Con el orgullo de la Cuba primera

En el andar santiaguero de cinco siglos deambula la pasión del mar Caribe y de sus cimientos sísmicos, la poesía de sus montañas, la tenacidad y el vigoroso fervor de sus hazañas

Autores:

Osviel Castro Medel
Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— Tiene los mil rostros de los troncos que cimentaron su origen: la nobleza indígena, la fuerza desbordada de los esclavos africanos, la exquisitez de los emigrantes franceses.

Poetas y pintores, autores de más de 300 canciones, han enaltecido su esencia y atributos, definiéndola como «cuna y pan» o la tierra «donde son más altas las palmas»; o el sitio real maravilloso que puede resumirse en una frase: «…es Santiago de Cuba, no os asombréis de nada.»

Ciudad de encuentros, hospitalidad, rebeldía y resistencia, con tantos títulos como hazañas, Santiago de Cuba ha vivido cinco siglos con vocación de isla y sus empeños y realizaciones, reflejo del andar de medio milenio, han estado en el alma de la nación, dando rostro a sus más entrañables emblemas.

De Bayatiquirí a Santiago de Cuba

Todo comenzó al oeste de una profunda y protegida bahía de bolsa, entre las azules cumbres del macizo de la Sierra Maestra y la desembocadura de las aguas del río Parada,  donde moraba, peregrina y pacífica, una comunidad de indios perteneciente al cacicazgo de Bayatiquirí y que nombraba Cuba a la zona en que habitaba.

Según diversas investigaciones históricas, el 18 de junio de 1515 llegó a estos predios el adelantado Diego Velázquez Cuéllar, colonizador español y luego primer Capitán General de la Isla, al frente de un grupo de ambiciosos conquistadores decididos a fundar la séptima de las villas cubanas.

Más allá de cualquier discusión entre estudiosos, su fecha de fundación, el 25 de julio de 1515, reverencia el día en que se efectúan las fiestas de Santiago Apóstol, santo guerrero patrón de España, en honor al cual los colonizadores nombraron Santiago al puerto que encontraron.

De lo que sí no hay dudas es de que, apenas fundada en los terruños del cacicazgo, pasó del lado oeste al este, y con el tiempo terminó asentándose al fondo de la bahía.

Tampoco nadie cuestiona que tal vez como reacción al gesto español que exterminó a sangre y fuego a los indígenas  y sobre las ruinas de sus bohíos fundó la villa; o quizá porque el andar ingenuo de la india Cuba sedujo al apóstol Santiago, la denominación aborigen persistió.

Casi desde sus orígenes, el devenir del país y del Caribe pasó por Santiago. Fue pueblo principal y lugar de residencia del gobernador hasta 1589, en que la capital se trasladó hacia La Habana; tal jerarquía propició que en fecha tan temprana como el 28 de abril de 1522,  se le concediera la sede del obispado y a la vez el título de ciudad.

La posición geográfica como ventana al Caribe y la condición de ciudad puerto le asignarían un importante rol en los planes españoles de conquistar tierra firme, y en el futuro de la región. Santiago fue la base de nuevas conquistas.

De su rada zarparon expediciones con tales propósitos, capitaneadas por nombres como Juan de Grijalva, Hernán Cortés, Pánfilo de Narváez y Hernando de Soto. Los primeros 300 esclavos africanos que se introdujeron en Cuba entraron por puerto santiaguero en 1521. Los franceses que huyeron de Haití en los días de la revolución de ese país, buscaron refugio en esta parte del mundo.

Ya desde mayo de 1822, tal condición santiaguera fue reconocida con  la designación de Hospitalaria de las Américas, por acoger a un gran número de inmigrantes de diferentes naciones.

En febrero de 1712 le había sido otorgado el  título de «Muy Noble y Muy Leal« por Real Cédula de la Corona española, tras haber obtenido sus habitantes, con el gobernador Don Juan Barón de Chávez a la cabeza, un valioso botín de 22 cañones, 15 embarcaciones y una cantidad importante de armas y parque, arrebatados a la armada inglesa que se alistaba en las islas Providencia y Siguatey, para atacar y tomar Santiago.

