Más que un nombre

Durante la clausura del Primer Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes —comenzado cuatro días antes—, los jóvenes acordaron, a propuesta de Fidel y por unanimidad, adoptar un nuevo nombre para su organización: Unión de Jóvenes Comunistas

Autor:

Yuniel Labacena Romero

El Estadio Latinoamericano no solo ha sido testigo de grandes acontecimientos deportivos. Cuentan que a las 8:30 p.m. del 4 de abril de 1962, en sus gradas no cabía una persona más y hubo que colocar hasta sillas en el terreno de pelota. Aquel día, durante la clausura del Primer Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes —comenzado cuatro días antes—, los jóvenes acordaron, a propuesta de Fidel y por unanimidad, adoptar un nuevo nombre para su organización.

«¿Es acaso un extremismo bautizar la organización juvenil con el nombre de Unión de Jóvenes Comunistas? ¡No! ¡No! Porque, precisamente, la función de esa organización es formar jóvenes que tengan una actitud comunista ante la sociedad y ante la vida; de formar jóvenes que han de vivir en una sociedad nueva, en una sociedad distinta, en una sociedad muy diferente de la sociedad en que hemos vivido. La misión de esa organización es formar jóvenes capaces de construir esa sociedad y de vivir en esa sociedad».

Fueron esas las palabras de Fidel al proponer el nombre de Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), para la entonces Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), en virtud de que la organización era ya la indiscutible vanguardia entre las más nuevas generaciones de obreros, estudiantes y campesinos. Y resaltó además, que ser un joven comunista no significa privilegio, sino todo lo contrario: abnegación y sacrificio.

Los participantes en el cónclave no solo tuvieron ese enorme privilegio, también pudieron aprobar los primeros estatutos de la organización, su emblema y su carácter marxista-leninista. Nacido en esa cita, el primer Comité Nacional lo presidió el comandante Joel Iglesias Leyva, quien en la ocasión fue electo secretario general de la UJC.

Este congreso consolidó estructural e ideológicamente a la Juventud Comunista, que tuvo ante sí el reto histórico de continuar agrupando a la vanguardia juvenil. Para ello desarrolló, entre 1963 y 1964, un profundo proceso de restructuración de sus filas en todo el país, donde se impuso la necesaria ejemplaridad del militante.

La UJC impulsó disímiles tareas: asumió para sí las movilizaciones para recoger café en las zonas montañosas de la antigua provincia de Oriente, atendió políticamente a los miles de jóvenes que integraron el Plan de Becas de la Revolución y apoyó la Revolución Técnica en el país con la creación de las Brigadas Técnicas Juveniles.

Además, cooperó en la apremiante batalla cultural por alcanzar el sexto grado. A partir de 1964, cuando se aprueba la Ley del Servicio Militar Obligatorio, la preparación para la defensa de la Patria se convirtió en un deber sagrado para los jóvenes.

Fuente: Archivo Central de la UJC

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