solidaridad y el amor se convirtieron en armas cotidianas.

Así lo confesaron algunos de estos médicos que compartieron con nuestro diario sus experiencias, capítulos de vida, donde se conectaron sentimientos, desafíos y el sentir de una juventud que está haciendo su propia historia.

Entonces —señaló Viamir— uno piensa mucho en la familia, y te das cuenta de que en ese instante ya eres parte de esa otra familia que tanto te necesita.

Para este especialista no hay palabras que describan el dolor que presenciaron: viviendas devastadas, personas que lo perdieron todo o casi todo y continúan trabajando intensamente para recuperar sus casas o tratar de rescatar algunos objetos personales.

El desafío no era sencillo para quienes contaban con menos años de trabajo. Ellos se debatían entre emociones encontradas, al vivenciar sus primeras experiencias profesionales fuera de Cuba.

Doctor Juan Carlos González. Foto: Roberto Ruiz.

Así lo confirmó el doctor Juan Carlos González. Nos contó cómo las diferencias entre la cultura y las costumbres también influyeron a la hora de asumir las vivencias profesionales, «pues uno debe aprender códigos y modos de vida para entender a los pacientes».

Por ejemplo —relató— allí a los niños se les llama guagua, y para nosotros es un transporte. Eso nos chocó al principio, cuando los padres venían a tratar a sus pequeños y nos sorprendía la expresión.

«Al inicio de la misión ayudamos a los vecinos que estaban sacando el lodo de su vivienda para darnos la oportunidad de realizar consultas médicas y poder así agilizar la atención sanitaria», recuerda.

Queríamos salvar vidas

El grupo estaba compuesto por 15 profesionales: nueve médicos, cuatro licenciados en Enfermería y dos licenciados en Higiene y epidemiología, y gracias a ellos fueron atendidos unos 5 800 pacientes y se visitaron unas 2 500 viviendas.

En ese tiempo las condiciones precarias a las que se enfrentaron no menguaron el ímpetu y empeño de la brigada. Dormir en el suelo, escasez de agua y escombros por doquier no pudieron apagar el deseo de ayudar y salvar vidas.

Doctor Yordeny Quijaroza. Foto: Roberto Ruiz.

Así lo confesó también el joven galeno Yordeny Quijaroza García. Significó que a pesar de la difícil situación, fue una experiencia muy especial: «Allí nos acogieron con cariño. Desarrollamos un proyecto llamado Casa-casa, mediante el cual nos preocupábamos por las familias, y fue hermoso ver el agradecimiento constante».

Nos comentó que la brigada tenía una gran fortaleza: en esta se combinó experiencia y juventud, y gracias a la pericia de médicos con muchos años de labor, la misión resultó muy enriquecedora profesional y espiritualmente.

A ese pueblo llevamos una propuesta de estrategia de trabajo comunitario con enfoque epidemiológico asistencial, y nos integramos al sistema de salud de la localidad, trabajando de conjunto con los funcionarios del departamento de Epidemiología.

Según explicaron, durante la misión tuvieron el apoyo de los médicos graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina, y juntos prestaron una labor voluntaria que en ocasiones exigía desplazarse a cientos de kilómetros desde el sur del país.

Para estos jóvenes siempre fue uno el denominador común: las muestras de gratitud y amor que no faltaron de quienes vieron un destello de luz y esperanza en medio del lodo y el agua, en una zona en la que irónicamente nunca llovía.

Catástrofe en Atacama

El pasado marzo la región de Atacama, en Chile, era azotada por intensas lluvias y como resultado varios ríos se desbordaron provocando inundaciones en diversas localidades de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo, siendo las localidades de Taltal y Vicuña las que concentraron la mayor cantidad de precipitación, con 67 y 68 milímetros respectivamente.

La situación meteorológica dejó un saldo de más de una veintena de muertos, los desaparecidos superaron el centenar y casi 30 000 personas resultaron damnificadas.

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