Anotarse en la aventura

Para algunos el Pico Turquino, el más esperado y difícil, fue lo mejor; a otros los emocionó conocer la casa natal de Fidel; algunos se conmovieron ante el Cuartel Moncada con la huella de los disparos todavía en la pared, y a muchos, La Demajagua les dejó el encanto de haber pisado una tierra que cambió los destinos de Cuba… Jóvenes del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría dicen haber concluido una travesía inolvidable

Autor:

Loraine Bosch Taquechel

Salimos un lunes, inicio de semana, día bueno para travesías como la que esperaría a los 71 jóvenes del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (Cujae), a quienes acompañó JR desde La Habana hasta Santiago de Cuba, en un recorrido por algunos de los más importantes sitios históricos del país.

Cujae por la Excelencia se nombró la tropa del viaje. La integraban estudiantes destacados de las 13 carreras, alumnos ayudantes, investigadores, militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), artistas aficionados, deportistas, profesores y trabajadores no docentes. Su propósito era homenajear la historia y dejar en cada sitio la huella de una universidad que defiende la excelencia y el legado de la Revolución.

Para muchos era la primera vez que salían de La Habana o estaban lejos de los padres; pero las ansias de conocer fueron suficientes para anotarse en una aventura en la que el joven Arsenio Sánchez Pantoja, miembro del Comité de la UJC de la Cujae y estudiante de cuarto año de Ingeniería Industrial, fue una de las almas organizadoras encargadas de que todo saliera bien.

¿Y si tocamos la historia?

«Mucho se dice sobre la necesidad de conocer el pasado y saber de dónde venimos, sobre preservar la historia. Y de eso se trata, de que los jóvenes vean y sientan la historia en el lugar donde ocurrieron los hechos, y también de conocer social y culturalmente otras provincias e intercambiar con universitarios del resto del país», nos comentó Danhiz Díaz Pereira, presidente de la FEU de la Cujae, en la primera parada del autobús.

Dijo, además, que el recorrido estaba dedicado al 90 cumpleaños del Comandante en Jefe, al 50 de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (Oclae), al 94 de la FEU, a los 52 años de la Cujae y los 55 de la UJC, que se cumplen en 2017.

Con un poquito de imaginación al pisar los lugares simbólicos, podríamos ver a Carlos Manuel de Céspedes dando la libertad a sus esclavos, a Fidel atacando el Moncada y a Celia junto a su padre subiendo el Turquino con el busto de José Martí. A ello invitó durante el recorrido Ariadna Yero Guerra, funcionaria del Comité Provincial de la UJC en La Habana.

Siguiendo sus consejos y entusiasmo contagiante, llegamos al primer sitio histórico: el Conjunto Escultórico Memorial Comandante Ernesto Che Guevara, ante cuya impactante figura nos tomamos la «foto oficial».

La imagen grupal luego se volvió un ritual en la despedida de cada monumento, donde también se recitaban poemas, se recordaban los sucesos históricos relacionados con el lugar y se entregaba un reconocimiento especial de la Cujae como muestra de agradecimiento.

Mochila al hombro y artillados con carteles, banderas de la FEU y la UJC, cámaras digitales y hasta un megáfono, partimos hacia Camagüey. En la Plaza de la Revolución Mayor General Ignacio Agramonte, los jóvenes entonaron la canción de Silvio Rodríguez que nos estremeciera en la voz del héroe René González, el día en que salió de la prisión en Estados Unidos: «Va cabalgando/ el Mayor con su herida/ y mientras más mortal/ el tajo es más de vida./ Va cabalgando/ sobre una palma escrita/ y a la distancia de cien años resucita».

Paradas imprescindibles

Música, karaokes, juegos, charlas grupales y hasta bailes colmaron el trayecto en las dos guaguas hacia Granma. Era medianoche cuando se arribó a la universidad para recargar las energías y visitar, al otro día, Manzanillo con sus museos y La Demajagua.

Un grito de ¡Viva Cuba libre! de toda la delegación repicó en las ruinas del ingenio que fuera testigo del inicio de la lucha revolucionaria cubana en 1868 y por cuyos senderos caminara el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Este sitio, César Martín García, su historiador, lo considera una casa y desde él cuenta apasionadamente la historia.

En Bayamo, cuna de la nacionalidad cubana, se rindió tributo a Céspedes. Los estudiantes estuvieron también en el Museo de Cera y en el antiguo Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, donde se rememoró lo ocurrido el 26 de julio de 1953.

Hubo un encuentro con los principales dirigentes del Partido, la Asamblea del Poder Popular, la UJC y la FEU en esa provincia.

El primer secretario del Partido en Granma, Federico Hernández Hernández, agradeció la iniciativa de realizar un viaje de esta naturaleza.

«Para nosotros tiene una especial trascendencia que esta tropa nos visite, ojalá y todos los días recibiéramos a jóvenes y grupos de estudiantes así de numerosos, con la disposición de conocer y vivir la historia. Y especialmente nos sentimos orgullosos de saber que la Revolución está segura en manos de los jóvenes», aseguró.

El tercer día del recorrido transcurrió en Holguín, donde muchos estuvieron por primera vez en el Chorro de Maíta, la Aldea taína y el Mausoleo Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García Íñiguez.

