Cazaterremotos al límite

Detrás del dato certero y el análisis orientador que guía la toma de decisiones y la información a la población en la anómala situación sísmica que mantiene en tensión al suroeste cubano, se yerguen la responsabilidad, el nivel científico, y la autosuficiencia tecnológica del Servicio Sismológico cubano

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— Nada presagiaba que se viviría un parteaguas en la historia de la sismología cubana, cuando a la 1:37 minutos de la madrugada del domingo 17 de enero los cuatro sistemas de la estación central del Servicio Sismológico Nacional (SSN) del Cenais registraron un sismo de 4.8 grados en la escala de Richter.

Ni siquiera la vasta experiencia de 28 años de Maribel Leyva Arias, la jefa de la estación central— quien de tanto cotejar datos y encontrar epicentros puede hasta identificar la zona de los eventos por el tipo de registro—, pudo imaginar que se trataba de algo más que la localización de un sismo perceptible.

Pero cuando exactamente 11 minutos después fue sentido y registrado un segundo evento, también de magnitud por encima de cuatro, el personal de guardia en el Cenais (Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas), y los especialistas que se encontraban en sus casas, entendieron que se trataba de una situación sin precedentes. Por eso, sin que nadie los convocara, se presentaron todos en su centro.

Esa impresión se ratificó cuando en las horas sucesivas, el recién estrenado sistema de adquisición de datos, que es el último de los logros tecnológicos del Cenais, tuvo su bautizo de fuego en grande con el registro de un número de eventos que llegó a alcanzar los diez sismos por hora, algo nunca antes visto en la historia de la sismología instrumentada en la Isla.

Desde entonces, en marcha forzada anda la rutina de ingenieros, geólogos, geofísicos, cibernéticos, instrumentistas… responsabilizados con la localización exacta de los epicentros, el cotejo de datos para brindar la información precisa en corto tiempo, el análisis de los eventos, la determinación de tendencias, la elaboración del catálogo de terremotos y también el mantenimiento del estado técnico de las estaciones y la vitalidad de todos los sistemas que soportan tan prolija labor.

Desde la 1:37 de la madrugada del 17 de enero las jornadas en la amplia casona del reparto Terrazas, que sirve de sede al Servicio Sismológico Nacional, son extensas e intensas.

Los turnos de labor, explica el Doctor en Ciencias O’leary González Matos, superan las 12 horas, los especialistas se reparten entre el trabajo de análisis y las comparecencias en los medios y otras labores.

Los registros de los terremotos que se han sucedido en las últimas 48 horas y que rondan los 600, recibidos desde las 14 estaciones cubanas y otras cercanas en el área del Caribe, son cotejados durante las 24 horas del día en la estación central, hasta determinar con exactitud su epicentro, localización, profundidad y otros parámetros primarios.

En un segundo momento se interpretan los datos, se establecen tendencias, comparaciones… mientras se preparan los avisos y boletines que alertan a la Defensa Civil en la toma de decisiones, se ofrece la información que necesita la prensa y se atienden las dudas telefónicas o personales que se generan ante una anómala situación como esta.

Los instrumentistas se cercioran de que la tecnología, que puede ubicarse entre las avanzadas de la región, siga sin fallarles. Otro grupo de expertos sale a las calles, en recorridos que en esta ocasión, excepcionalmente, se han extendido a toda la provincia, en busca del impacto de los eventos en las construcciones, en la vida de la provincia.

Así, envolviendo el cansancio con bromas e imponiendo como norma de comportamiento el multioficio que entraña lo mismo preparar montañas de gráficos y mapas, que servir un refrigerio en la madrugada u orientar por teléfono a la madre desesperada que inquiere desde un parque con su bebé en brazos qué hacer, se han repartido las jornadas de estos hombres y mujeres en las últimas 48 horas.

También lo refrenda el Doctor en Ciencias Enrique Arango Diego, jefe del Servicio Sismológico Nacional, quien no ha dejado que las amplias ojeras que cubren su rostro eclipsen su sonrisa generosa y su capacidad para atender llamadas, preparar boletines, emprender recorridos junto a dirigentes de la provincia y explicar hasta la saciedad a la prensa.

Feliz tras haber pasado casi 30 horas ante un ordenador está igualmente el joven cibernético Reynaldo Endis, encargado de mantener la vitalidad de softwares, hardwares y sistemas, quien muestra la satisfacción de haber cumplido la tarea de último momento que entraña poner de alta una estación de reserva en Holguín, misión para la cual ha debido adaptar las herramientas necesarias.

