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El grito de un patrimonio herido

Al primer impacto visual después del huracán, Alejandro Hartmann, historiador de Baracoa, quedó tan asolado como su villa que ahora asegura que volverá a ser una ciudad paraíso. Lo sabe desde que se montó a la carrera en la primera caravana que lo llevó hasta allí, y más cuando ve a tantos, de tantas partes, empujando los escombros para que ella renazca

Autor:

Haydée León Moya

BARACOA, Guantánamo.— La noche del huracán estaba conmocionado y triste, lejos de la ciudad que ama con pasión desmedida. No pudo soportar, y en la primera caravana que iba desde la capital provincial rumbo a su tierra devastada, partió al encuentro de lo que, pensaba, posiblemente no existiera.

Aunque no lo tengas delante y solo te lo acerque el hilo telefónico, cuando hablas con Alejandro Hartmann Matos, el historiador de Baracoa, percibes al hombre tremendamente expresivo y especialmente afectivo que es el también vicepresidente de la Red de oficinas del historiador y conservador de las villas patrimoniales de Cuba, que preside el Doctor Eusebio Leal.

—¿Cuál fue su primer encuentro con la realidad que dejó allí el huracán Matthew?

—Impactante. Te imaginas encontrarme La Farola «apagada». Ese viaducto maravilla de la arquitectura civil cubana sin su vigoroso paisaje de pinos y su riquísima floresta. Me lo encontré así, como un paisaje lunar, y eso me llegó al alma. Luego, ya en la ciudad, vi mucha gente herida por los destrozos. Llegué en una caravana, y en caravana siguió llegando la ayuda y el aliento que ha ido cambiando el rostro de mi ciudad y su gente, pero es un camino largo por el que hay que andar con un cuidado especial para seguir siendo lo que somos.

—Sí, una ciudad con muchos valores patrimoniales, ¿en qué medida fueron dañados?

—Una ciudad con gran valor arquitectónico y patrimonial que, junto a un grupo de instituciones, distinguen la ciudad y simbolizan hechos y valores trascendentales de la historia y la cultura de nuestra nación, y que fueron impactadas fundamentalmente por la descomunal fuerza de los vientos y las huracanadas olas que sobrepasaron el malecón.

«En el fuerte de La Punta, una fortaleza militar del siglo XVIII sus muros fueron embestidos, tanto, que una parte fue totalmente destruida. En la fortaleza Seboruco de Santa Bárbara, donde hay un precioso hotel nombrado El Castillo, fue destruida la techumbre de tejas del segundo nivel, exactamente la misma parte que se llevó un ciclón en 1908. Y, como en todas partes, los vientos le quitaron la policromía del verde de sus alrededores. Pero cuando venga la primavera reverdecerá.

«Al fuerte Matachín, el museo de la ciudad desde hace 35 años, también le arruinó su cubierta y, aunque las colecciones que atesora fueron resguardadas con antelación, fueron tan fuertes los vientos de ese monstruo, que el agua del mar y de la lluvia filtró por una de las aspilleras y se mojó la mayoría de los 300 documentos históricos que se conservan, como cartas en las cuales los veteranos de la Guerra de Independencia exigían a las autoridades el pago de las pensiones que les negaban. También se movieron y fracturaron muchas tejas y el alero frontal se desplomó y hay que rehacerlo.

«No faltara más. Los torreones del siglo XIX no fueron afectados».

—Pero la ciudad está casi en ruinas, ¿qué parte del patrimonio sufrió daños?

—En el centro histórico, que fue declarado Monumento Nacional el 4 de noviembre de 1978, las mayores afectaciones fueron en los techos. No hubo derrumbes de consideración. El 94 por ciento del total de las edificaciones de Baracoa quedó a cielo abierto.

—Cuando dice el centro histórico, ¿a qué se refiere exactamente?

—A 900 viviendas que, aunque no tienen la riqueza arquitectónica de Cienfuegos y de La Habana, por ejemplo, poseen una forma peculiar de arquitectura vernácula, donde se ligan las casas de madera con los códigos neoclásicos y eclécticos del siglo XX, que es denominado por la Doctora Alicia García Santana, una autoridad en el estudio de las primeras villas cubanas, como el criollo baracoano.

