Los escalones de Jorgito

Un joven camagüeyano confesó a JR sus «locuras», desvelos, añoranzas, retos e incomprensiones experimentadas para convertirse en el hombre que es

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— Ni las heridas recibidas mientras aprendía a subir la escalera de su casa, ubicada en un tercer piso, en la esquina de calle Cuba y F. Benavides (Candelaria), ni sus limitaciones físicas han amilanado a Jorge Enrique Jerez Belisario, a quien una parálisis cerebral infantil le destinó un desarrollo diferente.

Intranquilo por naturaleza, Jorgito —como se le conoce— confesó a JR sus «locuras», desvelos, añoranzas, retos e incomprensiones experimentadas para convertirse en un «hombre hecho y derecho, con mil razones para seguir desandando los caminos de la vida y vencer sus barreras».

Afirma este joven agramontino de 23 años que su mayor desvelo desde niño fue imaginarse cómo sería su futuro, y ya hoy es recién egresado de Periodismo de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz.

—¿Cuál ha sido para ti el mayor regalo?

—El optimismo con que me criaron, la incondicionalidad de mi familia y la solidaridad de miles de amigos, quienes me ayudaron y alentaron a no detenerme en mi empeño de crecer sin complejos, como el hombre que se vale por sí mismo y es respetado por sus iguales.

—Has referido que desde pequeño hacías travesuras…

—Mientras cursaba la Primaria enfrenté por vez primera mis temores, al no poder jugar béisbol en el equipo de la escuela. Ante esa realidad me propuse ir al terreno, primero con papi todas las tardes, hasta que aprendí a tirar y coger la pelota con la misma mano; llegué a dominar el wine up —gesto que hace el pitcher antes de tirar para home—, de forma muy similar a como lo hacía Jim Abbot, un lanzador manco estadounidense de la década de los 80, quien ejecutó ese movimiento a la perfección.

«Desde ese día no solo fui feliz, sino que empecé a darles dolores de cabeza a los bateadores, quienes creyeron que cogerían “cajita”, pero al ver mi lanzamiento me respetaron.

«Esta experiencia me esclareció cuál sería la clave del éxito para transformar lo imposible en realidad: proponérmelo y no descansar hasta lograrlo».

—¿Entonces no hay quien te saque fácilmente del juego de la vida?

—Esa es mi perspectiva principal. Estoy consciente de mis limitaciones y ante esa realidad me opongo a la desesperanza y la decepción.

—¿Otras «locuras»?

—Mi vida ha sido siempre así, pues hasta para llegar a la puerta de mi casa me costaba mucho esfuerzo. Mi padecimiento me privó del equilibrio que poseen los seres humanos para caminar. Vencer esos 41 escalones, en nueve meses, me hizo ver la vida por metas, desafíos y propósitos. Y al igual que vencí esos escalones, no antes sin cansarme, caerme y herirme, he superado las etapas de mi existencia y las barreras que me ha impuesto la vida.

—¿Una de esas metas fue dibujar?

—Cursaba el octavo grado cuando quise pintar, pero al no tener suficiente control muscular, mi sueño era un imposible más. Desde ese momento inicié, junto al instructor de arte, los ejercicios para mejorar esa condición y en esa “carrera”, que duró todo ese curso escolar; me convertí en un niño que también podía pintar.

—¿Qué dibujaste?

—El rostro del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, el cual conservo como un tesoro.

—¿Qué motivos te inspiraron a pintarlo?

—Su amor infinito a todos los niños, su solidaridad indiscutible con los más desfavorecidos y su apego a la justicia plena. Mi relación con el gigante cubano llegó desde que abrí los ojos al nacer, porque fui creciendo y desarrollándome en uno de sus más soñados proyectos, la creación en toda Cuba de escuelas especiales.

—¿Cuáles son los tesoros que más aprecia Jorgito?

—Ser cubano y vivir en Cuba, mi familia, la Revolución y la bandera. Al regresar de Panamá, de la Cumbre de Las Américas, me regalaron una bandera cubana, que simboliza y unifica todos esos tesoros, los cuales hay que apreciar y conservar por encima de nuestra existencia.

—¿Qué barreras te han decepcionado, pero a la vez te han puesto a prueba?

—Hubo quien pensó que no podía estudiar Periodismo, y fue ese el momento en que sentí por primera vez que mi sueño podría quedar trunco por quien era físicamente. Mas demostré que podía seguir hasta el final. El pasado 18 de mayo discutí mi tesis de grado, con la que logré mi título de Licenciado en Periodismo.

—¿Eres feliz?

—Completamente.

—¿Proyectos?

—Superarme profesionalmente, desarrollar un periodismo comprometido con nuestro entorno, nuestro pueblo y el momento histórico que vivimos. También quiero aprender a manejar… Hay que hacer arreglitos especiales dentro del carro, pero papi y yo estamos embullados.

—¿Quién es Jorgito dentro de su hogar?

—Un malcriado por todos en casa, principalmente por mi hermanita, Amanda, quien me mima como si fuera un bebé. He descubierto que tener «limitaciones» también tiene sus beneficios, porque cuando rompí casi una vajilla en solo una tarde fregando la loza, me vedaron ese terreno, por lo que me dedico a buscar los mandados.

—¿Pasatiempos?

—El universo digital en la red de redes, pero también disfruto jugar ajedrez y dominó, tirar de vez en cuando mis pasillitos con el buen son cubano, y aunque me deleito con la trova, soy un romántico empedernido.

—¿Artistas y agrupaciones preferidas?

—Leoni Torres y las agrupaciones Moncada y los Van Van están en mi lista.

—¿Cómo te conceptualizarías a ti mismo?

—Soy un pepillo que está a la moda, porque en mi escaparate encontrarás desde un traje de gala, hasta un pulóver. No soy machista y creo en la equidad de roles entre la mujer y el hombre; tengo la autoestima en el cielo, soy tremendo chivador cuando estoy entre amigos y amigas; me gustan el deporte y los animales; respeto a mis semejantes y mi lucha siempre será por mis iguales.

—¿Amores?

—Inicié una relación linda, la que me ha hecho regalarle un jardín y mis mejores pensamientos, mi familia y Cuba.

—Respetas…

—El mar, porque es imponente, pero a la vez tranquilo, y tiene el don de relajarme.

—¿La amistad para Jorgito?

—Lealtad, respeto, consideración y estar juntos en las buenas y en las malas.

—Detestas…

—A los desagradecidos, a quienes olvidan sus orígenes, a los que se ponen precio y a los traidores.

—Lideraste una lucha y moviste al mundo en torno a ella. ¿Cómo hiciste para penetrar el silencio que envolvía al caso de los Cinco Héroes cubanos?

—Convicción y mucha esperanza.

—¿Los Cinco Héroes para Jorgito?

—Ejemplos y amigos.

Al finalizar la defensa de su tesis de grado, La construcción del discurso periodístico sobre el caso de los Cinco en el sitio web El Nuevo Herald, su mamá, Marta Julia Belisario Hernández, en sentidas palabras leyó una carta de agradecimiento dirigida al líder histórico de la Revolución Cubana.

—¿Cómo nació esa carta que estremeció a muchos en ese acto académico?

—Nació en familia y es el agradecimiento de una familia y muy especialmente de una madre, por el bienestar brindado a su hijo. Sin la obra inmensa que ha liderado Fidel yo no sería el joven, el hombre que soy. Y es que la vida y obra del Comandante en Jefe son un símbolo de esperanza para las personas discapacitadas y para todos los humildes del mundo.

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