¡Agüita, señor juez!

La provincia de Ciego de Ávila vive la sequía más intensa y prolongada de los últimos 12 años. Todos piden que se vaya, pero los pronósticos indican que se mantendrá hasta 2017

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— Eddie cambió la certeza de sus planes. Hasta finales del año pasado, este trabajador de la unidad empresarial de base de Atención a la Construcción, perteneciente a la Empresa Provincial de Comunales, tenía la certidumbre de levantarse temprano y llenar su pipa de agua sin mayores contratiempos.

«Ya todo cambió, cuenta. Ahora usted puede llegar y encontrarse una cola de diez o 12 carros, y si aparece el de algún organismo priorizado, la espera es mayor. A veces me he tenido que levantar a las 4: 00 a.m. para poder cargar».

La causa es una. «¡La sequía, compadre!», exclama y no es el único en hacerlo. En la ciudad de Ciego de Ávila, los ciclos de entrega pasaron de días alternos a cada cuatro, y muchos miran al cielo por una lluvia que no cae, ni en la cantidad ni en los lugares que se necesitan.

«¡Agüita, señor juez!», dicen algunos parodiando al popular personaje de Amado Fiel del Toro en el programa televisivo ¿Jura decir la verdad? Y no es para menos. En la recta final del período húmedo, en el territorio avileño se tenía la esperanza de un alivio con la sequía que se vive desde 2014.

Sin embargo, al finalizar agosto, datos de la delegación provincial de Recursos Hidráulicos indican lo contrario. Desde mayo ha llovido por debajo de la media histórica, las presas almacenan 30 millones de metros cúbicos (el 27 por ciento de su capacidad) y el manto freático —la principal reserva acuífera, con capacidad para 872 millones— tiene, de sus 15 sectores, cinco en alerta e igual número en alarma. Al examinar las cifras, los especialistas aseguran: esta es la sequía más intensa y prolongada que ha vivido la provincia de Ciego de Ávila, al menos, en los últimos 12 años.

¿Dónde estás, agua mía?

«Es que no ha llovido, no hay recuperación», expresa Rafael González-Abreu Fernández, especialista principal en Desarrollo y Manejo de los Recursos Hídricos en la dirección técnica de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico (Gearh) de Ciego de Ávila. «A finales de octubre de 2014 la situación era preocupante, con seis sectores del manto subterráneo en alerta, por agotamiento».

El comportamiento de «abstinencia» se mantuvo durante 2015, cuando en el período húmedo dejaron de caer 77 milímetros y el estado de alarma se extendió en los mapas hídricos de la provincia.

Una de las mayores preocupaciones está hoy en el sector CA-I-5, que abastece la mitad de la capital provincial, el municipio de Ciro Redondo con su central, importantes entidades agrícolas y el polo turístico Jardines del Rey.

Pese a que el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) reconoce un comportamiento favorable en el país, al registrarse entre mayo y agosto un promedio de 663,3 milímetros para un ciento por ciento de la media histórica, la provincia avileña se ubica en el extremo negativo.

«Los meses de lluvia han sido malos», señala Silvia Hernández Hernández, especialista en Manejo de los recursos hídricos en la Dirección Provincial de Recursos Hidráulicos. «Desde mayo hasta el cierre de agosto han caído 505,1 milímetros, el 81,8 por ciento de su media histórica. En junio —el mes en que más llueve en la provincia— solo cayeron 138 milímetros, cuando tradicionalmente se registran más de 191 milímetros».

Agosto se pensó como una tabla de salvación. Y llovió, solo que lo hizo en la zona suroccidental, pegada a la costa, por lo que la mayor parte del agua escurrió y, además, cayó donde no están las presas y los sectores más complicados.

«Para el comportamiento de 2016 se tiene un real de 663 milímetros y el histórico es de 784, para un 85 por ciento. Hay un déficit grande, que se complica con la ausencia de lluvias en los años anteriores», explica Silvia. «Es decir, se llega a agosto de 2016 con un déficit acumulado de 238,3 milímetros desde 2014 hasta la fecha, cuando en Ciego de Ávila debe llover históricamente 930,7 milímetros en el período lluvioso. Hay que mirar septiembre y octubre, meses asociados a ciclones y depresiones que traen lluvia; pero hasta ahora la salida de la sequía en Ciego de Ávila es una incógnita».

