Uno, dos... mil Fideles

Lo mejor que podemos hacer todos es expresar lo que sentimos, y que este sufrimiento sea un compromiso. Siempre fuimos Fidel, pero a partir de hoy somos sus piernas, sus brazos, sus manos y su cabeza

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Un mar de fuerza inconmensurable y, a la vez, frágil y silencioso, un mar de sentimientos... Muchos escogieron el llanto como expresión. Otros, aparentemente más fuertes, se mostraron parcos y abstraídos, aunque dejaban ver la fisura en su interior.

Empujando un cochecito, a bordo del cual viajaba su bebé de solo cuatro meses, llegó a la Plaza este lunes Geidy Padrón Blanco, una joven de 30 años que no dudó en subir la pendiente hasta el Memorial, sin descuidar en el proceso sus responsabilidades maternas.

Otros como Ariel Peña, trabajador de Salud Pública, dijo haber sentido una opresión en el pecho en el momento en que oyó la noticia en la voz rota del Presidente Cubano, Raúl Castro. «Yo le he profesado siempre gran devoción al Comandante, pues mi abuelo luchó con él en la Sierra Maestra, y eso a uno le corre por las venas», expresó.

Varios compañeros de lucha, combatientes de la Sierra Maestra, acudieron también al llamado del eterno Comandante. Los hermanos Ciro y Edilberto del Río Guerra, quienes estuvieron bajo las órdenes de Fidel y del Che en Oriente, recordaron al jefe exigente que no dejó nunca de llamarles la atención, pero tampoco de preocuparse por sus heridas de combate.

Juan Revé Ravelo, de 57 años, jefe de cocina del Hospital Universitario Calixto García, mostraba en su brazo izquierdo una cinta oscura, símbolo de duelo nacional. «El Comandante me dio la posibilidad de tener tres misiones internacionalistas: dos en Angola y una en Etiopía. Ahora es cuando más hay que trabajar y avanzar».

Los niños también supieron rendir honor al amigo siempre preocupado por los más pequeños. Damián Arguino, estudiante de primaria, no tuvo reparos en recitar para la prensa el siguiente poema, de su propia inspiración: «Fidel soy yo, que soy pionero y estudio para ser el futuro/ Fidel es el médico que nos atiende cuando nos sentimos mal/ Fidel es el maestro que nos enseña día a día/ Fidel es la libertad que gozamos en nuestro país/ A Fidel, nuestro Comandante, siempre lo llevo en mi corazón. ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!».

Ahora mismo lo más importante es la unidad, compartió Carlos del Puerto Blanco, profesor de la Universidad de La Habana. «La gente se sorprendía con él, porque parecía que sabía de todo, porque era un curioso incontenible».

En tanto, el conocido sicólogo y profesor universitario Manuel Calviño habló del cúmulo de emociones percibidas hoy en el pueblo cubano. «Lo mejor que podemos hacer todos es expresar lo que sentimos, y que este sufrimiento sea un compromiso. Siempre fuimos Fidel, pero a partir de hoy somos sus piernas, sus brazos, sus manos y su cabeza».

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