El segundo violín

Desde muy joven deslumbraba la inteligencia y pensamiento rebelde de Federico Engels, «el genio gemelo de Carlos Marx», y de quien este 5 de agosto se recuerdan los 120 años de su muerte

Autor:

Luis Hernández Serrano

Cuando el jovencito Federico Engels era un simple y desconocido alumno de una escuela de comercio en Bremen, su barrio natal, con solo 18 años, y aún no se había enamorado bien de mujer alguna, jugó su corazón al azar y se lo ganó la Filosofía.

Con el tiempo se convertiría en un cabal heredero del Renacimiento, por su cultura filosófica, económica y política, y sobre todo, al quedar comprobado que hablaba y escribía en numerosos idiomas.

Eso explica de cierta forma por qué en edad tan temprana, el casi adolescente Federico criticaba ya con sugerentes argumentos determinadas teorías y estudiaba nada menos que el hondo y entonces muy controvertido sistema filosófico de Hegel.

No obstante, guardaba también espacio entre sus precoces inquietudes intelectuales para el teatro y escribió en esa misma época el drama Rienzi, sobre un héroe popular que vivió en Roma en el siglo XIV y cuya biografía sirvió a Wagner para el libreto de su ópera del mismo nombre. Dicha obra fue descubierta casualmente entre los viejos ejemplares de la librería municipal de la ciudad germano-occidental de Wuppertal, a la que pertenecía Bremen.

Vino al mundo en el distrito de la Prusia renana, integrado hoy en el estado de Renania Septentrional-Westfalia, el 28 de noviembre de 1820, hace 195 años. Nadie hubiera podido imaginar que entre los niños que corrían por sus calles estrechas y polvorientas, estaba la persona que con el tiempo compartiría con Marx la gloria imperecedera de la paternidad y la difusión de las ideas del socialismo.

Desde su adolescencia Engels se vinculó con el grupo radical Joven Alemania, estableció contacto con los más sobresalientes jóvenes hegelianos y recibió un curso de Filosofía en la Universidad de Berlín. En 1842 viajó a Inglaterra, donde observó detenidamente la vida de los obreros, y dos años después terminó de escribir y publicar su Estudio crítico de la economía política. Fue en París, de viaje rumbo a Alemania, que conoció personalmente a Marx, pues ya se carteaban desde antes y así se consolida la indestructible amistad mutua que los llevó a redactar, a cuatro manos, La Sagrada Familia, obra con la que, mediante el genio gemelo que los identificó, echaron las bases del socialismo revolucionario.

Justamente de regreso a Alemania, Engels se dedica de lleno y para siempre a la causa del proletariado. Al estallar la Revolución de 1848 en Francia, se dirigió de inmediato a París para participar en ella junto a su entrañable amigo Carlos Marx. Más tarde, en Londres, sería elegido miembro del Consejo General de la Internacional.

Dos nombres para cambiar el mundo

Evocar a Federico Engels no es posible sin mencionar a Carlos Marx, y viceversa. Pero ahora resaltamos a Engels, porque murió hace 120 años en Londres, el 5 de agosto de 1895, con 74 años, víctima de lo que hoy sabemos que es el cáncer.

Puede decirse que sin Engels la teoría del Comunismo Científico en Marx no hubiera podido avanzar como lo hizo  en sus investigaciones, aportes y descubrimientos filosóficos, económicos, políticos, científicos y sociales.

Sin embargo, el propio Engels, noble y modesto amigo y mecenas del principal autor de El Capital, no tuvo reparo en decir: «Marx es un genio. Los demás, a lo sumo, somos hombres de talento. Sin él, la teoría revolucionaria no sería lo que es (…)». Y en otra oportunidad, en carta a su amigo I.F. Becker, el 15 de octubre de 1884, confesaría: «Al lado de Marx me correspondió el papel de segundo violín (…)».

Sin embargo, aquel segundo instrumentista fue muchísimo más que eso en la vida de su casi inseparable amigo. Entre otras cuestiones, luego de morir Marx, concluyó los tomos II y III de El Capital.

Aquella obra cumbre, Carlos Marx la escribió en plena miseria. El 27 de febrero de 1852, en carta a Engels le cuenta que lleva una semana sin poder salir de su casa, por tener todas las chaquetas empeñadas. Que no puede tampoco probar alimentos fuertes por falta de crédito. Y para mayor dolor, de siete hijos, mueren cuatro por la pobreza en sus primeros años de emigración en Inglaterra.

Rebeldía

Federico no se distinguió solo por su gesto de ayudar económicamente a Marx mientras este escribía su formidable obra El Capital, sino que formó con él uno de los dúos de pensadores y filósofos más geniales que ha existido en todas las épocas.

