Un parque para aprender - Cuba

Un parque para aprender

En una zona de la capital de la provincia de Las Tunas, infectada de vegetación sin domesticar, florecen hoy el conocimiento y la distracción de la mano de un interesante proyecto social

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— Los parques temáticos se han puesto de moda en casi todo el planeta. Se trata de espacios de grandes dimensiones donde la recreación y el esparcimiento cohabitan con la sabiduría y el aprendizaje. Son como enciclopedias abiertas que dictan su ilustrada cátedra en una topografía singular. Por las opciones de su perfil, gozan del favor de niños y jóvenes.

Según los estudiosos del tema, el primer parque temático de la historia se construyó en Viena, la apacible capital austriaca, en fecha tan lejana como 1766. Sus áreas fueron donadas por el emperador Josef II para el disfrute público. Disponía de restaurantes de lujo, plazas interiores, estuarios con nenúfares, lugares para citas y recintos para escuchar música.

Pero fue en Estados Unidos donde estas instalaciones alcanzaron su pináculo. En 1884, correspondió al Coney Island, en Nueva York, protagonizar el debut. Amén de espacios polifuncionales, entre sus atracciones incluyó la primera montaña rusa conocida. Más tarde, en 1955, el famosísimo autor de animados Walt Disney construyó un parque temático célebre: Disneylandia.

Aunque quizá no clasifique dentro de los estereotipos de los parques temáticos modernos, el Gran Parque Metropolitano de La Habana, de unas 700 hectáreas desplegadas a lo largo de los últimos 9,5 kilómetros del río Almendares, figura como el pionero de su tipo en Cuba. Este recodo verde fue inaugurado por Fidel el 29 de septiembre de 1989. Los visitantes pueden encontrar allí, entre otras atractivas ofertas, áreas para el senderismo y los deportes extremos, gastronomía diversa y peñas infantiles.

Con su selva tropical de alto valor paisajístico —única área citadina con bosque urbano— se le considera el pulmón de la capital cubana. Cruza cuatro de sus municipios y lo integran el antiguo Jardín Botánico, el parque Almendares, el Bosque de La Habana, los jardines de La Tropical y de la Polar y la Loma del Husilllo. En su ámbito radican más de 230 centros diferentes, tales como industrias, hospitales, cafeterías y escuelas.

Parque a la tunera

Hace apenas una semana, las autoridades tuneras inauguraron la primera etapa del Parque Temático de la ciudad, insertado en el proyecto Identidad y Desarrollo. La incipiente obra de corte social se añade a otras similares de reciente factura —como la Casa Insólita—-, concebidas para el regocijo de su población.

El parque, previsto para expandirse en un área de 42 hectáreas, está enclavado en una zona de reminiscencias históricas, entre la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García, el Hotel Las Tunas, la Escuela Vocacional de Arte, el complejo comercial La Serrana, el Hospital Pediátrico Provincial y el Instituto Preuniversitario Urbano Francisco Muñoz Ruvalcaba.

En sus cercanías radicó el puesto de mando de Carlos Manuel de Céspedes, presidente de la República en Armas desde abril de 1869. El Padre de la Patria siguió el frustrado asalto a la ciudad por tropas  mambisas al mando del Mayor General Manuel de Quesada el 16 de agosto de 1869. Eufóricos por el triunfo, los españoles la llamaron desde entonces Victoria de Las Tunas.

En otra área de sus proximidades, a fines de agosto de 1897, también tronaron los cañones, cuando el Mayor General Calixto García asaltó, tomó y quemó la ciudad. En aquella batalla tomó parte y fue ascendido José Martí Zayas-Bazán, hijo del Apóstol, y cayó el coronel Ángel de la Guardia, el joven que acompañaba a nuestro Héroe Nacional en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895.

«Nuestro parque temático pretende transformar un espacio baldío de la ciudad en un bastión de conocimientos —dice Amado Luis Palma, especialista de Gestión Ambiental de la Delegación Provincial del Citma en Las Tunas. Tiene como premisa básica integrar diferentes áreas de la actividad humana, como la cultura, la ecología, la recreación, el deporte, la gastronomía, la historia, la innovación, la tecnología…»

La primera etapa del parque ya funciona. Se encuentra en los accesos de la instalación, y cuenta con aparatos para practicar deportes biosaludables y extremos, un ranchón-restaurante criollo y un área para organizar picnics familiares con sus correspondientes mesas, sillas y parrillada. Un espejo de agua embellece el ambiente, en cuyo contorno serpentea un diminuto malecón, salpicado por bancos y sombrillas multicolores.

