El Capitán de la clase obrera

Lázaro Peña estuvo entre quienes defendieron las ideas más avanzadas en la Asamblea Constituyente de 1940, en la que le acompañaron seis delegados revolucionarios, representando al Partido Unión Revolucionaria Comunista

Autor:

Luis Hernández Serrano

Por su lucha y la defensa de la unidad de los trabajadores, al gran líder sindical Lázaro Peña, de quien se celebran este 29 de mayo los 105 años de su nacimiento, se le conoce indistintamente como El Maestro de los dirigentes obreros o El Capitán de la clase obrera.

Su niñez y adolescencia transcurrieron en la tristeza de la Cuba capitalista, con su carga de miseria, hambre, explotación, corrupción y, sobre todo, de discriminación, pues vino al mundo en un hogar pobre y con la piel negra.

Se superó todo lo que pudo en medio del escaso derecho que los de su condición y raza tenían entonces, y abrazó el ideal comunista.

Entre sus primeros trabajos estuvo la herrería, después la carpintería y luego se hizo albañil. Tenía solo 18 años, en 1929, cuando ingresó al Partido marxista fundado por Mella y Baliño en 1925.

Participó activamente durante la huelga general política del 12 de agosto de 1933, que derrocó al dictador Gerardo Machado. En ese momento ya era el Secretario General de la Confederación Nacional Obrera de Cuba, la CNOC. Se involucró también en la huelga de marzo de 1935, convocada por el Comité de Huelga Universitario de la FEU y apoyada por la organización de los obreros.

Al asumir la dirección del Partido Comunista el zapatero manzanillero Blas Roca Calderío, luchador por los derechos de los pobres, este le encomendó, en 1936, darle nueva vida y unicidad al movimiento obrero cubano, prácticamente desmembrado.

Entonces la mayoría de los líderes sindicales estaban muertos o presos, y otros tuvieron que abandonar el país o luchar contra la represión de las fuerzas reaccionarias bajo la égida de Fulgencio Batista y del imperialismo yanqui.

Del 24 al 26 de enero de 1939 participó en la convocatoria del congreso donde se creó la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), sustituyendo a la CNOC, y que constituyó un primer triunfo.

El programa de ese congreso reflejaba el predominio de las tendencias revolucionarias, la lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional, la defensa de las reivindicaciones y derechos de los trabajadores, y la aspiración a suprimir la explotación del hombre por el hombre.

Lázaro Peña estuvo entre quienes defendieron las ideas más avanzadas en la Asamblea Constituyente de 1940, en la que le acompañaron seis delegados revolucionarios, representando al Partido Unión Revolucionaria Comunista. Junto a él se encontraban Blas Roca, Juan Marinello, Jesús Menéndez, Salvador García Agüero y Romárico Cordero.

De ese evento saldría la importante Constitución del 40, con su carácter democrático y progresista en lo teórico. No reconocía privilegios ni distinciones. Expresaba el derecho al trabajo y proclamaba la jornada laboral de ocho horas, el descanso retribuido, la protección a las mujeres obreras durante su embarazo y las garantías de existencia de los sindicatos, la igualdad de los cubanos ante la ley y la eliminación de los latifundios. Sin embargo, el cuerpo de leyes que debía conducir a la materialización de todos esos objetivos, jamás se promulgó.

Peña continuó al frente de los trabajadores cubanos, luchando contra las maniobras antiobreras del Gobierno de Ramón Grau San Martín, que inició y desarrolló en Cuba la guerra fría, la desaparición física de los comunistas y líderes obreros, campesinos y estudiantiles, y fue artífice de la ocupación e intervención de los sindicatos…

El V Congreso Nacional obrero se efectuó del 4 al 9 de mayo de 1947, con la presencia de 1 403 delegados que representaban a más de 900 sindicatos. Independientemente de las diferencias políticas e ideológicas, Lázaro Peña luchó por la unidad y salió otra vez electo secretario general.

Quien había sido miembro, desde su fundación en 1943, de la directiva de la Federación Sindical Mundial y de la Confederación de Trabajadores de América Latina, tras el triunfo de la Revolución, en 1959, se mantuvo como dirigente máximo de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC-R) por varios años. En 1965 integró el Comité Central del nuevo Partido Comunista de Cuba.

Ya muy enfermo, realizó un esfuerzo grande para que el XIII Congreso obrero, de 1973, fuera una victoria más de la clase obrera. En el evento fue elegido nuevamente al frente de la Central sindical, cargo que ocuparía hasta el mismo momento de su muerte, el 11 de marzo de 1974. En la vida de Lázaro Peña se resume la historia combativa del movimiento obrero cubano.

Bibliografía

Le Riverend, Julio y otros autores: Historia de Cuba. 6 tomos. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1978, tomo 5, páginas 125-158. Valdés López, Marta María. Regla María Albelo Ginnart y Gisela Gallo González: Historia de Cuba. 9º Grado. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1996, páginas 229-252. Albelo, Regla María. Marta María Valdés y Gisela Gallo González: Historia de Cuba. Nivel Medio Superior. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2000, páginas 83-98. Lázaro entre nosotros. Raquel Marrero Yanes. Granma, La Habana, 29 de mayo de 2008, página 3. Archivo del autor.

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