Cesárea: ¿de solución a problema?

Este proceder quirúrgico debe ser prescrito a partir de razones médicas muy justificadas para evitar que su uso irracional incida en los indicadores de mortalidad y morbilidad materno-infantil

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Hace poco más de un año nació Luciana, mi ahijada. Estuve ahí, junto a su madre, todo el tiempo que pude, y traté de aliviar sus angustias de primeriza cada minuto.

«Lo único que deseo es parir bien, normal, sin tener que llegar a una cesárea. Le tengo miedo, es como una operación», me decía, y los médicos se asombraron ante tanta firmeza de su carácter, sobre todo porque cumplió al pie de la letra con el reposo indicado para lograr el desplazamiento de su placenta, ubicada en la apertura del cuello del útero.

Sufrió Daniela en silencio, aún cuando su placenta se desplazó de sitio. Su diagnóstico de madre con diabetes gestacional conllevaba la inducción del parto, y ella solo anhelaba que se le provocaran las contracciones normales y la posibilidad de dar a luz de manera natural.

No pudo ser, no sucedió. Luciana no llegó al mundo a través del parto vaginal, y los ojos de su madre se reventaron de lágrimas cuando supo que iba a ser llevada al salón. «Yo sé que todo va a salir bien, los médicos han sido muy buenos conmigo y confío en ellos, pero yo sigo teniendo miedo».

Aunque todo transcurrió sin contratiempos durante la intervención quirúrgica y tiempo después, incluso en lo concerniente a la cicatrización de su herida abdominal, Daniela le aconsejó siempre a sus amigas y a sus compañeras de cuarto en el hospital que se esforzaran por hacer las cosas como debe ser, y no de manera artificial.

La operación por cesárea es la cirugía mayor que con más frecuencia se realiza en el mundo y a pesar de que se lleva a cabo de manera segura en las instituciones hospitalarias, tiene numerosos riesgos asociados, por lo que no debe ser permitido su uso excesivo sin las suficientes justificaciones médicas.

Solo si es necesaria

Un axioma muy antiguo afirma que «más vale llegar al mundo de manera natural, aunque sea entre heces y orina, que a través de parto artificial», y me lo recuerda el Doctor en Ciencias Médicas Danilo Nápoles Méndez, especialista en Ginecobstetricia, quien labora en el Hospital General Docente Doctor Juan Bruno Zayas Alfonso, de Santiago de Cuba.

«Durante años ha predominado la idea en la población a nivel mundial y en la mentalidad de algunos obstetras, neonatólogos... que este proceder quirúrgico puede ser un instrumento para reducir la mortalidad y la morbilidad materno-fetal. Ciertamente es la cesárea una solución socorrida para beneficiar el binomio madre-hijo, pero solo en caso necesario, refrendada bajo una indicación médica, pues de lo contrario pasa de ser solución a problema.

«Se desestiman los beneficios del parto fisiológico o vaginal cuando la cesárea lo sustituye, lo cual en otros países es muy frecuente, teniendo en cuenta la proliferación de mitos infundados que refieren que esta trae más ventajas estéticas para la mujer, comenta Nápoles Méndez.

«Después de un parto natural, la mujer se recupera mucho más rápido, sobre todo si desde antes cuidó de su dieta, realizó los ejercicios sugeridos y tuvo conocimiento de la profilaxis indicada para dar a luz de manera satisfactoria.

«Traer al mundo a un nuevo ser siempre conlleva riesgos, pero estos se reducen si se tiene un parto vaginal, lo cual no solo es beneficioso para la madre, que inmediatamente puede ver el fruto de su concepción, arroparlo en su pecho e iniciar la lactancia materna en pocos minutos.

«Cuando el niño nace por la vía natural logra una mayor funcionalidad de sus órganos vitales, se abren sus bronquios y se eliminan líquidos acumulados en sus alveolos, y su circulación pulmonar es más rápida y eficiente», explica el también profesor e investigador titular.

La mujer se somete al riesgo quirúrgico y anestésico de una cirugía mayor cuando va a una cesárea, a la cual se asocian no pocas complicaciones. «Este proceder lleva implícito un aumento de la estadía hospitalaria, y con él se relacionan complicaciones hemorrágicas, muy vinculadas con los indicadores de mortalidad materna. Se le asocian también con más frecuencia las enfermedades tromboembólicas y las infecciones, incluyendo las de las incisuras abdominales, que son 12 veces mayores que las de una episiotomía (incisión quirúrgica en la zona del perineo femenino con el fin de ampliar el canal para abreviar el parto y apresurar la salida del feto)».

—Algunas especialidades médicas sugieren la realización de la cesárea…

—Siempre que la vida de la madre y de su hijo corra peligro, la cesárea será la intervención quirúrgica necesaria.

