El paraíso que pudiera volver a ser

Las características climatológicas de la Ciudad Primada permitirán que el territorio mantenga la exclusividad que distingue a su medio ambiente, destacó el delegado del Citma en la Primera Villa de Cuba

Autor:

Richard López Castellanos

BARACOA, Guantánamo.— Ricardo Suárez Bustamante amaneció sobrecogido el pasado 5 de octubre. La noche anterior el huracán Matthew había destruido parte de su casa, de su ciudad y de la vegetación que ha distinguido a Baracoa durante siglos.

Instado a una entrevista para Juventud Rebelde, el Delegado del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) en la Primera Villa de Cuba respondió con la misma disposición con que defiende el entorno donde habita.

—¿Cómo describiría el daño medioambiental en Baracoa a causa del huracán Matthew?

—Hay que considerar las características físico-geográficas y sociales de Baracoa. En el ámbito físico-geográfico, los mayores ecosistemas naturales sufrieron un gran impacto. Por ejemplo, el 80 por ciento de la superficie del municipio constituye patrimonio forestal y sufrió daños severos.

—El evento climatológico se caracterizó por la fuerza del viento y la poca lluvia, un contraste curioso...

—A mi modesto juicio, Matthew fue un ciclón atípico. Es difícil que se produzcan fenómenos así sin intensas lluvias, y ni siquiera provoquen el desbordamiento de los ríos. Esta vez solo se desbordó el Toa porque se registraron lluvias torrenciales en Yateras, y la avalancha de agua derribó la mayor parte del puente sobre el río más caudaloso de Cuba.

—Se comenta que perjudicó mucho el estacionamiento del huracán cuando ya había hecho de las suyas...

—Matthew entró al oriente cubano por Punta Caleta, Maisí, y salió por Bahía de Mata, pero se estacionó entre 45 minutos y hora y media. El paso del ojo por la ciudad de Baracoa causó una calma de cerca de una hora, pero tanto la delantera como la retaguardia del fenómeno fueron excesivamente destructoras.

—El primer impacto visual notable del huracán se vio en la zona urbana del territorio, cuando las personas encontraron una ciudad que parecía bombardeada.

—Ante ciclones como este solo resisten con firmeza las viviendas de mampostería, placa y carpintería bien construidas y en buen estado. Parte de esta villa Monumento Nacional y de su peculiar arquitectura colonial se destruyó. En lo adelante hace falta una restauración precisa, una práctica que permita recuperar el mayor por ciento posible de esa arquitectura, sin soslayar las particularidades de resistencia de cada inmueble.

«Yo recuerdo que en Viñales vi casas con techos a dos aguas construidos con placa, cubierta con tejas españolas o redoblones y un caballete. En mi opinión estamos obligados a generalizar técnicas como esas porque nos afectarán otros fenómenos naturales, y los eventos hidrometeorológicos asociados al cambio climático tienden a ser mucho más crudos».

—¿Qué impacto recibió la vegetación?

—Según los recorridos que hemos hecho y la consulta con expertos estimamos que los daños causados a la cobertura forestal es significativo. Disponemos de datos preliminares, habrá otros más precisos.

—¿En qué estado quedaron la flora y la fauna del Parque Nacional Alejandro de Humboldt?

—El 95 por ciento del potencial natural del Departamento de Conservación Baracoa del Parque Humboldt fue destruido. Se conservaron más los pinares porque la estructura de la copa de los árboles permitió el paso del aire. En las pluvisilvas, como el bosque es más tupido y las copas de los árboles son más frondosas, el embate del aire deshojó y quemó la gran mayoría de las plantaciones y afectó sobre todo el hábitat de la avifauna.

—Antes del huracán y por diversos factores, Baracoa tenía una situación medioambiental difícil. ¿Cuál es ahora?

Antes de Matthew éramos muy afectados por la contaminación hídrica y el mal tratamiento de los residuales hídricos; los tanques sépticos y las fosas maura estaban en su gran mayoría desbordados, colapsados con roturas, y las indisciplinas sociales hacían notar más el volumen de desechos sólidos.

«Después del fenómeno climatológico esos problemas pueden agudizarse, por lo que se impone trabajar con intención e inteligencia para evitar brotes epidemiológicos.

«Hoy existe más cantidad de agua acumulada, en las que pueden incubarse los mosquitos, y es mayor el volumen de basura en el que se puede aumentar la reproducción de moscas, mosquitos y ratas, transmisores de enfermedades para la salud humana. Si no cumplimos con celo el objetivo principal de preservar la salud de las personas un brote epidemiológico puede distorsionar el avance del período de recuperación».

—Para sanear el entorno es esencial el rol de la población.

—Siempre lo ha sido, aunque no siempre la gente sea consecuente con su deber. Por eso es tan importante la concientización que debemos hacer todos, sin obviar el papel regulatorio de la ley de sancionar al que viole.

—¿Qué dejó Matthew en usted?

—En lo individual me dañó como a quienes no tenían casa techada con placa; en lo profesional, aunque nunca hubiera deseado ver un evento de esa naturaleza, fue una escuela, una lección para aumentar la percepción del riesgo y el conocimiento que permita mejorar el trabajo de educación medioambiental en el pueblo al cual me debo.

—¿Está amenazado el emporio natural que aún es Baracoa?

—Las características climatológicas de Baracoa permitirán que el territorio mantenga la exclusividad que distingue a su medio ambiente. Las plantas demorarán años en crecer o recuperar su verdor, pero el suelo, la humedad relativa, la red hidrográfica y el régimen pluviométrico serán los mismos o parecidos. Hoy nada amenaza la posibilidad de que Baracoa recobre su condición de paraíso natural de Cuba.

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