Un niño con la pegada de Savón

¿Lloverá en lo que queda de septiembre y en octubre? El máster Oscar Benedico Rodríguez, director del Centro Meteorológico Provincial, responde: «En estos días de septiembre, quizá un poco. En octubre, posiblemente no tanto». Explica el especialista que la situación de sequía en el territorio avileño se asocia al evento El Niño, que comenzó a afectar a inicios de 2015 y, al juzgar su comportamiento, ha tenido una pegada similar a la del boxeador Félix Savón.

No solo «secuestró» la lluvia, sino que apareció justo cuando terminaba el período seco de 2014, para así alargar la sequía. También elevó las temperaturas a un promedio de 350C y entre 2015 y 2016 evaporó más de 190 milímetros de agua en la porción sur de la provincia y una cantidad casi similar en la norte (189). Y la suma de esos valores indica que El Niño se llevó un volumen equiparable a la mitad de los valores históricos de lluvia en el período húmedo de Ciego de Ávila.

Lo que puede está por venir

A El Niño le seguirá una Niña que hará más seco los meses de noviembre de 2016 y abril de 2017. «Eso es lo que indican los modelos y los estudios comparativos para Ciego de Ávila», explica Oscar Benedico. «Es muy posible que no llueva hasta mayo próximo. A partir de ahí, las precipitaciones podrían ser intensas y asociadas a depresiones tropicales».

El escenario se dibuja complejo y junto con los cálculos de la población del día en que toca el agua o cómo se administrará el líquido en Florencia —el municipio donde menos llovió en agosto—, las anomalías climáticas ya dejaron en la historia los dolores de cabeza de la última zafra, en la cual la provincia cumplió con 192 000 toneladas a golpe de coraje e inteligencia.

«Es una situación preocupante, pero pudiera ser crítica y con más molestias si no hubiera existido todo un trabajo coordinado, que permitió adelantarnos a lo que podía ocurrir», enfatiza Rafael González-Abreu.

Una de las pruebas está en el Sistema de Peligro, Vulnerabilidad y Riesgos (PVR), creado en la provincia y que dio la proyección de zonas afectadas. La aplicación de esa metodología permitió desde finales de 2014 conocer de antemano lo que venía, qué se debía hacer y cómo cumplirlo. Eso permitió frenar la caída de los acuíferos. Si hoy los avileños reciben el agua cada cuatro días y no cada diez, es gracias a esos técnicos de Aprovechamiento Hidráulico, entre otros especialistas y directivos.

Otra ventaja se encuentra en la estrecha coordinación que ha existido, bajo la dirección del Gobierno provincial a través de la Comisión de Enfrentamiento a la Sequía, entre Recursos Hidráulicos, la Agricultura y la Empresa Azucarera del territorio, estos últimos los mayores demandantes de agua. La unión ha permitido mover zonas de cultivo y de riego a lugares donde existe agua. Por otra parte, se implementan importantes inversiones para modernizar los sistemas de riego. Solo en la agricultura hay 1 801 hectáreas en goteo o transitando hacia esa modalidad.

Sin dudas, las afectaciones existirán, sobre todo por el estado actual de las reservas y las pobres perspectivas de lluvia. Es muy posible —y ya esto es un criterio del reportero— que el ciclo de entrega a la población se extienda a más de cuatro días en las grandes zonas urbanas, cuando avance el venidero período de seca, si es que no varía el estado actual del manto.

Por eso lo que se avecina es una carrera de resistencia contra un clima, que cada año nos trae menos lluvia y más calor. Solo queda prepararse, invertir para gestionar mejor el recurso agua, respetar lo planificado y ser menos permisivo con el despilfarro, que no pocas veces aparece ante los ojos de la ciudadanía.

«Contra la llegada de la sequía no podemos hacer nada», explica González-Abreu. «Lo que sí podemos es prepararnos y atenuar sus efectos. Esta, como las que vendrán, puede ser muy severa; pero si existe inteligencia, disciplina e integración, ella no se podrá imponer», concluye.

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