Tocar a las puertas con Martí

La conquista diaria de acercar la vida y la obra del Apóstol a cada joven es el principal desvelo del Movimiento Juvenil Martiano, considera Yusuam Palacios Ortega, su presidente

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Llegamos a la Fragua Martiana y casi parecía que no había nadie en la cargada oficina de libros y papeles. Pero ahí estaba Yusuam, a la hora acordada y con la misma disposición con la que nos hemos topado otras veces. Porque si algo caracteriza a este martiano admirable es su gran corazón, además de ese poder inconmensurable para atraer almas y conmover con los argumentos más certeros.

Yusuam Palacios Ortega es un joven respetado y querido. A la vez, ha sabido ganarse la admiración de todas las generaciones. Porque quien honra, es honrado. Y su vida está dedicada a ennoblecer lo que toca.

Graduado con todos los honores como jurista y dueño de una autoridad con la toga de juez o sin ella, este muchacho lleva una vida consagrada al Apóstol, repartida entre los desvelos del Movimiento Juvenil Martiano, que lidera honrosamente desde hace varios años, y ahora compartida con la Fragua Martiana, esa institución a la que invita siempre para descubrir el sitio donde se forjó el carácter del más universal de los cubanos.

Como estamos en enero, conversamos sobre las actividades de este mes para recordar con más énfasis al Pepe nuestro, aunque coincidimos en que no son solo enero y mayo los meses que hay que dedicar al Apóstol.

No solo en enero y mayo

Martí no es solo el 28 de enero ni el 19 de mayo. Pensarlo así nos hace incapaces de traerlo al presente. Porque él es de todos los días, resalta el Presidente del Movimiento Juvenil Martiano (MJM). Yusuam ve al Apóstol como una filosofía de vida a la que acogerse, basados en su legado humanista, ético y antiimperialista. Para eso hay que descubrirlo, sentencia.

«Y no se descubre porque un día llevemos una flor a su busto en homenaje. Eso tiene un valor extraordinario, pero más presente lo tendríamos si combináramos su vida con nuestro hacer diario», enfatiza.

En este empeño de convertirlo en compañero total, el MJM ha preparado para enero y todo el año disímiles reediciones de rutas históricas encargadas de acercarnos al Apóstol. De ellas ya hemos contado anteriormente en nuestras páginas, además de compartir las acampadas, cenas y actividades en honor del cumpleaños de este amigo.

Como al Movimiento corresponde el encargo de promover y estudiar la vida y obra de Martí, junto a la historia cubana desde la cosmovisión martiana, los Diálogos de Generaciones se han convertido en otro espacio llevado a todas las provincias, que para esta fecha prevé dedicarse  a la presencia del Apóstol en los jóvenes de hoy. Entonces, a esa preocupación nos lanzamos para hilar nuestro encuentro.

«No podemos ver a Martí como un ser quimérico, como algo a lo que no podemos llegar porque es el Apóstol de la independencia y el Héroe Nacional, porque está en un gran monumento y no somos capaces de alcanzarlo. No podemos ser iguales a él. Pero sí tenerlo mucho más cerca», señala.

Este elocuente muchacho pondera el hecho de que cada actividad de los jóvenes debe ver a Martí desde la actualidad, porque su pensamiento es contemporáneo y su legado es tan extraordinario que puede palparse desde cualesquiera de sus textos.

«¿Cuánto podemos hacer organizando lecturas de la carta del Apóstol a María Mantilla, donde él le da a escoger a su pupila entre el camino del ser y el del tener, donde le dice que quien lleva mucho adentro, necesita poco afuera? Esa es una transmisión de valores que pudiéramos aprovechar muchísimo», explica, y se centra en el joven Martí, en su etapa de formación, como período de su vida más cercano a quienes tenemos menos edad y estamos en la gestación de nuestro espíritu como revolucionarios.

«Hay que lograr la conexión entre los jóvenes y Martí, para presentarlo atractivo y satisfacer la necesidad de estas generaciones por sentirlo. A veces lo presentamos mal, cuando lo hacemos de manera establecida y dando unos cuantos elementos de su vida y obra, y no enseñamos a descubrirlo en toda su dimensión», expresa.

Se precisa de la jornada grande de enero, pero no se puede quedar en la epidermis, sino que hay que llevarla a las honduras del pensamiento martiano, hay que aprovecharlo, leerlo, compartirlo. No se trata de realizar una escalada y no conversar sobre él; hay que explicar el significado histórico del sitio donde estamos, sugiere Yusuam en su insistencia de saber el cómo y el porqué.

La receta martiana

«Hemos tenido un formalismo que nos consumió en lo tradicional, que tiene un valor tremendo —porque no dejaremos de hacer la Marcha de las Antorchas, las rutas, los Seminarios Juveniles Martianos—, pero debemos lograr sinergia entre lo tradicional y lo nuevo», apunta.