«Su realización es justificada si se evidencia una gestorragia, como el desprendimiento prematuro de la placenta o su localización en la apertura del cuello del útero de manera parcial o total (placenta previa), si el bebé es demasiado grande para pasar por el canal del parto y la pelvis materna es estrecha, o si la madre es portadora del VIH. Algunos padecimientos de la madre pueden ser justificaciones para una cesárea, como algunas cardiopatías que tienen clase funcional III o IV y otras alteraciones cardiovasculares, la diabetes avanzada con daño vascular y mal pronóstico fetal, la elevada presión arterial y emergencias surgidas antes o durante el trabajo de parto, como el prolapso del cordón umbilical, cambios de posición del bebé, alteraciones del bienestar fetal, entre otras, pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) insta a reducir cada vez más las cesáreas por causas no obstétricas.

«Queda en manos del obstetra, luego de una discusión científica bien profunda, si se realiza una cesárea o no a partir de la sugerencia de otras especialidades», detalló Danilo, quien reveló que se investigan nuevas sustancias para favorecer la maduración del cuello del útero y evitar las cesáreas por inducciones fallidas del parto».

—¿Cesárea una vez, cesárea siempre?

—No todas las mujeres pueden tener un parto vaginal luego de una cesárea, aunque en algunos países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra y otros, han dirigido sus investigaciones a ese objetivo. En nuestro país estudiamos nuevos protocolos para ello, con el fin de incrementar los beneficios del parto natural.

«Aunque se sugiere esperar al menos tres años entre una cesárea y otra, la segunda vez conlleva más complicaciones pues se trabaja sobre un lecho quirúrgico más complicado y se corren riesgos asociados a hemorragias y acretismo placentario, entre otros», explica el Presidente de la comisión de Atención a la paciente obstétrica grave en Oriente».

—Durante la cesárea, los especialistas cuidan la estética de la mujer. ¿Incisiones transversales o verticales?

—Existe una mayor tendencia a las incisiones transversales en la pared abdominal, la cual es más estética en comparación con las media o paramedia, o sea, las verticales, pero sangra más, se infecta con más frecuencia, es más antifisiológica. Ese tipo de incisiones necesita de manos muy experimentadas y debe indicarse en las pacientes en las que se debe hacer, pues no es una práctica sistemática de manera obligatoria.

«No es recomendable la incisión transversal para las cesáreas de emergencia. La media o paramedia es más anatómica, se logra mejor el abordaje quirúrgico y tiene menos implicaciones hemorrágicas e infecciones».

Nápoles Méndez comenta que desde abril de 1985, cuando la OMS y la Organización Panamericana de la Salud convocaron a profesionales, administradores sanitarios y madres a una conferencia sobre la tecnología apropiada para el parto en la ciudad brasileña de Fortaleza, se determinó que el porcentaje de cesáreas por encima de un 15 por ciento no está justificado, y que solo indicadores de un diez por ciento y no superiores a un 15 por ciento reflejan la protección de madres e hijos.

«La OMS dice que tenemos que vincular la cesárea con las necesidades individuales de cada paciente, olvidándonos de tasas generales. No existe una contradicción en esa idea, porque la organización acota que solamente está justificada aquella cesárea que es necesaria por causas médicas.

«No hay necesidad de proponernos una tasa específica. Si este proceder se hace sin excesos y solo cuando la prescripción médica lo avale, de manera directamente proporcional las tasas de cesáreas ocuparán el lugar que les corresponden y los perjuicios asociados disminuirán».

Un poco de historia

En el antiguo Egipto, hacia el año 700 antes de nuestra era, la ley permitía sacar al feto por vía abdominal cuando la madre moría durante el embarazo. Esta norma fue asumida mucho más tarde por el imperio, y prohibía enterrar a una mujer muerta sin haberle extraído el feto para poder enterrarlo acorde con los preceptos religiosos.

•Hasta el siglo XIX las mujeres no podían participar en la realización de una cesárea. Sin embargo, la primera intervención con éxito en el imperio británico la llevó a cabo una mujer, Stuart Barry, pero lo hizo disfrazada de hombre.

•La primera cesárea practicada en una paciente viva y en la que se obtuvo un recién nacido vivo fue realizada por Giulio Cesari Aranzio en 1578, y se registró la muerte de la madre un mes después de la operación.

•En 1769 el cirujano Lebas, en Francia, suturó por primera vez la herida del útero con la idea de que la recuperación de la paciente fuera mejor, pero fue muy criticado por sus colegas de la época.

•El obstetra italiano Eduardo Porro fue el primero en practicar con éxito en 1876 una cesárea en una mujer viva, con supervivencia de la madre y el niño.

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