El engranaje que reclaman los fósforos

La explosividad de la cerilla está relacionada con la presencia de impurezas presentes en la arena sílice

Autor:

Nelson García Santos

Siempre resulta esperanzador cuando las administraciones responden a los cuestionamientos públicos. Esta es una obligación social consagrada hasta en la mismísima Constitución, que en este caso, sirve para esclarecer el porqué de las deficiencias en la producción de los fósforos cubanos.

La respuesta puede no significar que el problema se resolverá de un tirón, pero al menos, el alegato permite a los afectados, los consumidores, tener una idea de la causa del mal y por dónde anda la posible solución.

Desde estas páginas, bajo el título Los fósforos de los agujeros (5 de noviembre de 2015), expusimos sobre la reacción inicial casi «explosiva» de los producidos en la fábrica Paquito Borrero Lavadí, de Palma Soriano, en Santiago de Cuba.

En el comentario abogamos por lograr despojarlos de esa característica del chispear descontrolado, que debe ser excepción, más que acercarse a la condición de regla como está ocurriendo.

En una documentada respuesta, Yurelkis Noda Triana, directora de la Empresa Nacional de Fósforos, argumenta que a partir del comentario publicado realizaron un análisis con los trabajadores del centro, a fin de debatir e interiorizar sobre deficiencias que se pueden detectar en la fabricación del producto para erradicarlas.

Luego relata que la industria del fósforo en nuestro país la integran fundamentalmente cuatro fábricas, poseedoras de una tecnología desde antes del triunfo de la Revolución, dotadas de un equipamiento netamente mecánico. Esto determina una alta dependencia del factor humano en el logro de un producto con los parámetros de calidad requeridos.

Ilustra además que la fabricación de la cerilla requiere de más de 23 renglones de materias primas fundamentales, y según su respuesta, la explosividad del fósforo está relacionada con la presencia de impurezas presentes en la arena sílice, sustituta temporal del polvo de vidrio, a causa de una reparación integral del único molino específico, que está a punto de concluir.

Por esa afirmación es de esperar que, con la utilización del polvo de vidrio —al parecer, un componente más apropiado—, desaparezca o se atenúe esa «explosividad», cuya chispa deja el huequito en el pantalón o la camisa propia o de otra persona que estaba enfrente, por asumir el encendido hacia afuera.

Nada esclarece sobre a qué se deben las muchas cajas semivacías comercializadas, ni el hecho de su mal cierre, por lo que llegan a vaciarse en los bolsillos. Sí puntualiza que las direcciones de trabajo allí han posibilitado un aumento significativo de la producción y aminorar los defectos del producto.

En definitiva, la respuesta tampoco puede confirmar la desaparición mañana mismo de los problemas de calidad, en los que influyen una tecnología añeja y un proceso de fabricación dependiente en gran medida del factor humano. Y estas características, reconocidas en su contestación, requieren de afinar bien todos los engranajes, para impedir la llegada al mercado de esos fósforos de los agujeros.

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