Entonces el Presidente del Movimiento ejemplifica los estrenados empeños con el proyecto Cuba en mi mochila, que desarrolla el MJM hace un par de años y «promueve un debate sobre los valores cubanos, la necesidad de ser patriotas y formar jóvenes dignos que sientan que la cultura martiana del ser es lo más importante y que los valores del socialismo pueden seguirse legitimando», enuncia Palacios en su preocupación por que no sean los del capitalismo los que hallen lugar aquí, ya que «pertenecen a un orden insostenible que no tiene que ver con el bien común, con servir a los demás, con la facultad de asociarnos para hacer bien al prójimo».

En los recorridos por las provincias, quienes desarrollan el proyecto han reconocido que la generalidad de los jóvenes conocen a Martí, pero se puede notar cuán lejos estamos de él, preocupa a Yusuam.

En su constante análisis de las ideas del más universal de los cubanos, este apasionado muchacho identifica valores que hacen de la República de Cuba una república martiana. «A partir del triunfo de la Revolución hay un cambio radical que parte de uno estructural y posibilita que la conciencia del pueblo se coloque a la altura del tiempo histórico y en consonancia con los preceptos martianos.

«Hemos sido capaces de ir venciendo límites como revolucionarios. Pero con todo lo que se ha avanzado en la aplicación práctica del pensamiento de Martí —y aun cuando  la República de hoy sea martiana conceptualmente y en su aparato político, jurídico y económico—, cuando vamos a las profundidades de la vida social, nos damos cuenta de que distamos un tanto de lo que dice Martí», acentúa Yusuam.

Alerta el ferviente estudioso acerca del mal empleo de algunas de sus ideas, y para ello ejemplifica con una de las frases más maltratadas en la cotidianidad.

«La tan llevada y traída expresión de que nuestro vino es amargo pero es nuestro vino, es un disparate que nada tiene que ver con la ideología martiana, comenta el joven, pues el Apóstol nunca la pronunció con la intención del conformismo. Martí dijo que nuestro vino es de plátano para ilustrar que es autóctono, y debe salir dulce como esta fruta. Si sale agrio, previó, es nuestro vino, y tenemos que ser dignos en reconocer nuestros errores y hacerlo mejor para recobrar la dulzura. ¡Cuán alejada está de la interpretación con la que se presenta!».

«Tenemos el reto de seguir trayendo a Martí para que nos guíe y nos ponga a escoger entre el yugo y la estrella», enfatiza el Presidente del MJM, y valora así la pertinencia del electivismo, escuela de filosofía mostrada por Varela, Mendive, José de la Luz y Martí. «Elegir para integrar. Eso es muy complejo, pero si lo lleváramos a la enseñanza escolar, estaríamos más cerca del Apóstol», sugiere.

¿Cómo elegir a martí?

¿Qué hace el Movimiento para que los jóvenes elijan al Apóstol?, le inquiero. Y Yusuam define como esencial el impulso al Seminario Juvenil de Estudios Martianos. «Aunque el momento actual muestra que los jóvenes leen menos y están más conectados con el audiovisual y lo digital, hay que impulsar los estudios en los soportes que sea preciso: celular, audiovisual y también impreso. Impulsar el Seminario es hacerlo más atractivo sin perder su profundidad teórica; su belleza se va a consolidar en la medida en que lo adecuemos al contexto actual», explica.

Hoy el MJM está ampliando su labor. Y ello se ve en la actividad por todo el país, en los diálogos sobre temas de interés, en las rutas históricas, acampadas martianas, ascensos, encuentros con los protagonistas de la historia…

«Lo hacemos con los nuevos códigos, pero mostrando a los jóvenes su historia, no solo con el conocimiento que se impone a veces con los métodos menos favorables, sino con otros medios que lo logren de modo diferente. Tenemos que fortalecer otros proyectos, revitalizar el Diálogo de Generaciones a través de temas sugerentes y llevándolo a centros de estudio y trabajo, y a comunidades más desfavorecidas culturalmente. El Movimiento tiene que llevar adelante la idea de Martí de los maestros ambulantes, porque eso es lo que somos: promotores culturales del pensamiento del Apóstol», sugiere el joven.

Lo de las rutas históricas puede tener un alcance tremendo cuando lo llevemos a cada escuela o sitio donde estén nuestros jóvenes, considera Yusuam. «El Movimiento tiene que multiplicar la idea martiana; tiene que tocar a las puertas de cubanas y cubanos con Martí», asevera.

Por eso define como estrategia del MJM la articulación de las organizaciones juveniles, martianas y encargadas del estudio de la historia, además del perfeccionamiento en sus estructuras y en el accionar de los clubes. Se impone también una táctica de comunicación acorde con estos tiempos, que coloque a Martí en las redes sociales, con fragmentos de sus textos, o twiteando pensamientos suyos, ilustra.

«Tenemos que promoverlo para que lo descubran los jóvenes, pero eso se logra conectándonos a él. Todo debe nacer sin que digamos qué hacer, sino viniendo de la creatividad, porque, como dijo el Apóstol, crear es la palabra de pase de esta generación. Nuestra generación legará algo según sea capaz de crear; ese es el reto: ponernos la camisa al codo y hacer. El MJM anda en ese camino», sella Yusuam.

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