De esencias e iniciaciones

Su entorno fundacional pudiera definirse como ambiente de esencias e iniciaciones de la nación cubana. Allí está la Santa Basílica Metropolitana Iglesia Catedral, la primada de Cuba, que ostenta el no deseado récord de ser la edificación de su tipo que más veces ha sido reconstruida y remodelada en la ciudad. Una obra de arte que a su vez atesora en su interior valiosos tesoros como la pintura del Santo Ecce Homo, tablilla de 330 mm de altura, considerada como la más antigua del país; obras pictóricas de los siglos XVII y XVIII y el Coro de los Canónigos, que es una obra exquisita de ebanistería.

Igualmente la catedral de Santiago es el lugar donde el 8 de marzo de 1523, el obispo de Cuba, Juan de Wite, desde España, al designar las dignidades de su diósecis  santiaguera, incluyó entre ellas una maestrescolía o scholatría, determinando así la fundación de la que puede ser considerada como escuela cubana inicial, y una de las tres primeras del continente: una institución de nivel medio donde se enseñaba gramática latina y en la que luego ejercería como el iniciador del magisterio cubano Miguel de Velázquez.

Es asimismo la basílica santiaguera el entorno donde se desempeñó como Maestro de Capilla, y gestó sus creaciones, Esteban Salas, reconocido como el pionero de la música cubana.

En el anillo fundacional de la antigua villa, se conservan además tesoros históricos como la casa donde residió el adelantando Diego Velázquez, la más antigua de América; y se enclava también el Ayuntamiento, desde cuyo balcón central, el 1ro. de enero de 1959, Fidel anunció al mundo el triunfo de la Revolución.

Santiago es ciudad historia. Por aquí comenzó la organización de la colonización y aquí concluiría la dominación española cuando era vencida la vetusta armada del almirante Cervera  por la joven flota norteamericana que intervino en la guerra para imponer su dominación sobre el archipiélago.

Aquí nacieron 29 generales de las guerras independentistas del siglo XIX, entre ellos el mayor General Antonio Maceo; en su cementerio de Santa Ifigenia reposan los restos del Héroe Nacional cubano, José Martí, y muchos otros héroes; en sus calles, el 26 de julio de 1953, Fidel, al frente de un grupo de jóvenes, atacó el cuartel Moncada y escribió la primera página de la lucha que llevaría al triunfo de 1959.

En 1947, investigadores de todo el país reunidos aquí, entre ellos Emilio Roig de Leuchsenring, declararon a Santiago como ciudad de la historia, apelativo que años después refrendó Fidel cuando desde el balcón del Ayuntamiento, en 1984, en ocasión del XXV aniversario del triunfo revolucionario, la condecoró como la única urbe cubana que tiene en su haber el Título Honorífico de Ciudad Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo.

Mestizaje y confluencias

Crisol de culturas, suma de encuentros y desencuentros, el mestizaje es aquí más abierto que en el resto del archipiélago cubano y las influencias se reconocen en su andar actual.

De los catalanes les viene su tradición coral, y de España las comidas muy condimentadas y la lengua, que acusa variantes léxicas únicas.

La Capital del Caribe, la tierra caliente, es la cuna del ron ligero; del aroma y dulzor inigualables de las frutas del Caney; de las minas a cielo abierto más antiguas de América, y del Santuario Nacional a la Virgen de la Caridad de El Cobre, entorno de devoción y cubanía, tanto como  de sublevaciones y cimarronaje esclavo.

Del contacto perenne con incendios, terremotos, huracanes que han asolado su geografía desde el comienzo; de los frecuentes asedios de corsarios y piratas que muchas veces destruyeron la ciudad, tal vez le venga esa resistencia a toda prueba.

Santiago es más Santiago en sus hombres y mujeres espontáneos, alegres, naturales; en la cesta de mil tesoros de Bertha la pregonera, en la voz única del Benny santiaguero, en ese buchito de café que el vecino te brinda a plena mañana o al atardecer; en la generosidad del plato de comida o el refrigerio al recién llegado, en esa preocupación, rayana con la intromisión, con que se cuidan unos a otros en las calles…

El santiaguero, jovial y dispuesto, vive hacia fuera y con toda intensidad, habla alto, ríe con toda su risa y se entrega plenamente a lo que hace. Un ser noble, jaranero, colaborador, de espíritu emprendedor, con una ocurrencia y un chiste en los labios hasta en tiempos de adversidad y necesidades.

A Santiago le son naturales la voluntad y el trabajo. Esa es la urbe que a cinco siglos de fundada, promete seguir engrandeciéndose con el orgullo de la Cuba primera.

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