López Saura y la inteligencia salvada

El excelso investigador y médico cubano falleció este 17 de junio, dejando tras de sí un camino lleno de hitos para la ciencia de la Isla, como el desarrollo del interferón cubano

Autor:

Julio César Hernández Perera

En la mañana de este 17 de junio la ciencia cubana se conmovió con la noticia del fallecimiento del profesor Pedro Antonio López Saura.

Nacido en La Habana el 26 de septiembre de 1947, fue uno de nuestros médicos y científicos que han hecho historia, al ser protagonista de un proyecto nacido del pensamiento de Fidel y que hoy resulta una conquista.

En un discurso pronunciado por el líder de la Revolución, el 15 de enero de 1960, durante un acto celebrado por la Sociedad espeleológica de Cuba, sobresalía la idea sobre la necesidad de despertar en los jóvenes el interés por las ciencias. Eran tiempos en que se contaba con un número reducido de investigadores en el país.

Entonces Fidel pronunció una frase inolvidable: «El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento…».

Pedro Antonio tenía entonces 12 años de edad. Se graduó como médico en 1969; y a partir de ese momento emprendió una labor incesante como científico.  Alcanzó los títulos de Doctor en Ciencias Biológicas, Investigador titular, Especialista de segundo grado en Bioquímica clínica y miembro titular de la Academia de Ciencias de Cuba.

López Saura fue protagonista en 1981, junto con otros jóvenes investigadores cubanos, de una  gloriosa hazaña científica: el desarrollo del interferón cubano. Aquellos muchachos, en una pequeña casa del reparto Cubanacán, en La Habana, establecieron récord mundial al obtener interferón en el menor tiempo posible, con el propósito de comenzar su proceso de fabricación.

El producto farmacológico comenzó a utilizarse casi de manera inmediata en la epidemia de dengue que afectaba a la Isla en aquel año. Su uso clínico estuvo en sus inicios orientado al tratamiento del cáncer, pero luego se extendió al de otras enfermedades. Tal como expresó López Saura años después, el interferón catalizó el futuro desarrollo de la Biotecnología en el país.

Muchos extrañaremos la ausencia física del eminente científico. Uno de sus compañeros ha expresado que la pérdida de Pedro es enorme. Y tiene razón. Habría que reconocer, sobre todo, que fue un eterno joven con gran dedicación e inteligencia natural; esta última virtud, salvada por una Revolución que ofreció oportunidades para el desarrollo de una valiosa trayectoria.

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