Con un espíritu enérgico, liderado por la primera secretaria de la UJC en la provincia, Nayla Leyva Rodríguez, llegó la tropa al punto más alto de Holguín, la Loma de la Cruz, donde la guitarra y la voz de Patricio Isaac Otero Zelaya, estudiante de segundo año de Ingeniería Mecánica, nos trajo las fuerzas de vuelta.

El cuarto día visitamos Birán. Estar allí —entre la magia de los paisajes rurales y las casas de madera— fue para muchos una fuerte emoción, esa misma que nos hizo imaginar a Fidel de pequeño en su cuna, o verlo jugar junto a su hermano durante los primeros años. Asimismo, lo vimos sentado en su pupitre de la escuelita rural, donde aprendió a leer y escribir; en la valla de gallos o en la habitación que compartió con Raúl.

Las fotos, objetos, antiguos adornos, vestuarios, muebles… todo nos trasladó a la vida de un hombre apegado a costumbres y tradiciones familiares. Parecía como si cada detalle de la vida de Fidel se colara en nuestros corazones, esos que vibraron de emoción cuando recitaron el poema Canto a Fidel.

Una vez en Santiago de Cuba, la delegación visitó Mangos de Baraguá para rememorar el histórico encuentro entre Antonio Maceo y Arsenio Martínez Campos, y ya se sentía fuerte el sol de la tierra caliente cuando pisamos la Plaza de la Revolución.

Rato después, arribaríamos al campismo La Mula, sitio que nos acogió antes de emprender la aventura de ascender al Pico Turquino.

Era el quinto día de viaje y ni las fatigas, ni la agitación del pulso y el corazón, ni lo complicado del camino, ni las estiradas lomas empedradas impidieron el avance hasta la cima del punto más alto de la geografía cubana.

Para Javier Alfonso Seijas, estudiante del tercer año de la carrera de Ingeniería Industrial, cada obstáculo se convirtió en una fuerza interna que lo impulsaba a seguir y permitió fortalecer la alianza entre los grupos que subían juntos.

A pesar del cansancio generalizado, la delegación siguió su rumbo el sexto día. Se acercaba el final de la travesía, pero antes era necesario estar en el Cementerio de Santa Ifigenia y presenciar la ceremonia que la guardia de honor rinde, cada media hora, a nuestro Héroe Nacional, José Martí.

También visitamos el Cuartel Moncada. Allí escuchamos las historias de Laura Forcada Labrador, quien cursa el quinto año de Ingeniería Civil y guarda relación familiar con el héroe José Antonio Labrador Díaz, uno de los asaltantes al Moncada. «Pese a que no lo conocí, me enorgullece saber que alguien de mi familia dio algo por lo que hoy tenemos», comentó ella ante todos.

Patricio Isaac Otero Zelaya también tuvo una historia que contar. Apenas entró al Cuartel, buscó inquieto la foto del abuelo que no conoció y que hoy es su guía. Al encontrarla, lleno de orgullo, le decía a quienes le rodeaban: «Mira, ese es mi abuelo».

«Alfonso Guillén Zelaya fue el único mexicano que vino con los expedicionarios en el yate Granma. Me pregunto cómo alguien con solo 18 años y que además tenía su vida pensada, pudo renunciar a todo por defender una causa que vivía y sentía, a pesar de no ser su propio país», confesó.

A esta experiencia siguió un recorrido por el Santuario Nacional El Cobre, la Granjita Siboney, el Valle de la Prehistoria y el Castillo de San Pedro de la Roca.

El regreso

De entre tantos sitios sería difícil escoger el que más les impactó; pero los jóvenes crearon, cada uno a su manera, su propia lista de preferencias.

Para algunos el Pico Turquino, el más esperado y difícil, fue lo mejor; a otros los emocionó conocer la casa natal de Fidel; algunos se conmovieron ante el Cuartel Moncada con la huella de los disparos todavía en la pared, y a muchos, La Demajagua les dejó el encanto de haber pisado una tierra que cambió por siempre los destinos de Cuba.

El último día, Claudia Castro, joven profesora de la Facultad de Ingeniería Informática, comentó que al principio el recorrido supuso temores por parte de quienes nunca habían salido de la capital, pero «ha sido como una inyección de historia, de patriotismo».

«Me he sentido muy emocionada, con alguna lágrima en los ojos, y mirando esa bandera que, a pesar de verla todos los días, hoy, con esta experiencia, la siento más bella. Pero, sobre todo, me quedo con la convicción de que este viaje cumplió su propósito, y es que los jóvenes no olvidarán su historia», habló con vehemencia.

El vicerrector de Extensión Universitaria de la Cujae, Yoimi Trujillo Reyna, sentado en los muros del Morro santiaguero, valoró como un logro «que tengamos estudiantes como estos, que decidieron realizar un recorrido lleno de iniciativas». Y, sobre todo, que haya sido un viaje organizado y dirigido por los propios estudiantes, reconoció.

«El desafío está ahora en transmitir todas las experiencias al resto de los cujaeños y esforzarse más por alcanzar la categoría de excelencia, pues son ellos los protagonistas», precisó.

Muchas vivencias no se podrán olvidar; tal vez ninguna. A pesar de lo extenuante de un viaje tan largo, lo intenso del programa, y estar tantos días lejos de casa, valió la pena aventurarse en ese recorrido, así lo consideran los jóvenes.

La mayoría asegura, incluso, que esa será una de las mejores semanas del curso escolar 2015-2016. Es difícil que otra actividad supere esta experiencia de quienes recorrieron casi toda Cuba para «tocar» la historia con sus propias manos.

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