El comandante Cristino

Cada 15 de diciembre el pueblo holguinero rinde honores al comandante del Ejército Rebelde, Cristino Naranjo Vázquez, nacido un día como hoy, pero de 1929

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

HOLGUÍN.— Como cada 15 de diciembre, no han de faltar flores en la loza, en la vetusta necrópolis de la ciudad de Holguín, bajo la cual reposan los restos del comandante del Ejército Rebelde, Cristino Naranjo Vázquez, nacido un día como hoy, pero de 1929, en La Tagua, Palmarito del Cauto, actual municipio santiaguero de San Luis.

Honrarlo de esa manera es una tradición que persevera, especialmente entre quienes sirvieron bajo su mando durante la lucha por la definitiva liberación de 1959. Los combatientes Armando Hijuelos Pérez, Gerardo Cáliz Ruiz (Pasito), Manolo Fernández Moreno y Juan de Dios Estrada (Habana), ex integrantes de la tropa liderada por Cristino, lo recuerdan como si todo hubiese sido ayer.

«Naranjo se forjó en la misma escuela del Che y de Camilo en la Sierra Maestra. Era de un carácter serio, pero a la vez afable y muy fiel. En el combate demostraba un arrojo tremendo, y eso bastaba para simpatizar con él.

«Yo acataba todas las órdenes, pero a Cristino le seguíamos sobre todo por su ejemplo personal. Fue nuestro maestro en la lucha», expresa Cáliz Ruiz.

El desembarco del yate Granma despertó definitivamente las fibras revolucionarias de Cristino. Se afilia al Movimiento 26 de Julio junto a otros de sus compañeros en la mina donde laboraba, y comenzó a colaborar con el naciente Ejército Rebelde.

El 31 de julio de 1957 se incorporó plenamente al Ejército Rebelde, bajo las órdenes del Che. Participa en los combates de El Hombrito, Pino del Agua, La Liberia, Mar Verde y El Alto de Conrado. Ya entonces estaba identificado como combatiente revolucionario, y guardias del ejército batistiano quemaron la vivienda donde vivía su familia.

Al llano bajó el 31 de marzo de 1958, acompañando al entonces capitán Camilo Cienfuegos, y pelea por Bayamo, La Estrella y el Yaguabo.

Entre las acciones combativas que dirigió hasta enero de 1959 sobresalen los ataques a los cuarteles de Jiguaní, San Germán y Cacocum, y posteriormente, el 2 de enero de 1959, la toma de la cárcel y el ayuntamiento de la ciudad de Holguín, que fungía en el histórico edificio La Periquera.

Como uno de los hombres de su mayor confianza, en los días iniciales de febrero de 1959, Cristino Naranjo recibió la orden del Comandante Camilo Cienfuegos de unírsele con su tropa en la capital del país.

En honor a sus méritos, esta vez Camilo le confirió los grados de comandante, y lo designó como jefe del Batallón de Seguridad del Estado Mayor del Ejército Rebelde.

La vida del comandante Cristino Naranjo le fue arrebatada trágicamente. En horas de la tarde del 12 de noviembre de 1959, cuando se dirigía hacia la posta número 1 del antiguo campamento de Columbia, fue acechado y cobardemente asesinado, junto a su chofer, el cabo Luis Peña Nieves.

Su trágica caída conmovió profundamente. Desde entonces cada fecha de su nacimiento y de su muerte resultan un pretexto para recordarle.

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