El paso eterno de una caravana

Miles de tuneros se congregaron a ambos lados de la Carretera Central para rendir póstumo homenaje al Comandante en Jefe, al paso del cortejo fúnebre por la ciudad capital

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— Desaparecerán generaciones y llegarán otras, pero Las Tunas no volverá a ser testigo de una manifestación de duelo popular como la que aguardó este viernes por el paso del cortejo fúnebre que transporta las cenizas del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz. Miles de tuneros, procedentes de los ocho municipios, se concentraron desde temprano en la mañana a ambos lados de la Carretera Central, en los más de 65 kilómetros que van desde la comunidad El Yunque hasta Loma Alta, la elevación insignia de la región.

Ni el sol del mediodía movió a la gente de los sitios donde esperaban el paso del cortejo. Foto: Abel Rojas.

A pesar de las altas temperaturas, las personas esperaron en su sitio. Los pioneros lideraron el homenaje al líder con una voz que ya es emblema: ¡Yo soy Fidel!

Durante la travesía por la ciudad, la población rindió honores al líder histórico de la Revolución. Foto: Abel Rojas

Pasaba ya el mediodía cuando la comitiva se divisó al final de la Avenida Mayor General Vicente García, atildada para saludar los restos venerables. Un murmullo se extendió entre la multitud.

Hasta siempre, Comandante y Yo soy Fidel, frases que coreaban los tuneros al paso de la Caravana. Foto: Abel Rojas.

Se vio a personas llorar desconsoladamente, como cuando fallece un familiar muy cercano. «¡Recíbelo en tu seno, Señor!», dijo un religioso. «En Cuba no volverá a nacer otro hombre como ese», vociferó un conocido limpiabotas local.

Estudiantes, trabajadores, cuentapropistas, pioneros, maestros, artistas, turistas, músicos, campesinos, niños de brazos, militares, policías, amas de casa… ¡nadie quiso perder la ocasión de demostrarle al gigante que tanto hizo por Cuba, el cariño y el respeto que le profesan!

Los niños honraron también al Pionero Mayor. Foto: Yaciel de la Peña

La Caravana de la Victoria no pasó esta vez por Las Tunas al amanecer. Ahora lo hizo a plena luz y en sentido contrario. Otra vez su paso dejó escuchar vivas a la Revolución y a Fidel. A imagen y semejanza de la de 1959, esta volvió a confirmar que, gracias a él, somos definitivamente libres.

Tras al paso de los vehículos, el pueblo se sumó a la Caravana. Foto: Juan Morales

Aurora de tintes libertarios

LAS TUNAS.— La ciudad dormía aquella madrugada del 4 de enero de 1959, cuando la caravana de vehículos pulverizó con sus pitazos el silencio del amanecer. Quienes a esa hora colaban el primer cafecito del día, se asomaron a la puerta para ver de dónde provenía el bullicio. Otros, aún somnolientos, se tiraron a toda prisa de la cama. Pero apenas consiguieron ver cómo la ruidosa comitiva rodante se alejaba avenida abajo.

La noticia corrió: «¡Es el Ejército Rebelde!». En minutos, la gente ganó la calle y le dio cauce a una vehemencia largamente reprimida: «¡Viva Fidel! ¡Viva la Revolución!», que se gritaba por doquier. En tanto, la Caravana de la Victoria, con sus héroes barbudos a bordo, tomaba rumbo oeste por la Carretera Central. Llevaba consigo la buena nueva de que había llegado para Cuba su definitiva independencia.

Aquella aurora de tintes libertarios devino en los anales de la región el primer contacto de Fidel con la comarca. Por lo temprano de la hora, el contingente rebelde estuvo apenas el tiempo justo para tomar un refrigerio. No hubo discursos ni fotografías. Solo la euforia de una población que tuvo el despertar más feliz de su historia.

En el transcurso de las siguientes décadas, Fidel visitó Las Tunas en varias ocasiones. Por acá inauguró fábricas diversas, un complejo de salud y una terminal de azúcar a granel; también abanderó contingentes, orientó proyectos y conversó con colectivos laborales; visitó centrales azucareros, recorrió municipios y resumió asambleas. Y para nuestro honor, presidió dos actos por el 26 de Julio, en 1981 y en 1997.

Algunas frases suyas referidas a la provincia forman parte del patrimonio del territorio. «Las Tunas nunca se quedó atrás: ni en la Guerra de 1868, ni en la de 1895, ni en la última lucha por la liberación. Nunca quedó atrás en el patriotismo y en el espíritu de trabajo», dijo el 20 de enero de 1978, en la terminal de azúcar a granel en Puerto Carúpano.

El 26 de julio de 1981, al inaugurar el complejo de la salud, expresó: «Con la ayuda del país y el esfuerzo de ustedes, esta región (…) se transformará más en la medida en que ustedes mantengan este espíritu, que refleja la consigna de que en Las Tunas siempre es 26».

Y en el discurso que pronunció el 28 de noviembre de 1988 en el Laminador 200-T enunció: «Si trabajamos bien y aprovechamos los recursos y aplicamos la técnica, convertiremos a Las Tunas en una especie de tacita de oro».

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