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Diseño a la medida de una sociedad

Desde una plataforma armónica, sensible y creativa, el diseño debe contribuir a un mejor entorno y mayor bienestar social para los cubanos, señala en diálogo con JR Sergio Peña Martínez, rector del Instituto Superior de Diseño

Autor:

Mayte María Jiménez

Una sociedad como la nuestra, en la que el ser humano es el centro de todo lo que sucede, tiene por esencia una conexión lineal con el diseño. Esta actividad creativa no solo es capaz de proyectar una solución a disímiles problemas, sino que lo hace de una manera armónica y funcional.

El diseño puede ayudar al mejoramiento de la calidad de vida, afirma Sergio Peña. Foto: Calixto N. Llanes

Así lo valora el rector del Instituto Superior de Diseño (ISDI), el máster Sergio Peña Martínez, al dialogar con nuestro diario sobre la importancia de un entorno que sea cada día mejor y acompañe las dinámicas más renovadoras.

En este afán —sostiene el Rector—, no se trata de validar el ejercicio de la profesión, sino de buscarle sentido práctico, para elevar el desarrollo integral de la población y su contexto.

Sin embargo, el diseño es aún incomprendido, lo que condiciona que tenga poca demanda en el contexto socioeconómico y productivo de la Cuba actual. A él deben aportar no solo los profesionales de la disciplina, sino todos los que generen una buena idea, afirmó.

—¿Cuál es el alcance del diseño para la sociedad cubana?

—Primero debemos entender que el diseño resulta una actividad con múltiples visiones y alcances. Tiene una génesis única e integradora, que está vinculada con el mejoramiento de la condición humana y la calidad de vida, en armonía con el medio ambiente.

«Hablamos de un ejercicio profesional, de marcada sensibilidad, que ofrece soluciones eficientes y útiles, y que, además, sus resultados pueden expresarse en los procesos de circulación y consumo.

«Es importante, también, que exista una sensibilidad compartida de los creadores, los decisores y la propia población. En el caso de los primeros, para que se conecten con el escenario y creen desde la emoción humana. Los segundos, porque son parte del proceso de construcción de los trabajos y su aprobación.

«Debemos lograr una vinculación cada vez mayor de los propios     diseñadores con proyectos sociales, que no sean solo mercantiles.

«El diseño, además, resulta esencial para la propaganda. Es importante que las campañas sepan buscar las potencialidades que tenemos como cubanos, para transmitir mensajes acordes con nuestros códigos de comunicación.

«Por último, aspiramos que los receptores sean cada vez  más críticos y logren apreciar la calidad. En la medida en que la población cuente con más elementos, los realizadores se sentirán también más comprometidos con el ejercicio creativo».

—¿Cómo lograrlo?

—Es responsabilidad compartida de nuestro claustro fertilizar la tierra donde sembramos diseño, en ello va el éxito y la calidad de los frutos. El ISDI puede incrementar su protagonismo, ser cada vez más activo.

«Contrario a lo que muchos piensan, el diseño economiza recursos; más que de costos debemos hablar de utilidad».

—¿Podemos considerar entonces que no se le brinda la importancia que merece?

—Exactamente. Aún existe incomprensión del papel que la profesión desempeña. Muchas veces se asocia a un gasto adicional, cuando de lo que se trata es de una inversión.

«Sin embargo, de no asesorarnos adecuadamente se corre el riesgo de perder tiempo y dinero en proyectos, porque se hacen sin la participación de un diseñador, que es la persona que puede hallar una funcionalidad racional.

«Nosotros incitamos a multiplicar las vías de acceso para que los empresarios conozcan las gestiones y la información sobre el diseño. Hemos formado profesionales de alta calidad, capaces de responder a cualquier demanda. Los preparamos para que aporten soluciones  y puedan garantizar que nuestros productos sean óptimos y competitivos».

—¿Cómo se insertan los diseñadores cubanos en la dinámica internacional?

—En ese contexto, la profesión de diseño clasifica entre las más demandadas. Por su importancia se encuentra entre las mejor remuneradas, pero en muchos lugares se pondera el éxito individual, y queda en un segundo plano la esencia social y colectiva de su verdadero impacto.

«El ISDI tiene la responsabilidad de formar no solo a los futuros diseñadores, sino también educar a la población en una cultura del diseño, para que sea capaz de exigir y reconocer la buena imagen y el mensaje de calidad.

«En nuestros graduados tratamos siempre de conectar tres elementos: lo cognitivo, lo afectivo y lo conductual. El conocimiento es esencial para proyectarse, pero si no hay una argumentación razonada y acciones coherentes, el diseñador no podrá conectarse con su realidad de una manera social y humana, más allá del incentivo personal».

— ¿Cómo contribuye el diseño a la construcción del imaginario social y político?

—Cuba es un país que está en constante renovación, preservando la esencia de su modelo social. En ese sentido, para seguir enamorando a las nuevas generaciones, hemos de llegarle con nuevos mensajes, que sean más acordes con su realidad, que se identifiquen con sus emociones y problemas. Ello tiene mucho que ver con la concepción del diseño y su funcionalidad para transmitir una emoción, una historia, una ideología.

«No se puede convertir ese proceso en una rutina. A los jóvenes hay que conquistarlos y enamorarlos del proyecto, tocando resortes del corazón, y el diseño puede ayudar mucho en ese compromiso».

—¿Está garantizado el relevo en esta especialidad y, a su vez, los graduados tienen seguro un mercado laboral?

—Cada año en el ISDI se gradúan unos cien diseñadores, entre las especialidades de Diseño Industrial y Diseño de Comunicación Visual. Podemos decir que hoy sí tienen seguro ese mercado. Pero ello no significa que la ubicación sea efectiva.

«En ocasiones, quienes solicitan a los egresados no tienen claridad de lo que se define como trabajo de un diseñador. Pienso que debe revisarse el mecanismo mediante el cual se solicitan los graduados. Los planes de ubicación laboral no deben regirse solo por los pedidos programados por los plazos de cinco años, pues la realidad ha demostrado que las dinámicas cambian rápido, y surgen necesidades profesionales en lugares donde antes no se pensaba».

—Se habla mucho de la decisión de haber quitado las pruebas de aptitud de diseño. ¿Cree que la captación será ahora más efectiva?

—La realidad es que las pruebas de aptitud no medían todas las competencias de los estudiantes; o estaban permeadas por subjetividades que no ponían a todos los muchachos al mismo nivel.

«Sin embargo, el promedio académico, como ocurre ahora,  puede ser un poco más justo, pues es acumulativo de varios años. Además, en estos momentos se potencian habilidades como la creatividad, capacidad de pensar diferente, curiosidad, cualidades que no se pueden medir en una prueba de aptitud».

— ¿Estaríamos hablando de un diseño ideal o puede ser realizable en el contexto cubano?

—El diseño tiene implicaciones en todos los sentidos de la vida de una sociedad: económicas, tecnológicas, sociales, y parten del hecho de que sea comprendido y entendido por el que lo recibe.

«Nosotros pensamos un diseño que esté proyectado para responder a las líneas de desarrollo y problemas de una sociedad como la nuestra, acorde con sus características y necesidades. Creo que sí es posible.

«En Cuba, una sociedad que pondera el bienestar social, el diseño más que nunca tendría que verse desde una plataforma armónica, sensible y creativa, coherente con el comportamiento humano, en su interrelación con la sociedad y el mundo que nos rodea».

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