Desde muy niño, Engels sobresalió entre sus compañeros de escuela como el más inteligente, talentoso y culto. Un ejemplo de esto se puede apreciar en el hecho de que una misma carta —entre las más famosas y que aún se conserva— no solo la escribió en alemán, sino también en griego antiguo, latín, inglés, portugués, francés, holandés y español.

Ante las arbitrariedades dictatoriales y burguesas que golpearon a sus coterráneos y compatriotas, con rebeldía escribió esto que ya desde entonces lo retrataba de cuerpo entero: «Únicamente espero algo bueno del soberano, cuando su cabeza sienta mareos por las bofetadas recibidas del pueblo, y los muros de sus palabras demagógicas estén derruidos ante las certeras y vigorosas pedradas de la Revolución obrera».

Es significativo el hecho de que Engels se llamaba así mismo Jacobino y que con solo 22 años se le empezó a considerar un escritor de tendencia ultrarradical, verdad que lo unió fuertemente a Marx y permitió cimentar la sólida amistad que contribuyó decisivamente a cambiar el curso de la historia.

El general Federico Engels

Ha sido poco tratada su inclinación y sabiduría por las cuestiones de la ciencia militar, en la cual demostró ser un verdadero especialista, e incluso mereció el calificativo de «teórico militar del proletariado», actividad de la que se enamoró desde su participación activa en los combates de las barricadas revolucionarias de Elberfeld.

Sus escritos sobre las estrategias y tácticas militares fueron atribuidos a oficiales profesionales de los ejércitos, como el caso de aquel artículo suyo titulado La táctica de infantería y sus fundamentos materiales, un formidable esbozo del desarrollo de ese elemento militar en un período de 170 años.

No fue militar profesional, aunque estudió seriamente el fenómeno del militarismo y la guerra, y hasta su propio hermano de ideas, Carlos Marx, le llamó «mi Ministro de la Guerra».

Por todo eso se justifica y explica perfectamente el que Laura Lafargue, segunda hija de Marx y esposa del cubano de Santiago de Cuba Pablo Lafargue, en carta a Engels le diera el curioso apelativo de «Mi querido General», teniendo en cuenta sus sólidos y amplios conocimientos militares.

Hay que decir que Engels no fue ajeno a los cubanos, ni Cuba fue ajena a él. Escritos de Federico resultaron textos de cabecera de algunos revolucionarios antillanos como, por ejemplo, el caso de Enrique Roig de San Martín, que el 5 de julio de 1888 escribió un artículo sobre palabras de Engels. Lo mismo ocurre con Carlos Baliño, amigo de Martí y fundador junto a Mella del primer Partido Comunista cubano.

En su obra Dialéctica de la Naturaleza, Engels se refirió a nuestra patria: «Cuando en Cuba los plantadores españoles quemaban los bosques en las laderas de las montañas para obtener con las cenizas un abono que solo les alcanzara para fertilizar una generación de cafetos de alto rendimiento, poco les importaba que las lluvias torrenciales de los trópicos barriesen la capa vegetal del suelo, privada de la protección de los árboles, y no dejasen tras sí más que rocas desnudas».

Epitafio para su tumba del mar

Los siguientes versos del poeta Edgard Mead que Engels tradujo casi íntegramente al alemán, pudieran ser el mejor epitafio para una tumba que no tuvo, pues sus restos se esparcieron en el mar: «Abajo, pues, el rey-verdugo; / los millones de obreros adelante; / evitemos que el pueblo, bajo el yugo / se lo trague la noche dominante».

¿Por qué Engels ayudó a Marx?

«Así como Servet descubre la circulación de la sangre, Marx descubre los cauces reales y las leyes objetivas del desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humanos. Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho tan sencillo, pero oculto hasta entonces bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etcétera. (…) Descubrió también la ley específica que mueve el modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él: la Plusvalía. (…) Descubrimientos como estos debían bastar para una vida. (…) Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no representaba, ni siquiera la mitad del hombre. (…) Marx era, ante todo, un revolucionario, (…) la lucha era su elemento. Y luchó con pasión, una tenacidad y un éxito como pocos, (…) la gran Asociación Internacional de los Trabajadores era en verdad una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiese creado ninguna otra cosa. (…) Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra. (Discurso de Engels ante la tumba de Marx, en el cementerio de Highgate, el 17 de marzo de 1883. Publicado en alemán en el diario Der Sozialdemokrat, No. 13, 22 marzo de 1883).

Fuente: Marx y Engels. Obras Escogidas. Editorial Progreso, Moscú, URSS, 1960. El genio gemelo de Marx, Juventud Rebelde, 28-11-2000 y Cantor de los ojos tristes, Juventud Rebelde, 5-5-2001, ambos del autor de este trabajo.

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