De bicicletas, familias y otras sorpresas

En medio del período especial la Unión de Jóvenes Comunistas celebró su VI Congreso del 31 de marzo al 4 de abril de 1992

Autor:

Yuniel Labacena Romero

En medio de los momentos difíciles por la caída del campo socialista europeo, que llevó al país a declarar la etapa de período especial en tiempos de paz, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) no renunció a la utopía de construir un país mejor y celebró su VI Congreso del 31 de marzo al 4 de abril de 1992, cuando se propuso hacer un evento de todo el pueblo. Y así fue.

Desde su convocatoria apeló a la creatividad y eficiencia ante la difícil etapa por la que atravesaba la Revolución. En primer lugar se decidió que el cónclave fuera financiado por los jóvenes, idea que fructificó, pues el presupuesto del evento terminó siendo un asunto de pueblo. También se recibieron donaciones importantes de amigos de Cuba. Las cifras reunidas sumaron 15 027 412 pesos y 30 683 dólares, de lo cual se gastó 881 000 pesos y 11 200 dólares; el resto se depositó en manos de Fidel con el propósito de utilizarlo en obras de beneficio para el país.

Una villa muy singular y especial acogió la cita. El hospedaje en la capital fue un acto de hospitalidad de los vecinos residentes en los municipios de Playa, La Lisa y Marianao —los más cercanos al Palacio de Convenciones de La Habana, donde sesionó el evento—, quienes brindaron sus hogares para acoger a los delegados. Para entonces se prepararon unas 1 454 casas.

Asumida la estrategia de sumar y convertir el encuentro en un asunto de todos, la alimentación se obtuvo con aportes de los colectivos obreros de las provincias, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, más las donaciones de los contingentes y el movimiento campesino. Unos 26 puestos de mando garantizaron que nada faltara en las casas y que todo funcionara.

Las bicicletas, veraniegas y juveniles, fueron la solución al problema del transporte y la falta de combustible en la Cuba de entonces. En los días del Congreso rodaron por las calles habaneras miles de ciclos. Habían sido construidos en tiempo récord, como resultado de la producción cooperada de 17 empresas capitalinas, guiadas por la fábrica Claudio Argüelles, y de acuerdo con las exigencias de los muchachos: las características del timón, los guardafangos y la utilización de 12 colores posibles, entre otros detalles.

El 31 de marzo de 1992 comenzaron las jornadas del VI Congreso, y las primeras cuatro horas transcurrieron en un trabajo voluntario de los delegados a lo largo del país, en los túneles populares para la defensa. A las seis de la mañana, con una alocución a los jóvenes y a todo el pueblo desde un túnel de la capital, transmitida en directo por Radio Rebelde en cadena con otras emisoras nacionales y provinciales, quedó oficialmente inaugurado el Congreso.

En horas de la tarde de ese mismo día, los participantes partieron hacia la entonces Ciudad de La Habana. La mayoría, procedente de las provincias del centro y oriente del país, llegó en tren; Pinar del Río y La Habana en guaguas, e Isla de la Juventud en barco. En bicicletas se trasladaron hasta el teatro Karl Marx, donde los esperaban para un primer contacto y para ultimar detalles de una cita que haría historia.

Fuente: Archivo Central de la UJC

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