Dioses de verde olivo

La artillería cubana tiene férrea salud, mira en posición de firme al futuro y se sabe determinante en la seguridad nacional

Autor:

Javier Rodríguez

Al llegar a una distante unidad militar del Ejército Occidental, todos los entrevistados responden con espontáneo orgullo a la diosa de la guerra. Experimentados y jóvenes, hombres y mujeres, sienten pasión por la artillería terrestre, que cumplirá este 2 de noviembre su aniversario 55, como garante de seguridad en el frente de batalla de cualquier contienda, dentro y fuera de nuestro territorio.

El teniente coronel Roberto Guerra Izaguirre, de dicha especialidad, considera que este aniversario trasciende porque marca un período prolongado, donde se ha observado el avance sostenido de esta arma, tanto en las misiones internacionalistas como en los primeros años de la Revolución.

En su surgimiento —recordó— fue notable la numerosa incorporación de jóvenes, después del llamado hecho por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Y no defraudó

Pequeñas unidades sirvieron de antecedente al 2 de noviembre de 1960, momento que marcó la incorporación masiva del pueblo para la formación de las unidades de artillería. En breve tiempo tuvo su estreno práctico, al enfrentar a un grupo de contrarrevolucionarios que se encontraban en la costa norte de Matanzas, y posteriormente en otra acción similar en el Escambray, dirigida por Fidel. A la sazón, sendas baterías de Mortero 120 milímetros abrieron fuego contra los hostiles.

Sin temor a equivocaciones, los sucesos de Playa Girón en abril de 1961 constituyeron el escenario idóneo para probar la eficacia de la incipiente especialidad. Y no defraudó. Gracias a su aporte, en menos de 72 horas las brigadas invasoras cedieron ante el ataque constante del pueblo cubano, el Ejército y las Milicias Nacionales Revolucionarias.

El espíritu altruista de Cuba y la presencia de nuestra artillería resonó en varias misiones internacionalistas que escapan del olvido, como la de Argelia, Guinea Bissau, Angola y Etiopía.

El teniente coronel Rafael Reyes Morales afirma que por sus características la artillería es muy arriesgada, porque lleva una preparación integral y rigurosa. El oficial que se dedique a ella debe pasar varios años de estudio, de constante superación y cumplir eficazmente las tareas asignadas.

La voz de un internacionalista

Tiene 48 años y diserta cuando habla de manera milimétrica. El teniente coronel Roberto Guerra Izaguirre tuvo su principal acicate para unirse a la artillería en varios documentales y programas televisivos que reflejaban el poder de fuego de ella.

«En la serie Algo más que soñar estuvo muy presente, esta modalidad y se contó la historia de un grupo de jóvenes que iniciaron sus estudios en la vida militar, y algunos de ellos culminaron con el cumplimiento del deber en la misión internacionalista en Angola, con su sangre generosa», asegura Roberto, quien revela que eso fue decisorio en su elección y en la de otros compañeros.

La inspiración de este hombre en ese audiovisual se hizo realidad. En 1989 partió hacia esa nación africana donde permaneció durante 24 meses. Con 22 años, y el grado de teniente, ocupó la función de Primer Oficial de la posición de fuego de una batería de Obús 122 milímetros.

Al evocar esos momentos, afirma que fue una vivencia interesante e intensa, pues dirigió a muchos subordinados que le duplicaban la edad, realizó ejercicios de tiro, muchas veces en funciones reales de combate.

«Nos vimos en el compromiso de continuar el camino trazado por el actual Ministro de las FAR, general de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías, y el desaparecido Comandante Raúl Díaz Argüelles, participantes en esa guerra.

«La artillería allí definió acciones combativas. Me siento gratificado al recordar lo dicho por el Comandante en Jefe: asumir las misiones internacionalistas es cumplir nuestra deuda con la humanidad», expresó.

El teniente coronel añadió que esta arma se ha ido autopropulsando en aras de aumentar su vitalidad y los jóvenes que la manejan disponen de medios más sofisticados y veloces.

Juventud: Al pie del cañón

La masa de artilleros está rejuvenecida y se encuentra sometida a una constante modernización, subrayó el oficial.

Lo expresado pudo comprobarse por este diario al presenciar cómo numerosos jóvenes realizaban una maniobra con distintas piezas, con total soltura y prestancia.

Muy pendiente a ello estaba el primer teniente Leandro Ortiz Pacheco, un granmense de 25 abriles que se desempeña en la unidad como Segundo Jefe de Plana Mayor de Grupo Permanente.

Desenvuelto en la charla, declaró que la motivación cardinal que lo llevó a elegir el mundo de la artillería radica en la trascendencia histórica de nuestro país en las disímiles misiones combativas fuera del territorio nacional, así como la representación de distintos altos jefes que han contribuido a esta especialidad tan bonita.

«La persona que se dedique a esta modalidad debe tener una fuerte preparación política, moral y luchadora, razones que mantiene muy presente», dice Leandro, quien desde su graduación aporta aprendizaje a las tropas sobre la funcionalidad y objetivos de esta arma.

Argumenta que en las salidas en campaña, la artillería es indispensable en los ejercicios tácticos y combinados de las diferentes unidades de infantería y tanque.

Por su parte, la teniente Elisbet Horrutinel Moya finalizó el preuniversitario y determinó pasar el Servicio Militar Voluntario Femenino. Allí tenía posibilidades de optar por diversas profesiones civiles. Sin embargo, decidió inclinarse hacia la carrera militar de Artillería Terrestre, con criterios de elección basados en que esta especialidad constituye una cadena de mando. Y ella adora dirigir.

Al principio le resultó un poco complejo el trato con los soldados, «porque cuando uno llega graduado tiene poca noción de cómo es mandar un pelotón, pero con el tiempo aprende el sistema con las situaciones que se presentan», dice.

Un noviazgo de un lustro

La opinión popular de que las relaciones a distancia no funcionan no frena al primer teniente Osmel Izquierdo Izquierdo y a la cadete Yarisley Sotolongo Mokaski. El primero desafía la creencia cuando exclama que esa separación ha intensificado su amor. En tanto, Yarisley, más tímida, no pronuncia una palabra al respecto. Pero no necesita hablar, su radiante rostro lo dice todo: se quieren.

«La conocí en el preuniversitario y ya yo era militar, pero después ella se incorporó a la Escula Interarmas. La relación la hemos llevado a pesar de que ella está becada en esa escuela y yo estoy lejos. Solo nos vemos los fines de semana, por lo que la relación es bastante distante. Llevamos así cinco años y nos seguimos queriendo», asegura Izquierdo, quien recuerda que la artillería fue un punto clave en los combates librados en Angola y Etiopía.

Sotolongo se inclinó desde la secundaria por la vida de verdeolivo, su pedigrí la incentivó hacia ello. La labor de los artilleros le parece trascendental, considera que son los principales líderes de tropa y eso se refleja en la fuerte tradición que tiene Cuba de altos jefes de esa arma.

Osmel es hoy oficial de preparación combativa del regimiento y aspira a ser jefe de unidad algún día. Su novia piensa en llegar lejos en la carrera que escogió, Artillería Terrestre, y combatiría enérgicamente en una guerra internacionalista.

Con la voluntad de los más bisoños y la valiosa experiencia de los avezados, la artillería cubana tiene férrea salud, mira en posición de firme al futuro y se sabe determinante en la seguridad nacional del país que defiende.

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