Refugios en horas difíciles

Más de 251 000 personas residentes en zonas costeras y lugares inseguros son protegidas en Santiago de Cuba

Autores:

Odalis Riquenes Cutiño
Gretchen Gómez González

La santiaguera Magda González anda por estos días con un ajetreo inusitado. Además de asegurar ventanas, aprovisionar agua limpia, comprar velas, galletas y otros alimentos imprescindibles para enfrentar el inminente impacto del huracán Matthew, acondiciona también los dos cuartos que no usa en su confortable casa de placa, en las cercanías del paseo Martí.

Magda vive con sus dos hijos, pero su espacio es amplio. Por eso no dudó en expresar su disposición de recibir a los vecinos que, por la inseguridad de sus casas, necesitarán refugio durante las difíciles horas del paso del meteoro. La convicción solidaria de Magda no es nueva, la demostró hace cuatro años, cuando los embates del inolvidable Sandy la obligaron a socorrer entre el pavor y la furia del viento a muchas familias cercanas, en la madrugada interminable del 25 de octubre.

El recuerdo de aquellas horas en las que el rezo de Juana, la viejita de la esquina, se mezcló con el buchito de café repartido entre muchos y el llanto de los niños, fue suficiente para que respondiera afirmativamente a la petición de la Comisión de Evacuación de su zona de defensa cuando la visitó.

«Los santiagueros aún tenemos fresco todo lo que pasamos cuando Sandy», responde enfática. Esa resolución es el sustento de una de las fortalezas de esta oriental tierra cuando enfrenta una nueva prueba de la naturaleza: la percepción del riesgo y espíritu solidario de sus habitantes.

El gesto de Magda no es único, se repite a lo largo y ancho de la geografía indómita y coincide con una de las líneas de acción del Consejo de Defensa Provincial, cuyo presidente Lázaro Expósito Canto no se cansa de repetir que lo más importante es proteger la vida y que solo las casas de placa confortables aguantarán los embates de los vientos del poderoso Matthew.

Más de 251 000 personas residentes en zonas costeras y lugares inseguros son protegidas aquí por estos días; el 73 por ciento de ellas contará con el apoyo generoso de personas como Magda; otras son ya evacuadas en 118 albergues y obras especiales, y muchos más, «todo el que no se sienta seguro en su hogar», podrá resguardar su vida en los inmuebles de todas aquellas instituciones estatales con condiciones, las que igualmente estarán abiertas con estos fines.

Abrazados por la solidaridad, esperan los santiagueros la llegada de Matthew. Una vez más el indómito Santiago, en lidia obstinada contra la naturaleza, empujado por su gente, se empina sobre su estirpe heroica.

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