El proyecto —sumamente abarcador— espera incluir para fases posteriores los llamados «senderos interpretativos», algo que, seguramente, establecerá pautas en el palmarés del parque. Se trata de recorridos a través de diferentes momentos de la historia humana y de su progreso biológico y medioambiental.

El Sendero de la Evolución, trazado dentro de las áreas de la instalación, prevé emprender una caminata antropológica y lingüística por la vida de nuestros aborígenes. Sus diferentes escalas estarán identificadas con nombres autóctonos que han logrado sobrevivir en la actual toponimia tunera, como las comunidades llamadas Cabaniguán, Caisimú y Majibacoa.

Habrá un sendero ideado exclusivamente para el tema de los árboles y las plantas. En su singular itinerario se incluyen tanto las especies amenazadas de extinción como las distintivas de cada nación latinoamericana. Recorrerlo será como tomar parte en una conferencia magistral de Botánica aplicada a la historia de los países que forman nuestro subcontinente.

Un tercer sendero interpretativo pretende llevar de la mano a los visitantes por los vericuetos de la Revolución Industrial. ¿Cuándo surgió? ¿Cuáles fueron sus impactos? ¿Cómo está representada en el contexto tunero? Un desechado molino de viento puede contar su biografía desde que comenzaron a girar sus aspas hasta su desplazamiento por las modernas turbinas.

«Las perspectivas del parque temático tunero son muy halagüeñas. Para etapas venideras pondremos a disposición del público una moderna piscina para realizar shows acuáticos; varios restaurantes especializados que se encargarán de rescatar nuestra cultura culinaria; tiendas de artesanía con producciones de artistas locales», relató.

También contará, prosigue Palma, con un laberinto natural con más de 20 mil posturas de diversas plantas; canchas para practicar voleibol de playa; un diseño de jardinería en el que primarán especies de palmas endémicas de Cuba; un museo de las artes gráficas de la comarca; y un anfiteatro de estilo griego capaz de acoger en su escenario todas las manifestaciones artísticas. Los jóvenes y niños, principalmente, estarán aquí de plácemes.

La juventud tunera, por cierto, no ha estado al margen de la construcción de esta obra, que clasifica ya como una pieza invaluable en el patrimonio cultural del territorio. Desde que comenzó el movimiento de tierra, su vanguardia la asumió como obra de choque, y un buen número de sus miembros se movilizó hasta allí en menesteres de trabajo voluntario.

Un rápido periplo por el flamante parque me permite apreciar en plena mañana la actividad de la instalación. Entre los aparatos para ejercicios, sudando a mares por el intenso calor, converso con el bicitaxista Maikel Arzuaga: «¡Esta instalación nos la debían a los jóvenes tuneros!», dice. Al mediodía veo salir del ranchón-restaurante a Gustavo Rangel, un viejo y culto conocido: «Cocinan como los dioses», asegura.

Otra perspectiva que entusiasma es la creación, en un futuro cercano, de una zona Wifi en el perímetro del parque.  Quienes se conecten desde allí con sus familiares residentes en el exterior seguramente les describirán la belleza de la instalación, la cual, sin dudas, redimensionará su utilidad a partir de esa tecnología devenida novedad en nuestros predios.

Pero, si en el horario diurno el parque temático tunero provoca admiración, con sus diversos tipos de palmas endémicas de Cuba, sus sombrillas junto al malecón y su infraestructura material de excelencia, en horas de la noche la sensación es de éxtasis. Vistas desde la distancia, sus instalaciones relumbran como un curioso árbol de Navidad provisto de grandes orlas doradas.

A la vida nocturna de los tuneros se suma la opción de irse al Parque Temático, en busca de una recreación diversa e inteligente. Foto: Miguel Díaz Nápoles

«Este parque constituye un proyecto atractivo y ambicioso, si tenemos en cuenta las características del terreno donde lo levantamos, —acota el ingeniero Pablo Paneque, director técnico de la Empresa de Mantenimiento y Construcción, encargada de su ejecución con materiales producidos localmente, como madera aserrada, mampostería y metal. Atractivo por lo que significa, y ambicioso por lo que se propone. Tenemos ese doble motivo».

Los últimos meses le han deparado a Las Tunas, una ciudad de poco más de 200 mil habitantes, más de un alegrón. Bulevares, zonas Wifi, Tanque de Buena Vista, Casa Insólita…  Este de ahora, el Parque Temático, va más allá del mero divertimento para convertirse en obra de saberes. Pronto se convertirá en una de las principales atracciones para visitantes locales y foráneos. Nadie por acá imaginó tanto en tan corto tiempo.

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