«Pues esa amalgama preciosa de casas de manera, con techumbre a dos aguas con tejas francesas, que se enmarca entre dos calles principales (Martí, y Maceo) y 12 calles transversales, componen el centro histórico de la Primada, junto a una zona priorizada que parte desde el museo Matachín hasta el parque Tomás Cardoso, a dos cuadras del malecón».

—¿Qué sucede allí en estos momentos de recuperación?

—Brigadas compuestas por expertos de la Oficina del Historiador de la ciudad de Camagüey restauran la techumbre de una de esas edificaciones, donde radica la escuela primaria Miguel de Cervantes, después trabajarán en otra donde también funciona un centro de la enseñanza especial.

Ellos trabajan intensamente junto a brigadas de la Oficina del Conservador de la ciudad de Santiago de Cuba, que asesoran a partir de su experiencia en la reconstrucción del patrimonio de esa urbe tras el paso del huracán Sandy.

«Y ya está confirmado que en los próximos días llegan otras brigadas del resto de las villas cubanas. En coordinación con la Oficina del Historiador de La Habana, también ya nos informaron de la recaudación de fondos, por parte del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, para apoyar con las tejas francesas y españolas que se necesitan para la reconstrucción de la totalidad de los inmuebles del centro histórico. Ya contamos con más de 20 000, que aportó el Gobierno de la provincia hermana de Camagüey, pero según estimados preliminares, se requieren  unas 600 000.

«Porque no se trata solo de esa parte de la cual hablaba, sino también de la Casa de cultura, la facultad de Ciencias Médicas, y del cine teatro Encanto, una construcción neoclásica de 1931 que, como las mencionadas, tienen grandes valores patrimoniales, y sus techos ya no existen.

«Con el apoyo de las Zonas de Defensa, de los delegados del Poder Popular y de especialistas de Vivienda se acomete, día y noche, un estudio casa por casa. Es un trabajo intenso y agotador, porque tenemos la ciudad casi completamente bajo las estrellas».

—También son parte de las riquezas patrimoniales algunos sitios únicos que distinguen a la primera villa fundada en Cuba, hábleme de ellas y del impacto que tuvieron por el huracán.

—Efectivamente. La parroquia Nuestra Señora de la Asunción, donde se ofició la primera misa en Cuba y donde se conserva la única de las 29 cruces que plantó Colón en sus viajes por América, La cruz de la Parra, que es Patrimonio de la Nación, no sufrió daños de consideración, solo en la cubierta. Quedaron intactas las estatuas de Colón y del indomable Hatuey, situadas muy cerca del malecón. Pero esa muralla de 2 000 metros, que es identidad nuestra, que es  expresión de nuestra cultura, que allí vamos a mirar a ese Atlántico que nos baña, a veces, como ahora, demasiado. Como nunca antes. Lo partió en varios tramos y levantó losas completas de la vía que está junto al malecón.

«También el hotel La Rusa fue muy golpeado, una construcción de 1952, emblemática. Allí se hospedaron en diferentes momentos el Comandante en Jefe Fidel Castro, Raúl, Vilma, el Che, Nicolás Guillén, y muchas otras figuras descollantes de la Revolución. Y la mujer que fue su creadora fue motivo de inspiración para Alejo Carpentier en su novela La consagración de la primavera».

—Y pensar que hasta hace poco, era la ciudad toda una maravilla, de la cabeza a los pies.

—Pero Baracoa va a volver a ser una ciudad paraíso. Lo supe desde el primer momento, desde la primera caravana aquella que me trajo hasta aquí, y ahora que estamos todos, y con ayuda de todas partes, empujando los escombros para que ella renazca.

Baracoa tiene que levantarse por sobre los escombros de la destrucción para recuperar su peculiar belleza.

Alejandro Hartmann Matos, historiador de la ciudad de Baracoa y director del museo Matachín.

El hotel La Rusa,  inspiradora edificación de la ciudad, muestra en uno de sus ángulos la saña de Matthew.

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