La asimilación tecnológica de los últimos tiempos, que ha automatizado totalmente el proceso, permitiendo incluso la localización automática y el registro en tiempo real de las señales de las estaciones, al decir del Doctor Arango Diego, ha sido decisiva en la efectividad, calidad y rapidez con que ha fluido el trabajo en esta situación atípica.

«Normalmente aquí procesamos a diario unos diez o 15 eventos pequeños e imperceptibles, en mayoría, y en esta situación, desde la 1:37 de la madrugada hasta las 12:00 de la noche del domingo por ejemplo, localizamos 409 terremotos, por lo que tuvimos que priorizar para el análisis los perceptibles, que conllevan la información que se ofrece a la población y a las autoridades», reconoció el experto.

En las últimas horas los registros del SSN confirman una tendencia a la disminución del número de eventos, aunque la liberación de energía que se expresa en las magnitudes, se ha mantenido estable.

La experiencia y los estudios realizados, no obstante, les sugieren que tal vez esta situación de  la actividad sísmica, aunque no catalice un evento de gran intensidad —posibilidad que estará latente aún cuando se normalice la sismicidad— pueda durar varios días más, incluso meses; pero a pesar del esfuerzo humano de estos días, que ha sido grande, quedará entre los cazaterremotos cubanos la huella de haber vivido al límite y, sobre todo, de poder demostrar la competencia, nivel científico y suficiencia tecnológica de la ciencia sismológica cubana.

Actividad sísmica disminuye, pero el riesgo persiste

En comparación con la jornada del 17 de enero en que se desató un incremento anómalo de la actividad sísmica en el suroriente cubano, los registros del Servicio Sismológico Nacional han confirmado una tendencia a la disminución del número de eventos en las últimas horas.

Desde la 1:37 de la madrugada del pasado domingo hasta la tarde de este martes habían sido registrados por las estaciones más de 600 temblores de tierra, de ellos 25 perceptibles, todos originados a unos 40 kilómetros al suroeste de la urbe santiaguera, entre las playas de Caletón Blanco y Mar Verde.

A pesar de esto, los expertos han anunciado una tendencia a la disminución del número de eventos, aunque la energía liberada, que se expresa en las magnitudes de los temblores, se ha mantenido estable, en más o menos 3.0 grados.

Como se aprecia en el boletín Número 9 emitido por el Cenais, entre las seis y las diez de la mañana de este 19 de enero solo se habían producido cuatro movimientos telúricos, la menor cantidad  de eventos registrada en un intervalo de cuatro horas desde que se inició esta sismicidad anómala.

No obstante, los especialistas confirmaron a JR que esto no significa que haya pasado la amenaza, pues la energía acumulada en la zona donde se están originando estos eventos: la falla Oriente, no se libera con la ocurrencia de muchos eventos de magnitud moderada como los que se están sucediendo en las últimas horas, por lo que aún conserva las potencialidades para generar un evento de gran intensidad, que pudiera incluso ser catalizado por la situación actual.

El Doctor en Ciencias Bladimir Moreno Toirán, director del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas, explicó a este diario que aunque impredecible, el peligro es real. Para liberar la energía acumulada en dicha falla, principal zona sismogeneradora cubana, se necesitaría que ocurrieran más de 32 000 eventos de magnitud 4.0, explicó el experto.

El investigador precisó que tampoco es posible hacer un pronóstico de cuánto tiempo se mantendrá esta situación anómala: «puede durar varios días, incluso meses, pero aún cuando se llegue a la normalidad, la probabilidad de ocurrencia de un terremoto fuerte sigue estando ahí», acotó.

La noticia de la tendencia a la disminución de la actividad sísmica ha sido, no obstante, un soplo oxigenador para los santiagueros, que si bien han continuado sus rutinas cotidianas a la par que implementan las medidas diseñadas para estos casos por la Defensa Civil, han vivido en tensión durante las últimas 48 horas, trasnochados y expectantes, y también dando muestras de cooperación y solidaridad.

Consecuentes con el sentir de su pueblo, las máximas autoridades del Partido y el Gobierno en la oriental provincia han recorrido las plazas y áreas abiertas donde en las últimas noches han acampado cientos de santiagueros en busca de seguridad, y en una comparecencia especial ante la televisión local, en la tarde de este martes, informaron que Fidel y Raúl se mantienen en permanente comunicación y muy atentos a la evolución del delicado momento, con la indicación de trabajar para reducir las vulnerabilidades y preservar la vida de las personas.

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