¿Carritos en fuga? - Cuba

¿Carritos en fuga?

El lente inquisidor de Juventud Rebelde se pregunta por qué razón misteriosa en las calles habaneras observamos una llamativa proliferación de estos carritos de «interiores» de supermercados

Autor:

Juventud Rebelde

El inventor de los carritos de supermercado fue el norteamericano Nathan Goldman, quien en la década de 1930 gerenciaba un gran almacén de víveres perteneciente a la cadena Humpty-Dumpty en la ciudad de Oklahoma, centro-sur de Estados Unidos.

En junio de 1937 el viejo Goldman se percató de que muchas veces los clientes dejaban de comprar debido a que los cansaba transportar tantas bolsas mientras elegían productos adicionales. Inventó entonces un carromato cuadrado y colocó varios de esos artefactos en el mercado de su propiedad.

Muy pronto todos los usuarios se dieron cuenta de la cómoda y diligente alternativa y Goldman empezó, además, a vender su idea a otros supermercados, según nos cuenta la Enciclopedia Británica.

Fue también Goldman quien introdujo la idea de modificar la forma cuadrada del canasto en otra que tuviese la parte delantera menos angosta que la trasera, y transformó la parte posterior en levadiza, para que se pudiesen incrustar uno dentro de otro cuando no se utilizaran.

Hasta aquí la historia. Estamos de acuerdo en que los carritos de compra son para usar «dentro» de las tiendas. Para el cliente, no es posible llevarlos a espacios exteriores, excepto en aquellos ejemplos de grandes establecimientos con parqueo para coches, en los cuales el usuario dispone de la cómoda opción de trasladar la mercancía comprada hasta el mismo maletero de su auto.

De hecho, suponemos que los mencionados carritos deben ser medios básicos e, incluso, estar dentro de los inventarios de tales instalaciones comerciales en La Habana.

Sin embargo, el lente inquisidor de Juventud Rebelde se pregunta por qué razón misteriosa en las calles habaneras observamos una llamativa proliferación de estos carritos de «interiores» de tiendas.

Un hecho que nos lleva a las siguientes interrogantes: ¿En qué momento estos carritos abandonaron las tiendas y «se fugaron a explorar el mundo»?


¿Cómo es posible que las distintas administraciones de las tiendas no se cuestionaran las ausencias de estos medios básicos esenciales? Algo obvio es que no caben en un bolsillo o en una bolsa de nylon.

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